Otro gran fracaso colectivo

Me parece que hay algo en el alma humana que le induce a narrar sus éxitos, sus logros, y a ocultar sus proyectos fracasados. No me parece mal lo primero y lo entiendo, cuando se relata no tanto como vanagloria, sino a modo de gasolina, con algún fin autopromocional o como posible escuela de aprendizaje para uno mismo y para los demás. No obstante, es quizás en los fracasos, en lo proyectado y no alcanzado, donde muchos pueden encontrar caminos por desarrollar (nichos de mercado diría un comercial), una verdadera universidad para aprender de los escollos o de los errores cometidos y, en definitiva, una tarea pendiente en la que alguien fracasó.

Quiero contarles uno de los fracasos más rotundos de mi vida profesional. Ocurrió en el largo tiempo que permanecí como miembro de un órgano administrativo colegiado que tenía livianas competencias sobre un asunto que me tracé como objetivo personal y que consistía, según mi plan, en rescatar, salvaguardar y catalogar los contenidos de los archivos audiovisuales que produjo durante muchos años la delegación de TVE en Andalucía.

Digo “rescatar” porque todos los archivos que durante años acumuló el centro regional ubicado en la avenida de la Palmera de Sevilla fueron trasladados en tiempos de Calviño o de Pilar Miró como directores generales del Ente, a mediados de los años 80, a Madrid.

Eran tiempos de despegue y desarrollo del estado de las autonomías y alguien, no sé si uno de esos directores generales o si algún cargo intermedio con ciertas pulsiones jacobinas, debió pensar que al tratarse de un centro dependiente del Estado, la situación aconsejaba recentralizar todo el producto que habían sido capaces de almacenar durante años: mayormente en piezas de informativos, todo hay que decirlo, pues no muchas otras cosas fue capaz de producir por aquel entonces dicho centro, ya que sólo el de San Cugat, en Cataluña, disponía de los permisos y las partidas presupuestarias destinadas a fabricar por cuenta propia algunos formatos más allá de los informativos mismos, germen, sin duda, de una industria audiovisual catalana propia, favorecida por el franquismo, que aún nos tiene acogotados.

En ese archivo netamente andaluz que, como digo, estuvo en Sevilla durante años hasta su viaje subrepticio de ida a Madrid, pero sin vuelta, deben encontrarse joyas de más de 50 años y secuencias (filmadas o grabadas, porque los soportes y la tecnología fue cambiando sin descanso, de cine a 1 pulgada, de 1 pulgada a U-matic, de U-matic a media pulgada, de ésta a video, etc.) que hoy tendrían un valor supremo y nos rescatarían el ambiente y lugares, rincones y sucesos de una época ya lo suficientemente lejana como para necesitar de esos planos obtenidos por los profesionales de entonces que nos reaviven y plasmen fidedignamente la memoria de los últimos años del franquismo y de la Transición española.

Con alguna frecuencia se nos presenta como un hallazgo la aparición de algunos planos encontrados en algún archivo de una Universidad o de una TV extranjera, referidos, por ejemplo, a una Semana Santa o a un momento irrepetible, pero nadie hasta la fecha se ha ocupado de exigir la recuperación de ese fondo audiovisual de TVE que, hasta donde yo logré averiguar en mi intento fracasado, se encuentra depositado, más bien arrumbado y amontonado, pudriéndose en cajas de cartón, en una nave industrial indeterminada en los alrededores de la capital de España, sin que TVE muestre la menor intención de conservar y catalogar ese material tan valioso y en el que la Junta de Andalucía, su Filmoteca y hasta el Consejo Audiovisual de Andalucía deberían mostrar un interés principal para que pueda ser tratado, digitalizado y pasado a otros soportes actuales que permitan su adecuada clasificación y estudio por parte de los interesados de más de 60 años de historia viva de Andalucía a través de eso fondos audiovisuales.

Las razones de mi fracasado intento no son importantes, ni las trabas con las que me encontré por parte del propio organismo desde el que lo intenté, pero sí lo es, me parece, que nadie se ha tomado en serio el asunto más allá de una mera charla de café, ni ha querido reivindicar la importancia de ese archivo que se deteriora pacientemente pero sin descanso, sin importarle a nadie, en una cueva ignota y olvidada del entramado fenomenal de un Ente del Estado que no mostrará nunca ni el más mínimo interés en la conservación digna y segura de lo que es, sin duda, un tesoro para Andalucía. Y se hace tarde, porque a estas alturas puede estar ya al borde de la extinción definitiva.

Sólo las autoridades autonómicas podrían lograr la firma de un convenio que permita la salvación de ese trozo vivo de la Historia reciente de Andalucía y compartir las copias obtenidas, aunque témome que en todas partes andan tan preocupados en moldear la Historia y la memoria con sus falsificaciones y mentiras, que nadie se lo tomará jamás a pecho y algún día, tal vez, alguien se sorprenderá de haber encontrado en alguna parte tres minutos de una cinta deteriorada en la que se podrá ver una imagen de Málaga, de Granada, de Cádiz o de Huelva que les parecerá insólita, cuando lo verdaderamente insólito es la oxidación de las conciencias, la herrumbre de los propósitos y la dejación de funciones para saber apreciar la importancia de los tesoros que echaremos de menos cuando se hayan perdido para siempre y resulten del todo irrecuperables.

Es la historia de un fracaso colectivo: el de las autonomías.

He dicho.




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