Como asesinando policías, guardias civiles y militares, no conseguían cumplir sus criminales objetivos teñidos de política, fueron ampliando el ámbito de sus horrores con la denominada socialización del dolor, extendiendo el sufrimiento a otras víctimas: desde concejales de pequeñas localidades vascas, hasta a los de importantes y lejanas ciudades.Y fue en uno de esos atentados, el 30 de enero de 1998, cuando hace ya veintiún años los asesinos acabaron con la vida de Ascen y de su marido Alberto, concejal del PP en el Ayuntamiento de Sevilla.


El profundo dolor que nos levantaron esas terribles muertes a familiares y amigos se ha ido mitigando en nuestros corazones con el paso del tiempo; pero cada año -por esta misma fecha- retorna encendido como por un oculto ascua, que nos despierta adormecidos recuerdos. Y eso mismo nos sucede cuando a veces, alguna imagen o fotografía de ambos se nos cuela y nos coge con la guardia baja.

Dolorosos recuerdos que también sirven para mantenernos firmes en la memoria y en la reivindicación de justicia con las muertes de centenares de víctimas de la banda criminal etarra, cuyos autores ni siquiera se conocen aún.