Ojos que no ven… virus que no siente

Escondieron los muertos, escondieron las UCIs, ocultaron los números, engañaron con las advertencias de la OMS y taparon con tierra los ataúdes sin verlos ni siquiera sus familiares.  Nos mostraron alegres en los balcones, enseñaron a médicos aplaudiendo ante la salida del hospital de un enfermo, nos sacaron “más fuertes” y corrimos por las calles sin pudor.

Y ahora pretenden que los jóvenes se controlen, que lleven mascarillas, que no hagan fiestas multitudinarias, no celebren un gol y respeten a los mayores.

Llego a dudar si Pedro Sánchez tiene hijos. Y hasta si en el pasado fue joven, o quizá sigue siendo un adolescente imberbe. Los hijos aprenden de ejemplos, de ponerles la verdad en la cara hasta que la vean. Los jóvenes aprenden lo que ven, y aún así pueden salir rana.

Cómo quiere esta sociedad que ahora nuestros jóvenes respeten un virus que no han visto, y no solo por su diminuto tamaño. Un virus que solo tiene héroes, aplausos, cantes y hasta una pandemia sin mascarillas con miles de muertos. Por no hablar de las risitas de nuestros gobernantes.¡Qué gracia!

Pero es fácil culpar en la mentira, en el invento comprado por quince millones de euros de imágenes fantásticas. La peor verdad solo cuesta un gran disgusto, pero la mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños y al final un disgusto enorme, no recuerdo quién dijo y con razón. Nuestros jóvenes se creen héroes a los que el virus les aplaudirá también.

Porque no han salido en nuestras pantallas los muertos, tan solo ancianos abandonados y con patologías anteriores. Harta de las “patologías anteriores”. Porque tampoco salen a la luz las consecuencias físicas posteriores de padecer el virus sin síntomas y en jóvenes.

¿Por qué la Dirección General de Tráfico es cruda en sus campañas? ¿Por qué hemos visto los estragos que causan las drogas en imágenes tan duras que llegan a provocar vómito? ¿Por qué el Gobierno no ha hecho campañas, con actores si lo desean, mostrando el sufrimiento, el dolor y la muerte? Solo encuentro una explicación, se sienten culpables y lo esconden.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y aquí solo ha habido palabras y más palabras. Una verborrea ministerial de púlpito vergonzosa de críos mentirosos malcriados. Jugando a ser Dios. Y también una sola campaña más electoral que real. ¡Salimos más fuertes! Ahí los tienen, bien fuertes.

Y nuestros jóvenes se han creído que resistirán…


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