Odio interactivo 

Desde que asomó Zapatero en la política española y después Sánchez, con el ganglio de Podemos, se ha incubado en nuestra sociedad un ambiente de confrontación ideológica y de odio que casi teníamos olvidado.  La Transición consistió en eso, en una cura definitiva de las heridas que venían supurando desde la Guerra Civil.  A mi modo de ver hay cuatro causas fundamentales que nos han llevado a esta situación de odio interactivo.

 Una . La Ley de Memoria Histórica. Una ley innecesaria y, por lo tanto, injusta que quiso combatir el franquismo cuando ya estaba muerto. La Transición trajo perdón, reparación (de derechos y también económica) y negociación pacífica. La Transición no solo fueron palabras también hechos: amnistía, legalización de partidos políticos, indemnización a las víctimas de la dictadura y la reforma del régimen y del ordenamiento jurídico a la luz de la Constitución. Se hizo todo lo que se pudo. Fuimos ejemplarizantes. ¿Había necesidad de articular una ley para abrir tumbas, fosas y cunetas tratando de aliviar solo a los perdedores?. Perdedores fuimos todos. Esta decisión política abrió otra vez muchas heridas.  ¿Por qué las generaciones actuales hemos de pagar un alto precio económico por sucesos ocurridos hace 80 años y únicamente por los muertos de una parte, según esa ley?. Buscar tumbas es buscar conflictos. Abrir tumbas es abrir heridas. Invertir dinero público en ello es injusto para todos nosotros. No podemos evitar lo ocurrido, no es posible corregir lo que otros no hicieron bien. Acabó la guerra, acabó la dictadura, vivimos en paz, ¿por qué seguir invocando fantasmas del pasado?. Estoy de acuerdo en construir un monumento con el que rindamos honor a la memoria de todos los caídos y los desaparecidos, un lugar de peregrinación, culto y concordia y olvidarnos del Valle de los Caídos para siempre.

Dos. La corrupción. Un fenómeno que ha arrasado la credibilidad de la clase política y ha quebrado la convivencia. El “y tú más” se ha transferido al pueblo porque la tisis del “egipcio” ha pringado a todos, PP, PSOE, Convergencia i Uniò, PNV y lo que te rondaré morena. La sociedad no ha visto que ningún líder político haya dado un puñetazo en la mesa contra esta gangrena. La poca contundencia para luchar contra ella ha producido la radicalización de la sociedad por bandos. Los seguidores de unos suman el dinero distraído por los jefes políticos de los otros y así alternativamente. ERES, Gürtel, 3%, el “rey” Pujol, los millones de € de los cursos de formación de CCOO y UGT… Pero hay aquí otra maniobra política que genera confrontación y odio; se ha intentado volcar toda la mierda solo contra el PP. Los medios de comunicación han contribuido a ello. 

Tres.  Y vino Podemos. Pretendió arrasar la cacharrería como un elefante en estampida hablando de casta, fascistas, instituciones franquistas, ricos malvados, puertas giratorias, inmundicia, para referirse a todo lo que había a su derecha.  Le parece bien que España se fragmente y que los neoterroristas campen por sus fueros. Han copado platós de televisión, estudios de radio y redacciones de periódico para acabar amasando el mismo estiércol maloliente que decían combatir, para adoctrinar a jóvenes y trabajadores confiados sobre que ellos son los buenos y los de centro derecha, malos, muy malos. El efecto multiplicador de las redes sociales, en las que son expertos manipuladores, han lanzado estas ideas como #Hastad de la maldad.

Cuatro. Pactar con independentistas y neoterroristas. Este, sin duda, ha sido uno de los errores de fondo que ha generado crispación y odio. Zapatero empezó haciendo guiños al independentismo y Sánchez se ha metido en la cama con los herederos de ETA. Está bien que los terroristas hayan decidido entrar en política de forma civilizada, pero han olvidado para ello algo imprescindible: reconocer el error y pedir perdón a las víctimas. Lejos de hacer esto siguen declarando, igual que los independentistas, que están orgullosos de sus correrías sangrientas y que lo volverían a hacer.

Lejos del espíritu de la Transición, que no era otro que la reconciliación, el olvido y el progreso en democracia, las nuevas hordas “progresistas” pretenden retomar nuestra historia el 20 de noviembre de 1975 para corregirla y aumentarla sin respetar todo lo conseguido. 

El objetivo general al que apunta Sánchez -traicionando aquel espíritu, al PSOE y a la democracia- de la mano del ganglio maligno de Iglesias y otras postemas, es un ataque al modelo de Estado (Monarquía Parlamentaria) y una criminalización del centro derecha como causa directa e indirecta de todos los males de esta España “discutible” (concepto de Zapatero).

Sólo hay una forma de apagar este devastador incendio en el que podemos abrasarnos todos. El PSOE – no Sánchez- debe replantearse sus tácticas electorales y sus socios. Es contra natura democrática que se negocie con quiénes están en la cárcel por dar un golpe de estado; con quienes se sienten orgullosos de haber disparado en la nuca a mil inocentes; con quienes les importa un bledo España y su estabilidad, y con quienes solo les importa coger las nueces que caen del árbol zarandeado por otros.

Toda la confrontación descarnada entre los partidos -ilógica e innecesaria como hemos visto- se transfiere automáticamente a los ciudadanos en forma de odio, un virus letal a medio y largo plazo que sólo se combate con lógica histórica y democrática: respeto entre desiguales y diálogo entre iguales. Esto quiere decir que no podemos poner al lobo a cuidar ovejas, y mucho menos al pastorcillo mentiroso.

 

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