Novela Histórica

Se viene conmemorando durante el presente curso académico 2021 – 2022 el XXV aniversario de la creación del Aula de la Experiencia en la Universidad de Sevilla, cuyo objetivo es el de darles una oportunidad a aquellas personas que, después de la finalización de su etapa laboral o por otras circunstancias, deseen acceder a la formación y la cultura en general, convirtiéndose en un foro de acercamiento y animación socio-cultural, que posibilita el desarrollo intelectual de las personas a partir de 50 años, potenciando sus capacidades en torno a la cultura.

Para ensalzar el evento, se están celebrando una serie de conferencias sobre un tema tan apasionante como es la novela histórica, con exposiciones de autores de la talla de José Calvo Poyato o José Luís Corral, éste último catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza y autor de obras como “El rey felón” y “El médico hereje” entre otras, a quien tuve el gusto de escuchar en calidad de profesor invitado, el pasado martes 19 de abril en el paraninfo de la Universidad Hispalense, cuando habló sobre “La Edad Media en la novela histórica en España”.

Les confieso mi predilección por este género, donde colocaré siempre en su cima “Los Episodios nacionales” de Benito Pérez Galdós (la mejor narración del siglo XIX español) y a un clásico de la literatura universal como es “Guerra y Paz” de León Tolstoi. 

Traigo a estas líneas algunas reflexiones que me parece interesante compartir con los lectores de esta columna, y que fueron expuestas con gran brillantez por el referido ponente. La primera es que, probablemente estamos ante un oxímoron, es decir, la combinación de dos palabras de significado opuesto, pues la novela es ficción, y la Historia, narración “fidedigna” de hechos acaecidos.

Éste ha sido el motivo por el que en ocasiones se ha minusvalorado este género y también a sus autores, sobre todo cuando se trata de profesores universitarios, no pocas veces criticados por haber introducido elementos “no contrastados documentalmente” en sus escritos.

Pero ¿realmente son fiables las fuentes documentales? Si dentro de unos siglos alguien hiciera un estudio sobre el precio de las compraventas de inmuebles y acudiera a las escrituras notariales como fuente documental, ¿serían fiables las cifras monetarias recogidas en las transacciones? Para el investigador, sí; para nosotros, no.

Si analizamos los documentos más antiguos que narran la batalla de Covadonga, vemos un paralelismo tremendo con el libro primero de los Jueces del antiguo Testamento, sólo que cambiando el nombre de Gedeón por el de Pelayo, hasta el punto de que se lee que el caudillo asturiano venció a los caldeos (¡!), lo que nos lleva a dudar de que tal batalla existiera realmente. 

A fuerza de leerlo o verlo en el cine, hemos creído que existió la Jura de Santa Gadea con el Cid campeador, y que éste ganó una batalla después de muerto. El caso del cáliz de la última cena, el Santo Grial es curioso: aparece en los evangelios sinópticos, pero no en el de san Juan; de hecho, no figura en el cuadro de Leonardo da Vinci donde aparecen Jesús y sus apóstoles: ¿existió realmente?

Es un hecho irrebatible, que las sociedades necesitan mitos fundacionales y héroes, como elementos de cohesión y que, si observamos detenidamente, el Poder dominante en cada etapa ha hecho un uso particular de la Historia en su propio beneficio. No hay que llegar a la distopía narrada por Orwell en su novela “1984”, donde habla de una sociedad en la que se adultera la Historia de acuerdo a la conveniencia del partido único gobernante, que intenta hacer imposible entender el mundo real y busca sustituirlo con fantasmas y mentiras, para ver cómo en la actualidad en nuestro país, los planes de estudio inciden sobre los contenidos de esta asignatura.

¡Y qué decir del presentismo, ese vicio de querer proyectar los valores dominantes del presente en el pasado, y juzgar todo lo anterior a la luz de los criterios actuales!, siempre con el fin de legitimar y/o glorificar el ambiente de ahora, lo que nos impide entenderlo en toda su complejidad.

El ilustre ponente nos puso en guardia contra esa gente que ha convertido la Historia en un arma ideológica para adoctrinar, como está ocurriendo desde hace décadas en comunidades españolas como las Vascongadas o Cataluña, porque la Historia no es sólo narración: también es exposición e interpretación, basada en dos pilares: una precisa recreación arqueológica  (entorno) y un saber aceptar el espíritu de la época.

Si tuviera que resumir en una sola frase todo lo que aprendí aquella tarde en esta conferencia, me quedaría con una expresión: “La Historia no es lo que ocurrió; la Historia es lo que nos han contado que ocurrió”.  

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




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4 Comments

  1. Pedro dice:

    Hola Alberto,

    Destacar también que la historia la escriben los vencedores (O la escribían). Como cada semana un placer leerte.

    Un saludo,
    Pedro.

    • María del Carmen Calderón Berrocal dice:

      La Historia es la que es, los vencedores no la escriben, ya está escrita, los historiadores la “convocamos”, la “recreamos”, la actualizamos”, no la hace nadie, está hecha ya. Dentro de ese tópico de que la Historia la hacne los vencedores hay mucho detrás, amarillismo puro y duro, porque el tópico suena tendencioso, pero no es real, un historiador que se precie no se vende, amarillear la Historia es como vender el alma al diablo, lástima que la integridad sea un valor tan poco apreciado en estos tiempos.

  2. Maria del Carmen Calderón Berrocal dice:

    La Historia es lo que ocurrió, muy lejos de lo que algunos determinan contar, afectos a alguna ideología perdedora que no acepta su derrota y se manchan amarilleando la Historia para sacar réditos. Se venden al mejor postor según parece, perdiendo la esencia del historiador, el honor a la verdad. Un historiador no tiene que hacer Historia, ya está hecha, solo tiene científicamente que recreará, reconstruir el pasado histórico. Nunca inventar
    La novela histórica, por más que parezca que acerca la Historia a la gente no es más que ficción, al inventar adultera la Historia, traiciona el patrimonio colectivo que es el recuerdo del pasado. Abominable lo que hacen algunos políticos para conseguir beneficios de la “Historia”, entrecomillo porque eso no es Historia. Inventan leyendas y acontecimientos que nunca pasaron creyendo que pueden obtener beneficios turísticos, por ejemplo. Existe un pueblo pacense que ha intentado una leyenda que nunca existió, lo gobierna el psoe, implicando a Santiago Apóstol extemporaneamente con el nacimiento de un manantial. A qué viene manipular la Historia y el pasado del pueblo es su identidad, adulterando la Historia adulterar la identidad del pueblo.

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