Nostálgicos del confinamiento

Hasta hace bien poco, el término “nostálgicos del régimen” se aplicaba a ese menguante colectivo que se reivindicaba en las esencias del nacional-catolicismo; trascendiendo del franquismo sociológico al activismo. “Esto con Franco no pasaba” podría ser el lema más reconocible, aunque no deja de ser una observación innegable: hay cosas que en otras épocas sencillamente no pasaban; por lo que se les reconocería más adecuadamente en aquel otro de “con Franco vivíamos mejor”, revelando de este modo su preferencia.

Carcundia trasnochada ha habido siempre, pero en los últimos tiempos (y hablo de meses o incluso días) ha tomado como gran referente del statu quo perfecto aquel episodio disruptivo y distópico de la primavera de 2020, al que demasiada gente parece últimamente evocar con añoranza.

Acaba de pasar la Feria, después de su Semana Santa correspondiente, Final de Copa en Sevilla con celebración de título del Betis mediante… vamos que sí, que hay tela de bulla por la calle, lo que viene siendo la vuelta (de una pandémica vez) a la normalidad y dando como resultado un previsible aumento en el recuento de positivos por Covid. Uno que ya tiene recuerdos de primaveras desde finales de siglo pasado se pone a hacer memoria y cae en la cuenta de que a mí, personalmente, me han “pegado catarros” en bullas casi en años alternativos, así que, con el virus debilitado y las defensas supuestamente reforzadas por las vacunas, no parece más que el lógico resultado de aglomeraciones puntuales. Aquí es donde alzan su voz quienes han hecho de la mascarilla su bandera y de la hora de salir al balcón su “cara al sol”.

Sobre todo por redes sociales, aunque también por la calle, he leído o escuchado con cierta frecuencia comentarios que podrían todos englobarse en ese trasunto de “esto con el confinamiento no pasaba” y también el de “con el confinamiento vivíamos mejor”. Podría pensar que dos años de restricciones y controles de movilidad hasta el punto de dejar registrada la más básica actividad social han dejado su impronta en esas conductas, pero recordando un poco más nos damos cuenta de que estos son los mismos que desde el primer momento aplaudieron no ya a los sanitarios sino las medidas represivas, aquella “gestapo de balcón” que pasó del #YoMEquedoencasa al ¡quédate tú en casa!, cronometrando los paseos de perro de cada vecino.

Alguna vez, hablando de derechas, izquierdas y demás puntos cardinales en el espectro político, he dicho que el totalitarismo no es una ideología sino una actitud, y los nostálgicos del régimen de exclusión de libertades que acusan a los demás de hacer lo que la humanidad lleva milenios haciendo demuestran esta máxima. La mayoría de las rebeliones de la historia se dieron para forzar la recuperación de la libertad, y en este país nuestro tenemos una buena recopilación de ellas: desde Viriato hasta La Gloriosa, pasando por el desacato a la autoridad califal del que el próximo día 28 se cumplirán 1.300 años (algo sé de él, dadme unos días para ello); las etapas de opresión terminaban con violentos hartazgos de las masas… con dos excepciones notables. Observando las gregarias actitudes de estos nostálgicos de balcón, uno entiende mejor por qué en España un militar murió de viejo siendo Jefe del Estado.

Y para terminar: sí, ya sé que precisamente quienes hoy se delatan como defensores de las medidas tomadas por el gobierno desde marzo de 2020 son, precisamente, quienes abominan de ese viejo militar que dictó hasta la fecha de su muerte para no alterar el día del dolor en el calendario, pero eso es lo que ellos creen. Serían, sin duda, de tener treinta años menos, los más fervientes gritadores del “esto antes no pasaba”.




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