No vengáis, no vengáis…

 

Cuando Kamala Harris implora a los guatemaltecos y demás habitantes del “jardín trasero” del Imperio el “No vengáis…, no vengáis” adopta el tono de amenaza de quienes se disponen a reforzar la frontera y a ponerle las cosas muy difíciles a todos aquellos que se arriesguen a intentarlo. Trump era facha por la misma razón que Kamala es Fray Junípero Serra, compasiva y comprensiva, que cuando estaba Trump alentaba a millares de inmigrantes a atravesar los virreinatos y a cruzar el Río Bravo y ahora pone el ojo en la mirilla, desenfunda y avisa de que tiene ya el dedo en el gatillo, lista para poner a prueba el Winchester de la leyes norteamericanas.

En lo que a mí respecta, cuando veo a todos esos magrebíes y subecuatoriales tratando de asaltar las vallas o de cruzar el Estrecho en patera, siento parecidas ganas de gritarles, como Kamala, “no vengáis”, pero por el bien de todos ellos, que desconocen la que les espera en esta país en caída libre y hecatombe gracias al sanchicomunismo y con una Carmen Calvo disfrazada de la vaca Paca proclamando leyes caprichosas y absurdas sobre la memorabilia histórica que acabarán, se ponga como se ponga, embarrancadas en los arrecifes de la Constitución y de la libertad de expresión y de opinión.

En el Banco de España detectan que en España se han perdido o se han dejado de crear cerca de 200.000 empleos durante la pandemia sólo por la subida arbitraria del Salario Mínimo Interprofesional, aquel logro prodigioso de los pabloiglesias de la causa, cuya visión elemental y simplista consistía en que si repartes billetes entre la gente, el consumo aumenta y todos nos hacemos más ricos. Así, por la cara.

El caso es que esa analista impagable de la realidad llamada Yolanda Díaz se hizo ayer otro esguince en la meninge tratando explicar que en realidad el informe del Banco de España era muy favorable y que ponía de relieve que ella lo ha hecho cojonudamente bien y que si coméis es gracias a lo perspicaz que salió ella del sindicato por ingerir mucho fósforo en los atracones de marisco a costa de las subvenciones del Estado. O algo parecido, porque no logré enterarme de lo que quería decir con tanta alabanza a dicho informe que hoy los de su partido califican de aberrante y no sé cuántas cosas más, todas horribles.

La realidad, insisto, no se inmuta por mucho improperio y por mucho que etiqueten de fascista todo lo que no les guste. No importa que la izquierda y sus correveidiles cobardes acepten que ser varón o hembra es algo que se elige y no una condición biológica, porque lo cierto es que en la Naturaleza seguirán poniendo huevos las gallinas y pariendo aquellos ejemplares con útero y ovarios fecundados por los espermatozoides de ejemplares masculinos y que luego cada cual practique con sus agujeros lo que le parezca.

En Portugal, país admirable por la presencia permanente del sentido común, acaban de poner en marcha una campaña publicitaria en las calles en la que, en los términos exactos del Convenio de Estambul (ese que tanto tergiversan y citan de manera espuria la Montero y su cohorte millonaria de feministas radicales), proclama que “Los hombres pueden ser víctimas de violencia doméstica” (sic) y pregunta: “¿Se siente impedido de hablar o estar con amigos o familiares? Podemos ayudarte” (sic) y coloca dos teléfonos de atención a posibles maltratados.

¿Qué les impide hacerlo aquí? Nada, salvo el sectarismo cretino y acientífico de la izquierda y los cobardes, que se permiten afirmar que “ninguna mujer mata a su marido, ni a sus padres, ni a sus hijos” sencillamente porque la Fiscalía tiene orden de no registrar desagregados los casos de violencia de ellas hacia ellos, aunque luego las noticias abunden en el número correspondiente de casos similares.

Hay un dato que les pone muy nerviosos, pero no es culpa de nadie que ese mismo informe de la Fiscalía refleje que el 70% de las víctimas por homicidio o asesinato en España son varones y el 30% son mujeres (el 90% de todos los casos son cometidos por hombres), porque a partir de ahí les tocaría averiguar cuántos de esos casos son a manos de hombres y cuántos a manos de mujeres. Por la procedencia y nacionalidad de todos ellos y ellas, ni pregunten, les ruego, no sea que a raíz de eso encuentren algún remedio.

Como las paradojas que producen sus simplismos quedan fuera de la Ciencia, un día se lanzan a alabar el informe del Banco de España y al día siguiente lo califican de fascista. No tienen arreglo, pero siempre dejan la casa sin barrer y se lían a escobazos con la realidad.

He dicho.




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