No soy buena

Me confieso mala, muy mala. No tengo perdón ni de mis pecados ni de mi pensamiento, palabra, obra u omisión. Escuchar a la madre de Gabriel pedir bondad tras el asesinato de su hijo ha sido fundamental para analizarme y ver claramente que no soy buena. Si llega a ser mi hijo y me ponen delante a la tal Ana Julia, la mato. Os juro que la mato. Lo siento, Patricia. ¡Perdóneme! Y que me perdone también esta sociedad “buenista” por mi opinión, si puede. No pretendo incitar al odio, porque no la mataría por odio, no. Sería en nombre de la justicia. ¿Por mi mano? Sí. Por esa mano que debería encerrar a estos asesinos de por vida. Prisión permanente revisable lo llaman. Que hasta las palabras pecan de “buenismo”. Y repito que no soy buena. El diablo soy comparada con esa madre que ya tiene una cárcel donde vivir. Sin posibilidad de reinserción para su dolor. Porque aunque no pueda ni casi imaginarlo, debe ser perpetuo.
Me confieso culpable, dando golpes en mi pecho y reconociendo mi falta de bondad.
Hasta egoísta me veo. No pararía hasta acabar con aquella persona que me hubiera arrebatado de esa manera cruel a uno de mis hijos. Y tendría que hacerlo yo cuando el asesino saliera a la calle en dos días. Dos días, sí. Porque cuando un niño muere a los ocho años, siete años de prisión son dos días. Una simple regla de tres que nuestros políticos se han hecho en un papel sucio. Asqueroso el papel de representantes de los ciudadanos. Y vergonzoso el abandono del hemiciclo por los diputados de Podemos y PSOE en la misma cara de los familiares de Marta del Castillo, Diana Quer, la pequeña Mari Luz, Sandra Palo… Ni siquiera han aguantado un aplauso homenaje al dolor.
No puedo ser buena, señores. ¡No puedo!

Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *