No es país para “viejos”

Los medios oficiales le han cambiado el nombre a la nueva vacuna autorizada por la Unión Europea: la que antes era conocida como vacuna de Oxford -que suena muy bien- ahora es la de AstraZeneca -que suena fatal-. Pero se trata de la misma vacuna, la de Oxford-AstraZeneca. Y ojo, cuando el poder toca el lenguaje, es que algo trama, en la era de la posverdad el lenguaje oficial busca siempre suplantar la realidad. La segunda señal de alarma que tenemos es el mensaje falaz y enrevesado que se nos lanza: que la malsonante vacuna de AstraZeneca no es para “mayores” porque en ellos no está comprobada su eficacia. Obviando sin el menor pudor que la Agencia Europea del Medicamento (EMA en inglés) ha aprobado su prescripción para TODAS LAS EDADES sin distinción, y así es como se está aplicando por ejemplo en Reino Unido, con resultados espectaculares. Kent Woods, exdirector de la EMA, ha denunciado que los países europeos que discriminen a quienes más necesitan esta nueva vacuna están haciendo política, y poniendo en riesgo la vida de sus ciudadanos. En Alemania solo se la pondrán a los menores de 65 años, coincidiendo con la edad de jubilación. En España la cosa es aún más arbitraria: el gobierno ha excluido de esta nueva vacuna a los mayores de 54 años de edad. El caso es que muchos que se creían jóvenes, de pronto descubren que son unos viejos por decreto. 

Ya lo venían anunciando. Lo apuntó el hoy des-regenerado Albert Rivera, cuando en 2015 declaró que “la regeneración democrática y política pasa por gente nacida en democracia”, es decir a partir de 1978. Aunque ya se le había adelantado Pablo Iglesias en 2013, con eso de que Julio Anguita debía dejar la política o “irse a la mierda”, “habiendo personas de 20, 30 y 40 y tantos” para reemplazarlo. No, no es éste un país para viejos, al menos no para los que no los votan a ellos. Ahora este gobierno decreta que “viejo” incluye, además de a los abandonados a su suerte en las residencias-trampa, a quién supere los 54 años. Se da la paradoja de que dentro de los colectivos “prioritarios” para la vacuna de Oxford – policías, farmacéuticos, maestros etc.- se quedarán sin vacunar los mayores de 54 en activo -los de mayor riesgo- que habrán de esperar a que termine la primera fase de vacunación de los “mayores” (van por los de 80 años) para recibir sus dosis de las vacunas de ARN para “viejos”, no aptas para jóvenes. Sí, esas vacunas de Pfizer y Moderna inéditas en humanos, de desconocidos efectos a medio y largo plazo, y que en opinión de algunos expertos son las menos seguras de todas. Este es el privilegio que se otorga a nuestros “mayores”. Basta repasar el historial judicial de Pfizer y sus cifras multimillonarias en indemnizaciones para que se te pongan los vellos de punta, pero el negocio es el negocio, máxime cuando es eximido por los políticos de responsabilidades futuras sobre nuestra salud. Los pacientes especialmente vulnerables al virus, y en contra de lo que pedía la Asociación Española de Medicina Preventiva, también se han quedado fuera de la vacuna de Oxford, que se está distribuyendo según criterios básicamente políticos, y no epidemiológicos.

Ya no me asombran las ínfulas totalitarias de este gobierno, ni su electoralismo discriminador, ni su connivencia con los intereses espurios de las multinacionales. Lo que me asombra la pasividad generalizada. ¿Dónde está la oposición para para oponerse a la arbitrariedad? ¿Para defender un estado de derecho de ciudadanos libres e iguales? ¿Para reivindicar la Constitución? Como ha declarado Andrew J. Pollard, director del Grupo de Vacunas en la Universidad de Oxford, “los políticos tienen su propia agenda, en la que yo no quiero involucrarme.” Pero alguien tendrá que hacerlo. Porque el “todo es posible” totalitario planea como una sombra demasiado oscura sobre esta sociedad maltrecha. Llámenme conspiranoíco si gustan, pero dejen de cerrar los ojos ante lo inverosímil, por muy incómodo que resulte. Porque mañana, o pasado mañana, serán ustedes los que pasarán a formar parte de lo prescindibles por decreto. Y entonces ya será demasiado tarde para que los abran.




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