Circula por las redes sociales un audio de un afamado economista, revelando una información que dice proceder de buena fuente, donde se denuncia un supuesto acuerdo entre PP y PSOE sobre determinados puntos, que le habrían ofrecido a Puigdemont y compañía, para intentar zanjar por el momento el órdago secesionista. Según dicha información, ambos partidos se habrían concertado para reformar la Constitución en los siguientes apartados: 


– Reconocimiento de Cataluña como una nación dentro del Estado español.

– Dotación a Cataluña de un nuevo modelo de financiación equiparable al cupo vasco.

– Concesión a Cataluña de una Agencia Tributaria propia.

– Reconocimiento a Cataluña de embajadas propias diferentes de las españolas y con representación internacional, tanto ante las demás naciones como ante las más importantes instituciones internacionales. 

Dado que tan escandalosa información ha ido alcanzando una extensa profusión, han tenido que salir a desmentirla algunos gerifaltes del PP, cuyas palabras ofrecen el crédito  que cada cual quiera otorgarles. Es obvio que a éstos no les quedaba otra opción, porque aceptar la veracidad del supuesto acuerdo significaría una considerable traición a esa mayoría natural de millones de españoles que piensan que ya no caben más concesiones ni prebendas. Que piensan que se han agotado sobradamente las posibilidades de arreglo ofrecidas a los separatistas, expertos en provocaciones y en un continuo ejercicio de fraudes de ley y burlas al Estado de Derecho. Que piensan que ya están hartos de estos maestrillos en la manipulación de la prensa y opinión pública internacional, con la indudable colaboración de la proverbial torpeza de nuestro Gobierno y sus múltiples e incompetentes asesores. Imperdonable traición a esos millones de españoles que, al margen del partido al que se pertenezca, nos sentimos confortados y alentados por el bravo y valiente discurso del Rey el 3-O, esperanzados en que tras él se acabaría el chantaje al que nos tienen sometidos. 

Puede que la información revelada por el afamado economista no sea cierta… Pero lo peor es que suena perfectamente posible y creíble; porque de algunos cabe esperar cualquier cesión si se trata de perpetuarse en el poder. En otros graves asuntos nos lo tienen suficientemente demostrado.