Nefastas consecuencias del presidencialismo de Sánchez en la política exterior y creación de un conflicto con Israel

En el artículo “España practica la antidiplomacia” publicado en “El Mundo”, el profesor Josu de Miguel ha afirmado de forma taxativa que Pedro Sánchez ha decidido romper la baraja en materia de política exterior. Desde hace dos décadas, la política internacional ha dejado de ser un tema de interés electoral. La opinión pública española apenas se preocupa por una actividad que es privativa del Gobierno y los partidos políticos tampoco la consideran una cuestión estratégica, pese a que la globalización y la integración de España en la UE exigirían un conocimiento experto y disposiciones claras que convergieran era un consenso amplio en el país. Como consecuencia de este vaciamiento institucional, la política exterior se ha presidencializado y Moncloa ha ido desplazando al Ministerio de Asuntos Exteriores en las decisiones importantes que afectan a España como actor internacional. Baste recordar como Sánchez cambió la posición s España en el tema del Sáhara Occidental por la sola decisión del presidente, sin consultar al Consejo de Ministros ni a las Cortes. Este proceder inhabitual ha vuelto a evidenciarse durante la visita que Sánchez ha realizado a Israel, junto con su colega belga Alexander de Croo, como presidentes rotatorios -actual y futuro- del Consejo Europeo. Sánchez le leyó la cartilla en público al primer ministro israelita Benjamín Netanyahu y le exigió el debido respeto al Derecho Internacional. “Sus palabras -que pueden considerarse moral y jurídicamente adecuadas- fueron un ejemplo de antidiplomacia, que ha servido para [… ] poner en peligro los esfuerzos de la Unión para parar la guerra generada por el ataque de Hamas a Israel. Las relaciones diplomáticas tienen reglas informales incluso en casos donde resulta necesario ser políticamente contundente. Son reglas que también impiden que la razón del Estado se conviertan en una razón de establo”.

Abundando en esta misma idea, Iñaki Ellakurría ha afirmado que el secretario general de un partido que organizó un chapucero terrorismo de Estado, y actual presidente de un Gobierno que ha acordado su investidura con un prófugo -a cambio de liberar a varios centenares de golpistas, corruptos e imputados por terrorismo-, se plantó en un país en guerra, herido y en estado de conmoción tras la masacre perpetrada por Hamas, para regañarle desde la superioridad moral del cínico sin fondo o del idiota contemporáneo, y reclamar una amnistía humanitaria para un yihadismo deshumanizado. El numerito de las reprimenda tenía la intención de utilizar una tragedia por oportunismo político, porque ni las víctimas palestinas ni las israelíes le importaban tanto como utilizar el conflicto armado en Gaza para amarrar el voto de una izquierda radical que es antijudía. Su megalomanía le llevó a dar una rueda de prensa en Rafah, por donde deberían regresar a Israel algunos rehenes liberados. Este ruin aprovechamiento de la tragedia no sería más que el enésimo bochorno nacional provocado por el sanchísmo. “Al presentar Sánchez la agresión de Hamas a Israel como una guerra común entre dos Estados, equiparando la intervención militar israelí con el terrorismo de Estado ruso en Ucrania, avala la narrativa islamista y debilita la doctrina de la legítima defensa de la democracia frente a sus agresores”. ¿Están justificadas estas duras críticas al proceder de Sánchez?  Examinemos los hechos.

Reacción del Gobierno español ante la masacre de israelitas por parte de Haamas

El Gobierno español fue remiso en reaccionar ante la masacre terrorista por la profunda división existente en su seno entre la mayoría socialista y la minoría de Podemos, y no se sumó al comunicado conjunto de condena firmado por Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña e Italia. Sánchez asumió sin entusiasmo la posición de condena de la UE y la presidenta del Congreso, Francina Armengol, se negó a que la Cámara adoptará una resolución institucional de condena. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, manifestó que “el presidente del Gobierno, yo mismo y todo el Gobierno de España no dudamos en condenar el atentado terrorista de Hamas”, lo que no es del todo cierto porque, tanto los ministros de Podemos en el anterior Gobierno, como los de Sumar en el actual se han negado a condenar al grupo terrorista. Especialmente graves fueron las declaraciones incendiarias de las ministras podemitas, que participaron en una manifestación a favor de Hamas al grito de “! Es resistencia, no terrorismo!”. La vicepresidenta Yolanda Díaz se desmarcó del Gobierno y exigió a Israel que finalizara la ocupación de Gaza, pese a que la franja no estaba ocupada por este país. La ministra Yone Belarra acusó a Netanyahu de aplicar una política de apartheid contra los palestinos y de cometer actos de genocidio, instó Sánchez a que denunciara a Israel ante el Tribunal Penal Internacional, y exigió la ruptura de relaciones diplomáticas. Albares declaró que era completamente normal que dentro de un Gobierno de coalición hubiera posturas diferentes, ya que los ministros gozaban de la libertad de expresión, lo que tampoco es correcto, porque el Gobierno es uno y solidario, y no es normal que sus miembros se posicionen en contra de las decisiones adoptadas por su presidente, que es el  responsable de la política exterior. Ante la insumisión de sus ministras, Sánchez debería a haberlas obligado a cumplir dichas decisiones y, en caso de no hacerlo, a cesarlas. Su silencio equivalía a condonar las afirmaciones de las rebeldes como Belarra, que afirmó que, cuando hablaba, lo hacía como ministra del Gobierno y en nombre del mismo.

Infringiendo los usos diplomáticos habituales, la Embajada de Israel en Madrid,  hizo público un comunicado en el que condenaba las declaraciones de algunos miembros del Gobierno español que se habían alineado con un terrorismo tipo Estado Islámico, e hicieron un llamamiento a Sánchez para que condenara inequívocamente tan vergonzosas declaraciones. El Ministerio de Asuntos Exteriores replicó siguiendo la misma  equivocada vía y rechazó tajantemente en otro comunicado las falsedades vertidas por la Embajada contra el Gobierno y mantuvo que la posición de éste “en su conjunto” había sido clara al condenar los ataques de Hamas. El comunicado erraba al hablar del “Gobierno en su conjunto”, como si pudiera haber algo que no fuera un Gobierno único, y el comunicado de la Embajada -aunque inexacto, erróneo e injustificado, al acusar a los ministros de apoyar el terrorismo- no era falso o infundado, pues las acusaciones hechas por Berlarra y por Díaz fueron sumamente graves.

El silencio de Sánchez ante la reprobable conducta de sus ministras resultó atronador. Pese a ostentar la presidencia rotatoria de la UE, fue de los pocos presidentes  que no viajaron a Israel para mostrar solidaridad con el Gobierno y el pueblo israelitas, como también hicieron la presidenta de la Comisión Europea von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo Michel, y el alto representante para Asuntos Exteriores Borrell. Su tenue apoyo a Israel iba siempre acompañado de la advertencia a su Gobierno de que debía respetar las normas del Derecho Internacional y el principio de proporcionalidad en su respuesta a la agresión de Hamas.

Viaje de Sánchez a Israel

Tras formar a trancas y barrancas su Gobierno Frankenstein-2, Sánchez se  acordó de que era el presidente del del Consejo de la Unión y se dignó viajar en concepto de tal a Israel. En contra de su obligación, no ha comparecido durante su mandato ante el Parlamento Europeo para exponer su programa y, sin consultar con las instituciones europeas sobre su visita, se lanzó a la aventura actuando a su desleal saber y entender. Se entrevistó con las máximas autoridades de Israel, a las que leyó la cartilla por su desmesurada reacción ante el ataque terrorista de Hamas, y prodigó sus declaraciones “ad majorem Petrus gloriam”.

Sánchez fue recibido con desconfianza por contar en su Gobierno con ministros abiertamente anti-israelitas, como Sira Rego y Ernest Urtasun, quienes -en su época de eurodiputados- votaron en contra de la resolución del Parlamento que condenaba la agresión de Hamas. El principal periódico del país; “Yediot Ajronot”, recibió al presidente con un artículo titulado “España presenta ministra que apoya a Hamas“, que reflejaba el malestar de muchos sectores por las opiniones expresadas por Rego, a la que calificaban como la ministra que “justificó la matanza del 7 de octubre y acusó a Israel de genocidio”, al acusar a los israelitas con que “ustedes llevan 75 años exterminando a un pueblo. Dejen de amenazar la paz en el mundo, abandonen su guerra colonial y respeten los derechos humanos”. Albares quitó importancia a estas declaraciones y manifestó que  solo representaban la opinión de la ministray no la del Gobierno, y que no supondrían un obstáculo en las buenas relaciones entre España e Israel (¿?).

En su entrevista con el presidente de la República, Isaac Herzog, y con el primer ministro Netanyahu, Sánchez adoptó una actitud crítica y aleccionadora. Presumiendo  de su experiencia con la derrota de ETA -que no tenía absolutamente nada que ver con la situación en Gaza- les advirtió que el terrorismo no podía erradicarse solo con el uso de la fuerza y que deberían ofrecer un horizonte de paz. El Gobierno israelita estaba obligado a dar una respuesta “proporcionada” de modo que sus operaciones militares no implicaran la muerte de miles de niños, y tenía que respetar las normas del Derecho Internacional y de los Convenios de Ginebra sobre Derecho humanitario.

Visiblemente contrariado por no estar acostumbrado a recibir estas filípicas, Netanyahu le contestó que la guerra debería finalizar en una paz, pero que los palestinos no la querían, ya que no aceptaban la existencia del Estado de Israel. Si salieran victoriosos, intentarían destruir el Medio Oriente y después irían a por Europa, porque “odian esta civilización libre, quieren destruirla, y tienen una ideología que es una locura”. Si no se frenara a Hamas en Gaza, España también saldría perdiendo. Como ha señalado Carlos Alsina, el problema radica en qué se entiende por “proporcionado”. Así, por ejemplo, ¿es proporcionado que Israel mate a los dirigentes de Hamas, como Estados Unidos hizo con Bin Laden? ¿Es proporcionado lanzar misiles contra  edificios civiles desde los que se había recibido fuego hostil, bombardear escuelas y hospitales si se tenía constancia de que eran utilizados por los terroristas como refugios o centros de operaciones, o disparar contra una ambulancia si constaba que transportaba armamento en vez de heridos? … Hay actuaciones que son claramente contrarias al Derecho humanitario -y deberían, por tanto, ser condenadas en paliativos-, como expulsar de sus hogares a cientos de miles de ciudadanos, obligarlos a trasladarse hacia el sur de la franja y bombardearlos en su huida, pero hay otros actos derivados de un conflicto armado cuya ilegalidad no resulta tan clara. En una guerra se pierde cualquier sentido de la  proporción y su primera víctima es la verdad.

Los terroristas de Hamas utilizan a los rehenes y a sus propios nacionales como escudos humanos, y no respetan la santidad de los centros sanitarios, las mezquitas o  las escuelas, que utilizan con descaro con fines militares. Es cierto -como ha señalado Borrell- que no se debe confundir a Hamas con los gazatíes, , pero no es menos cierto que muchos de ellos son terroristas o los apoyan de una u otra forma. Los habitantes de Gaza decidieron por amplia mayoría expulsar de la franja a la Autoridad Palestina controlada por el Fatah y entregar el Gobierno a Hamas. Muchas mujeres palestinas inculcan a sus hijos el odio a muerte hacia el judío y los entrenan para matarlos. Resultó realmente revulsivo el espectáculo mostrado en vídeos difundidos por los terroristas en el que se veía a multitud de personas aclamando el desfile en el que se exhibían a los rehenes -incluidas jóvenes semidesnudas y ensangrentadas- y escupiendo sobre ellas.  

Sánchez  también visitó en Ramala al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, al que ofreció la solución de “dos Estados” para satisfacer las legítimas aspiraciones delo pueblo palestino a tener un Estado propio, seguro y viable. Esta solución ya fue propuesta en 1948 por la ONU cuando propició la creación del Estado de Israel junto a otro Estado palestino, pero tanto uno como el otro lo rechazaron. La oposición palestina era comprensible, porque que creaba en su país un Estado artificial y hostil que ocupaba parte de sus tierras, pero tras tres guerras en las que la coalición de países árabes fue derrotada por Israel -que ocupó Cisjordania, Jerusalén, Gaza y los altos de Golán-, podrían haber escarmentado y adoptado la actitud realista de aceptar la solución de los dos Estados. Los más directamente afectados -Egipto y Jordania- así lo hicieron y normalizaron sus relaciones con el Estado hebreo, y a ellos siguieron más tarde  Sudán, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Marruecos. Tras negociar Estados Unidos la “Doctrina Abraham” con Israel y países árabes, Arabia Saudita y otros Estados del Golfo se iban a incorporar al proceso de normalización, y esta posibilidad fue, al parecer, el motivo por el que Irán instó a su protegido Hamas a que lanzara su sorpresivo ataque contra Israel para impedir que lo hicieran, y lo ha conseguido.

El día 24, Sánchez se trasladó al puesto fronterizo de Rafah, donde se esperaba la llegada de los primeros rehenes liberados, sin venir demasiado a cuento, ya que España no había intervenido en las negociaciones para obtener dicha liberación. Allí pronunció un lamentable discurso, que ha provocado una crisis diplomática con Israel. Cuando todos los israelitas estaban sobre ascuas a la espera de recibir a los liberados, vieron sorprendidos por el canal 12 de la TV n a un  intruso que -como charlatán de feria- habían montado un tenderete al lado de la frontera egipcia  y pronunciaba un controvertido discurso. Sánchez afirmó, que -desde el mismo 7 de octubre- su Gobierno había condenado el atentado terrorista de Hamás, al que calificó de organización terrorista. Ello, sin embargo, no era incompatible con su mensaje de que el derecho de Israel a defenderse debía hacerse dentro del escrupuloso respeto al Derecho Internacional humanitario, y que su voz se alzaría para proteger a los civiles palestinos. La violencia solo traía violencia, y era necesario reemplazar dicha violencia por paz y la esperanza. “Ayer tuvimos reuniones muy fructíferas en Jerusalén con  el presidente Herzog y el primer ministro Netanyahu, a los que transmití la firme condena de España a los terribles ataques terroristas del 7 de octubre. Celebré el acuerdo que permite la liberación de algunos rehenes y el establecimiento de una pausa humanitaria, subrayando que el resto de rehenes deben ser también liberados. Reiteré el derecho de Israel a defenderse, pero dentro de los parámetros y limitaciones impuestas por el Derecho Internacional humanitario. Y no está siendo el caso. La matanza indiscriminada de inocentes civiles, incluidos miles de niños y niñas, es completamente inaceptable”. En lenguaje diplomático se puede expresar preocupación, lamentar o deplorar  una determinada la conducta, pero aquí Sánchez dio un relevante salto cualitativo al calificar de completamente inaceptables las acciones del Gobierno israelita, pues nunca un presidente de Gobierno había hecho de forma pública una condena tan contundente de un país amigo. 

La reacción israelita no se hizo esperar. Netanyahu criticó las declaraciones de Sánchez por no responsabilizar plenamente a Hamas por sus crímenes de lesa humanidad, “ya que masacró a nuestros ciudadanos y utiliza a los palestinos como escudos humanos”, y el ministro de Asuntos Exteriores, Eli Cohen, declaró que “condenamos las falsas afirmaciones de los primeros ministros de España y Bélgica que dan un impulso al terrorismo. Israel está actuando de acuerdo con el Derecho Internacional y luchando contra una organización terrorista asesina, peor que el ISIS, que comete crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad”. El Ministerio convocó a la embajadora española en Tel Aviv, Ana Salomón, para trasladarle una firme protesta por las declaraciones de Sánchez. El ministro Albares, por su parte, replicó afirmando que tales acusaciones eran totalmente falsas, inaceptables y fuera de lugar, y llamó a capítulo a la embajadora israelí en Madrid, Rodica Radiam-Gordon, para recriminarle por las injustas acusaciones al presidente del Gobierno español, que redondeó sus desastrosas declaraciones en Tierra Santa con una intervención en Madrid ante sus entregados fieles. En ella afirmó que condenar la matanza indiscriminada de civiles palestinos en Gaza no era una cuestión de partidos ni de ideologías, sino de hu-ma-ni-dad, y exigió a la oposición que defendiera los derechos humanos, “que es lo que estamos defendiendo desde el Gobierno” (¿?). Esto lo dice un personaje que ha logrado su investidura mediante la compra de los siete votos del partido de unos delincuentes que dieron un golpe de Estado para proclamar la independencia de Cataluña, y violan a diario los derechos humanos de los catalanes no nacionalistas. Feijóo ha acusado a Sánchez de practicar una política exterior “excéntrica” y calificado sus declaraciones de ”ocurrencias”, que hacen de España un país poco fiable internacionalmente, y le ha pedido que no cree en un conflicto diplomático en un contexto de conflicto bélico. 

Sánchez ha recibido un regalo envenenado con el comunicado de Hamas en el que ha mostrado su aprecio por su postura clara y audaz, al condenar las matanzas indiscriminadas de un Estado ocupante contra civiles en la franja, y por plantear la posibilidad de que España reconociera unilateralmente al Estado palestino, si la  UE no diera ese paso. Cohen, a su vez, comentó que las felicitaciones de Hamas a los primeros ministros de España y de Bélgica eran vergonzosas y deshonrosas. “No olvidaremos quién nos apoya en estos tiempos y quién apoya a una organización terrorista asesina que retiene a más de 200 rehenes”. Algo habrá hecho mal Sánchez cuando he recibido tan cálidos elogios de los terroristas.

En su rueda de prensa en Rafah Sánchez afirmó que había llegado el momento de que los países miembros de la UE reconocieran conjuntamente al Estado palestino, pero que -de no hacerlo- España tomaría sus propias decisiones. Se trata de una simpleza porque 11 Estados comunitarios ya han reconocido a la Autoridad Palestina: Bulgaria, República Checa, Chipre, Eslovaquia, Finlandia, Grecia, Hungría, Malta, Polonia, Rumanía y Suecia. La Unión no la ha hecho por no haber consenso y España podría hacerlo -y creo que debería hacerlo- en cualquier momento y sin mayores problemas. Como reacción a las inamistosos declaraciones de Sánchez, Israel no asistió a la reunión del Foro de la Unión por el Mediterráneo celebrada en Barcelona, por lo que el debate sobre el conflicto de Gaza resultó inocuo ante la ausencia del principal protagonista. Las declaraciones de Sánchez van a afectar adversamente a las relaciones con Israel, cuyos servicios secretos han ayudado España en la lucha contra el terrorismo etarra y yihadista. Tampoco han sido bien acogidas en la Casa Blanca -donde Sánchez no es demasiado popular-, ni en la UE, como muestra que Macron lo haya excluido de una reunión en París sobre el futuro de la Unión, pese a ser su actual presidente.

España y la UE han propuesto volver a la fórmula de los dos Estados para resolver el conflicto, pero dicha fórmula -que teóricamente sería la más válida- no resulta viable por ser rechazada tanto por los árabes como por Israel: los primeros porque aspiran a que haya un único Estado palestino, y el segundo porque no se fía de un Estado que pretende su destrucción. A corto plazo, se plantea el problema del futuro de Gaza tras el fin del conflicto, para lo que caben tres posibilidades: que lo ocupe Israel -fórmula que se rechaza tras la fracasada experiencia anterior-; que sea gestionada por la ONU -solución improbable por el posible cruce de vetos en el Consejo de Seguridad-; o que vuelva a ser administrada por la Autoridad Palestina. Esta última opción no resultaría viable en las presentes circunstancias, a causa del desprestigio de la Autoridad por su corrupción e inoperancia, y de la oposición de la mayor parte del pueblo gazatí. Es, sin embargo; la única razonable y sería posible si todas las partes involucradas contribuyeran a ello. Sería indispensable una completa reestructuración y modernización de la Autoridad para convertirla en un auténtico Estado que controlara todo el territorio adjudicado a Palestina -bajo la égida de los elementos más sanos del Baath-, la estrecha colaboración de Israel, y el apoyo técnico y financiero de la ONU.

Sánchez ha dicho cosas razonables respecto a los excesos de Israel, pero lo ha hecho mal “hic ac nunc” y de forma inaceptable. a) Espacio: Escogió un Israel en estado de “shock” por su vulnerabilidad ante el ataque de Hamas y el ensañamiento y la crueldad de los terroristas con sus victimas, y -en particular- el escenario de Fatah, para lanzar sus más duras diatribas contra el Gobierno israelita. b)Tiempo: Estuvo desacertado en el “timing”, en un momento en el que el país se mostraba expectante el día en que volvían a casa los primeros rehenes liberados. c) Forma; Falló en las formas en el plano interno y en el internacional, pues tomó su decisión sin contar con  su Gobierno ni con las Cortes, y -pese a presentarse como un representante de la UE- no consultó a las instituciones europeas y actuó por su cuenta. Faltó a las más elementales formas de la diplomacia, al no hacer con discreción sus críticas a un aliado y dar gran publicidad a sus acusaciones. Como ha señalado Maite Rico, ha roto la unidad europea, abriendo una crisis con Israel en el momento más inoportuno y de la forma más grotesca, pretendiendo dar lecciones a un país que ha sufrido un holocausto. “Acusar a Israel de matanzas indiscriminadas es comprar el argumentario de Hamás”. Siguiendo erre que erre; Sánchez ha declarado a TVE que, con el número creciente de víctimas -especialmente niños- tenía francas dudas de qué Israel estuviera cumpliendo con el Derecho Internacional  humanitario. El ministro de Asuntos Exteriores Cohen ha afirmado que, tras estas estos indignantes comentarios, que repetían acusaciones infundadas, había llamado a consultas a su embajadora en España. Sánchez ha llevado su cesarismo autocrático a la política exterior, monopolizando su ejercicio al margen del conocimiento de su propio Gobierno y del requerido control de las Cortes. A causa de su inmensa egolatría, ha creado un conflicto diplomático innecesario con Israel y está poniendo en entredicho la imagen internacional de España.




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