Navidades en bolas

Aunque hasta hace tan solo unos años, nuestras ciudades se adornaban en estas fechas con motivos navideños -mucho más sobrios- que siempre incluían alguno relacionado con el sentido cristiano de la Navidad, encontrar éstos hoy comienza a resultar una rareza políticamente incorrecta digna de figurar en el libro de los récords.

Entre la profusa, costeada y luminosa ornamentación de nuestras calles, nos podremos topar con lazos y paquetitos de regalo, símbolos de la nieve y muñecos de ídem, legiones de papás noel (mamá tampoco), manadas de renos y sus cuernos adornando cada vez más cabezas con «renitis», variadas formas arabescas y cónicas, abetos, velas y bolas…, muchas bolas de diversos tamaños y agresiva iluminación. Bolas de dimensiones ciclópeas que parecen amenazar a los viandantes con echar a rodar y tumbarlos como si fuesen bolos.  

Quizás las campanas y las estrellas sean ya lo único que nos han dejado como iconos perdidos y reminiscentes de unas Navidades trasmutadas en una época que utilizan los comerciantes para impulsarnos a un gasto desmadrado, principalmente para con los niños, que tanto contrasta con la pobreza del parto en un pesebre.

Porque lo definitivamente difícil es hallar imágenes que siquiera nos evoquen el genuino e innegable origen de la Na(ti)vidad que da nombre a la fiesta: el Nacimiento del Niño Jesús en Belén, encarnado en una Virgen para traer la salvación a la humanidad. Y no deja de ser una absurda incoherencia de nuestra sociedad, que esta progresiva huida del sentido cristiano navideño suceda en una nación donde, según el CIS, todavía hay un 70% de españoles que en materia religiosa se declaran católicos.

Pero ¿por qué nos avergonzamos de algo tan grande y que nos hemos llevado veinte siglos celebrando en Occidente? ¿A qué o a quién tenemos miedo para expulsar en Navidad de nuestras calles a María, a José y al Niño, y sustituirlos por el gordo de papá noel, la nieve, los renos y los arbolitos?

Dejando al margen a esas mentes tan sectariamente sensibles que dicen sentirse ofendidas por el sentido cristiano de esta (y cualquier) fiesta, ¿seguro que esa «Felicidad» tan grandota y que tanto nos desean desde esos inmensos rótulos luminosos, es una felicidad que está mejor fundamentada en lacitos y paquetes de regalos, en las velas y las bolas…, que en el significado de la venida de Jesús como un signo de esperanza y redención? 

Por lo que se ve, parece que sí. Que lo que hoy molan son las bolas de una navidad que nos coge en eso… en bolas; y cada vez más desnuditos de creencias que no sean las de tener que retratarnos y pasar por la caja registradora. Infeliz vanidad. 


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