La columna del director. Por Eusebio Pérez @EusebioPF

Sorprende la abultada sanción con la que la delegación provincial de Cultura de la Junta de Andalucía ha sancionado a las monjas clarisas del Real Monasterio de Santa Inés de Sevilla por mandar restaurar el célebre órgano conocido como de “Maese Pérez”, instrumento que, literalmente, se caía a trozos. Los muy diligentes funcionarios de la cosa autonómica visitaron recientemente las dependencias del histórico convento y comprobaron que lo que quedaba del órgano que inspiró a Gustavo Adolfo Béquer para su cuento “Maese Pérez el organista” no se encontraba en su lugar.

Las monjas clarisas, a través de la fundación Alqvimia Musicae llevaron el órgano a restaurar, proyecto que se encomendó al taller de restauración de Jorge Anillo, en la localidad de Alcalá del Río. Esta iniciativa, tendente a la recuperación de una joya, ha molestado sobremanera a los políticos de la Junta, al punto de que, en tiempo récord, pusieron en marcha con todo el celo del mundo un expediente sancionador que se ha traducido en una multa de 170.000 euros, aunque eso sí, con un gesto de “buena voluntad” que queda patente al proponer una rebaja del 20% de la sanción por pronto pago y siempre que las monjas “asuman su responsabilidad”.

Resulta especialmente irritante que, en estas fechas en que la política de bajos vuelos mantiene a todo un país en tensión y donde se ha producido un golpe de Estado en Cataluña, se imponga a una de las promotoras de la secesión, la expresidenta del Parlamento catalán, Carmen Forcadell, una fianza de 150.000 euros por destrozar el orden constitucional y a unas monjas una multa de 170.000 por restaurar una pieza histórica de nuestro patrimonio. Nadie pretende frivolizar con este asunto, pero las comparaciones, odiosas, son inevitables. 


La Junta de Andalucía, que bien podría aprender de las Clarisas sobre la impagable labor social que desarrollan, tendrá que explicar que pasó con el convenio firmado en 1990 con las monjas clarisas para la cesión de parte del convento por 50 años a cambio de una profunda rehabilitación del edificio considerado Bien de Interés Cultural y Monumento Histórico-Artístico. Casi dos millones y medio de euros comprometían aquella rehabilitación que nunca llegó a diferencia del expediente sancionador recibido en un convento que,  a duras penas, puede sufragar el día a día de su actividad y que, por culpa de los mismos que multan, presenta un aspecto lamentable que hace urgente su rehabilitación inmediata.

Un grupo de sevillanos comprometidos están dispuestos a movilizarse en defensa de las monjas clarisas de Santa Inés y hacen bien, tanto en la defensa de, en este caso, las más débiles como en la exigencia de responsabilidades a la delegación de Cultura, aunque lamentablemente, en la Junta de Andalucía la palabra dimisión no se articula en ningún sentido, salvo para reclamarlo a los demás.