Mi amigo Paco declaró el estado de alarma por 40 años… y se murió en la cama

Es mestevé la de cosas que aprende uno en las redes sociales y en el Congreso de los Diputados… Ayer mismo me enteré de que si tú recabas los apoyos necesarios puedes decretar el estado de alarma por 15 días por mayoría simple y luego vuelves al Congreso, pactas hasta tener la mayoría absoluta, y puedes prorrogarlo de una tacada por otros 4 años, hasta las próximas elecciones, sin necesidad siquiera de dar explicaciones, salvo que te plazca darte una vuelta por allí de cuando en cuando.

¡Ah, importante! Y la oposición está de acuerdo en que esta es la interpretación correcta de la Constitución y de la Ley Orgánica 4/1981 que desarrolla el artículo 116 de la misma.

Esto es un no dar abasto con la estupidez reconcentrada. Pero si uno copió la tesis que no hizo (se la hicieron) y el otro aprobó la carrera de Derecho a saltos de rana, tampoco debemos alarmarnos demasiado, sinceramente.

Visto de este modo, cada vez entiendo mejor a “mi amigo Paco” (lo llamo “mi amigo” porque era ya como de la familia, de tanto tiempo como estuvo en casa), que un buen día, por razones más que justificadas, declaró una especie de estado de excepción y luego lo rebajó a estado de alarma y el hombre se murió en la cama tras casi 40 años sin moverse de su cargo y sin despeinarse.

Si nos conocería bien “mi amigo Paco” que entendió que lo mejor era un apretón de tuercas al principio para ir acostumbrando al cuerpo y luego permitirse rebajar graciosamente la presión, una vez adaptaditos a la camisa de fuerza.

A mí lo que me asombra no es que le copien la jugada a “mi amigo Paco”, sino que la oposición se la trague sin rechistar y sus votantes, incluso, se muestren compresivos y lo aplaudan.

No hemos salido aún de la época feudal, sospecho, porque no se entiende que se pueda ser tan claudicantes y aceptar con tanta parsimonia la conculcación y supresión de todos los derechos fundamentales con una sonrisa de oreja a oreja. Ni tampoco se entiende que no sea el imperio de la Ley y no las buenas intenciones proclamadas, las que rijan las decisiones adoptadas.

A “mi amigo Paco” le dijeron alguna vez que aquello no era una democracia, pero entonces convocó elecciones y luego sometió a referéndum todas las leyes esenciales del ordenamiento, así que aprobó con éxito cada ensayo, aunque es verdad que se saltó algunas cosillas del procedimiento… O sea, exactamente igual que ahora, que se pasan lo de los 15 días por el arco del triunfo porque la oposición se ha tragado el órdago a la grande y acepta pastelear el espíritu y la letra de la Ley.

Visto lo cual, el tonto es Pedro Sánchez, pobretico, tan timorato y escrupuloso con los mandamientos constitucionales, pues podría haber hecho una apuesta superior a la de los seis o siete meses y haber anunciado que el estado de alarma duraría otros tres años. O mejor aún: hasta que a él y a sus socios les salga de las narices, que me parece una unidad de tiempo mucho más que razonable habida cuenta que la nariz de Pinocho crece cada vez que miente. Y el presidente y sus ministros son máquinas diseñadas para mentir en cantidades industriales.

De este modo, convencidos todos (o convictos y confesos de su propia estulticia), el estado de alarma y todos los derechos arrastrados por el viento como en tiempos de Escarlata O’Hara, quedarían pospuestos hasta nueva orden y ya luego podríamos pasar a la siguiente argucia, consistente en que, diga lo que diga la Constitución, el presidente del gobierno proponga nombrar a su sucesor e incluso al sucesor del rey.

Yo contemplo esto y me quedo perplejo y sin aliento de tener que darle vueltas a lo mismo. Miren ustedes, si el objetivo de todos es perpetuarse en el poder y a ese bien superior lo sacrificamos todo, nada extraño veo en que un gobierno, uno de estos días, decida montarnos en camiones (la Constitución no dice que no se pueda montar en camionetas a los ciudadanos) y nos arrojen por el precipicio del cabo Finisterre.

Sí, ya sé que está lo del derecho a la vida, la integridad física y todo eso, pero en puridad interpretativa de la letra de la Ley, la Constitución no dice nada de lanzarnos al mar por donde mejor les plazca, por más que resulte lógico pensar que si te tiran por un acantilado la consecuencia pueda ser la muerte, pero esto se deriva de lo otro y no constituye, strictu senso, un homicidio ni un asesinato, porque siempre puede que te salves si la marea está alta y caes al agua y no en las piedras.

Ya saben, todo es interpretable, según algunos, y de todos modos, para cuando llegue la ocasión, el tribunal que lo interprete será como la Fiscalía, que depende quién ya sabes.

Yo no sé si me explico, pero “mi amigo Paco” llevaba más razón que un Santo: “No se os puede dejar solos”.

He dicho.




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