Mercedes Vázquez

La primera vez que yo vi a Mercedes Vázquez fue en la revista “Mundo Cristiano”. Era 1980 y un amplio reportaje dedicado, con portada y todo, a su hermano Pepe Luis, traía la fotografía de la benjamina de la familia, la única niña entre seis varones, la pequeña entonces del Sócrates de San Bernardo.

Al cabo de los años me encontré con una mujer al pie del cañón. Mercedes Vázquez dirigía y coordinaba para Sevilla la Fundación Pequeño Deseo. Tras la delicadeza de sus gestos y la educación de sus modos, después de esa primera puerta que te abre con sus bellísimos ojos azules, crucé el dintel de su encanto personal para conocer un admirable interior de fortaleza.

Mercedes Vázquez Silva sigue al frente de la Fundación Pequeño Deseo, que se dedica a lograr que se hagan realidad los sueños interminables de los niños. Así que libra batallas en la primera línea de un campo difícil, el de la continuidad, el de la indesmayable capacidad de insistir, el de la confianza en uno mismo y en su equipo. Me imagino que muchas veces el sueño a conseguir debe ser tenerse ella misma, sentirse a diario en la naturaleza especial de la constancia, apoderarse de un ánimo incansable, proponerse un nuevo reto, creer en el milagro de la tenacidad, ser imbatible en alcanzar para otros las ilusiones ajenas que acaban por compartirse, que se toman como propias. Es la maravillosa zona de intersección en la que habitan los generosos.

El viernes 14 y el sábado 15 de este mes de junio, la Fundación Pequeño Deseo ha organizado el Mercadillo Solidario, con fines benéficos, que se celebrará ambos días del próximo fin de semana en el patio de la Fundación Cajasol. El noble edificio ubicado en la Plaza de San Francisco, frente al Ayuntamiento sevillano, acogerá esta nueva ocasión para recaudar fondos destinados a lograr los objetivos de Pequeño Deseo. La entrada sólo costará un euro, un euro solidario.

Será otro paso que sumar a los infatigables pasos del largo camino de una Fundación fructífera, la que se sostiene incesantemente con la respuesta de los sevillanos y la colaboración de tantas personas que acuden infalibles a sus llamadas. Pero será también la pisada firme de Mercedes Vázquez, inquebrantable de ánimo y convicciones en este tiempo difícil para solicitar apoyos económicos. Es como una dama de hierro a la sevillana. Ni la fragilidad ni la rendición podrían susurrarle siquiera a los oídos. Pero es determinante cuando escucha el deseo de un niño, ese deseo al que llaman pequeño y ella convierte en grande.



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