Medir los tiempos

No me vengan con pamplinas. ¿Medía los tiempos Camarón de la Isla? ¿Los medía, los tiempos, Miles Davis? ¿Jimi Hendrix estaba de acuerdo con los tiempos? ¿Paganini? ¿Le importaba a Leopoldo María Panero la operación de medir los tiempos? ¿Se sostenía en los tiempos J. J. Conde cuando ejercía como cantante de Los Keys o cuando escribía teatro breve?

No me vengan con pamplinas y se remanguen los hábitos que vienen curvas. Ya lo ven: absolutamente todo por las nubes. Pero todo, todo. Y “El guapo” repartiendo calderilla a “la gente” sin reparar en gastos. Es lo que tiene ser el dueño y señor de la Moncloa, que aunque no sepas con qué mano das la limosna te crees santo entre los santos. Y mientras, los tiempos –esta vez sí-, medidos hasta la saciedad de la hiena en las bocas de Isabel Rodríguez o Bolaños, lastimeros títeres de guardería. 

Así que no me vengan con pamplinas. Y dejen que los tiempos cabalguen desnudos y libres, como Lady Godiva, a lomos de un pentagrama sin apuntes de notas. Para que un servidor no tenga que practicarse el haraquiri delante de mi vecina del quinto, que la pobre no tiene culpa de ná, y que con una paga de viudedad de 800 euros y un hijo a su cargo con 35 años y en el paro, ya me dirá usted las ganas que tiene de presenciar la digna muerte de este pobrecito pensionista que sobrevive en una nación que huele a vileza, bajeza, ruindad, mezquindad, baldón, vicio, degeneración…




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