Mascotas versus niños

Como muchas jóvenes con su edad, próxima a la treintena, llamémosle María, había dejado atrás su licenciatura de Derecho, su Erasmus en Estrasburgo (Francia), su máster y unos años en el extranjero, y veía llegado el momento de plantearse seriamente contraer matrimonio y conciliar su vida familiar con la laboral, por lo que le comentó abiertamente al jefe de su despacho de abogados que no podía seguir con el ritmo de 24/7 (veinticuatro horas disponibles al día, los siete días a la semana), a lo que éste le contestó: “Pues cómprate un perro, y que te haga compañía”.

Dejo a los lectores la calificación de esta respuesta, en una horquilla que puede ir desde broma de mal gusto a frase borde e impropia de un letrado que dirija un equipo de profesionales, pero a partir de ese momento la joven en cuestión, que por cierto había tenido perros y gatos en su niñez y adolescencia, comenzó a fijarse en detalles que antes le pasaban desapercibidos.

Así por ejemplo, la cantidad de personas adultas que paseaban con perros por la playa en relación con las que lo hacían con niños: la baja tasa de natalidad parecía mantener una correlación directa con el creciente número de mascotas, y ello se hacía visible en la orilla del mar.

También se fijó en cómo se estaba viendo con naturalidad en muchos bares e incluso restaurantes, el hecho de que el dueño de un perro le diera de comer una porción de lo que le habían servido a su amo. Para colmo, en algunas entradas de Facebook e instagram, varios conocidos subían fotos montándose en el coche junto a su mascota con el título “Vacaciones en familia”.

En uno de sus recientes recuadros, Antonio Burgos se confesaba impresionado por la historia de un señor que hacía varios días que vivía y dormía en su coche con sus tres perros en La Palma, debido a la erupción del volcán, y que no quería separarse de ellos. Le habían ofrecido llevarlo a un refugio y dejar a los animales en otro, negándose a ambas cosas (“no sin mis perros”).

Finalmente, y aunque cueste creerlo, las mascotas influencers se han convertido en un auténtico negocio en los Estados Unidos, con perros como Tika, una esbelta galga italiana que tiene 1,6 millones de seguidores en Tik Tok y 1,1 en Instagram, gracias a agencias que la representan en las redes sociales.

La veneración por algunos animales me lleva a entender que hubiera tiempos donde se adoraba a dioses animales como en Egipto, que incluso hoy día siga habiendo vacas sagradas en India, y que, para un budista, los humanos no merezcan un trato preferencial sobre otros seres vivos. De hecho, para los hinduistas los humanos y los animales son una familia y, por lo tanto, los humanos deben tratar a todas las criaturas vivientes con respeto y amabilidad. También se cree que los seres humanos se reencarnan como animales en función de sus actos o karma.

La pregunta que me hago y les hago es ¿estamos llenando el vacío afectivo con animales de compañía? La soledad se está convirtiendo en la gran epidemia del siglo XXI (Reino Unido ha creado un ministerio de la soledad), y no solo por las personas de más edad, que se ven necesitadas de una persona de compañía por su dependencia física, sino también de tantos y tantos vecinos que viven en “pisos cárceles”, es decir, terceros, cuartos y de ahí para arriba, sin ascensor, imposibilitados para cargar con la cesta de la compra.

Que conste que en mi casa siempre hemos tenido perro y/o gato, por lo que no soy sospechoso de ignorar la compañía que da un animal, el cariño que se le coge, y los sacrificios que también se asumen, como cuidarlos en sus enfermedades, verlos morir, y el recurrente gasto fijo que conlleva su alimentación y revisiones médicas, por lo que soy el primer interesado en conocer en qué términos quedará redactada la nueva ley de bienestar animal.

Occidente viene de una concepción judeocristiana donde el hombre (en sentido genérico) es el centro de la creación: “creó, pues, Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1, 27)”. Me pregunto que si olvidamos o ignoramos esta premisa y colocamos a los animales en un plano de igualdad con las personas asumiendo todas las consecuencias de este planteamiento, estaremos cambiando algo muy importante en nuestra cultura, que puede derivar en una sobrevaloración de nuestras mascotas o en una infravaloración de las personas.

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com  




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1 Comment

  1. José Antonio Molino dice:

    Una cosa es que se trate a todos los animales con respeto y amabilidad, como dices. Al fin y al cabo, como se diría antaño, son criaturas de Dios y sus vidas son tan irrecuperables como las de cualquier humano. Desde hace mucho tiempo he tenido también perros y gatos y es verdad que se convierten en parte de la familia, y toda la dedicación en tiempo, afecto y dinero se le da con gusto. Los animales de compañía mitigan notablemente la soledad, como he podido comprobar con mi anciana madre de 90 en el confinamiento. Pero no caigamos en el error de concederles derechos que tienen. Para tener derechos, hay que asumir obligaciones, cosa impensable en seres irracionales ( aunque aquí también cabrían algunos especímenes de humanos ). Respeto y consideración a todos, por supuesto. Amor a los que sean de nuestra familia. Y hasta ahí

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