Madrid es Hong-Kong e Iglesias es Jesús Gil

Suponemos que son cuestiones del CNI y del Departamento de Seguridad Nacional tanto advertir a diario al gobierno de las potenciales amenazas a la Nación por una pandemia como las que sufrimos con serpientes venenosas como las que Zapatero o Borrell portan en su canasto de mimbre cada vez que vuelven de Venezuela.

Las tóxicas relaciones que todas las patas de este gobierno mantienen con el régimen de Maduro, donde aún viven plácidamente muchos de los fugados de ETA, recuerdan demasiado a las del ex presidente francés Giscard d’Estaign con el autoproclamado emperador de la República Centroafricana Bokassa I, que regalaba diamantes como pelotas de tenis a sus amigos y paseaba sus cientos de maletas de piel de leopardo por el aeropuerto de Orly mientras que su vecino de Uganda, Idi Amin Dadá, desayunaba cada mañana churrasco de niños.

Los vínculos de este gobierno con la dictadura venezolana debieran dar al menos para tantas portadas como las publicadas en Lo País sobre los cinco trajes de chaqueta de Francisco Camps: no sobre la trama Gürtel o sobre la corrupción del PP valenciano (que fueron otras miles), sino sólo sobre los cinco trajes de chaqueta.

Ni siquiera los cientos de millones de euros que llevaron a la condena penal a dos ex presidentes de la Junta de Andalucía, con más de 200 causas aún pendientes de juzgar, alcanzan la atención que Lo País le dedicaron al asunto de Camps.

Alguien como Arcadi Espada sintió la necesidad ética de escribir un libro sobre tamaña desproporción aritmética, pero sobre todo moral, porque en la hipertrofia de esa clase de manipulaciones zurdas se encuentra, tal vez, la base de lo que nos ocurre.

Y lo que nos ocurre es, como señaló el columnista Cristian Campos en El Español hace algunos meses, que España es un país en el que sus votantes “están buscando permanentemente la menor excusa para votar al PSOE”. Y esto, permítanme, es una patología muy seria.

No ya por el PSOE, que también, sino por la ágrafa, acientífica e irresponsable manera de conducirse si se tiene en cuenta que, por citar un sólo dato, cada vez que el PSOE gobernó, entregó la economía con una cifra de parados espantosa y, cada vez que lo hizo el PP, las cifras de desempleo habían mejorado de forma “ostentórea”, que decía Jesús Gil y Gil.

Sinceramente, no encuentro grandes diferencias entre el “gilismo” y el sanchicomunismo de hoy, ni entre Ábalos/Iglesias y el propio Jesús Gil. Y las que detecto, me perdonen, son todas muy a favor del ex alcalde de Marbella y ex presidente del Atlético de Madrid. De manera que, siendo así, en el periodismo de nuestros días cabría indicar que se ha extendido esa basura idiota que dedica espacios a esparcir que la nueva moda es hacer “breading” y llama así al pan tostaíto migaito con café que cantaba la Pantoja.

Es previsible que en Seguridad Nacional y en el CNI sabrán con bastante exactitud los manejos que se traen con la dictadura de Venezuela. Casi les diría que deben conocer hasta el número de trajes de chaqueta que Zapatero tenga en el armario, de modo que sólo cabe esperar que algún día la bronca entre Sánchez y Podemos alcance tal nivel en la disputa que el Marqués de la Bocachancla termine por revelar, como acostumbra, que la cifra supera con creces el de zapatos de Imelda Marcos.

Y si eso llega, entonces me gustaría imaginar que los medios acumularán portadas referidas al coleccionismo sorprendente al que se habrá dedicado Zapatero desde su salida del gobierno, ya sean chaquetas, maletas o lingotes de lomo alto o lomo bajo en su punto exacto de congelación.

No hay receta ni solución posible para un país en el que anunciar una subida de impuestos no suponga un desplome inmediato en la intención de voto de sus electores. Alguien, tibiamente, pudiera llegar a creer que es mejor elevar la presión fiscal en ciertos segmentos, aunque es sabido que se suele obtener más cuando los impuestos bajan, porque la economía crece y beneficia a todos, incluso al Estado.

Pero es que, además, como dice Díaz Villanueva, creer que cuando suben los impuestos se mejoran las condiciones sociales, obliga a deducir que en Cuba o Corea del Norte existe una sucursal del Paraíso y no la aberrante situación que conocemos, con crisis de escasez y hambrunas.

Un atento y brillante estudioso de la Historia y de la actualidad como el ex catedrático de Historia Antigua Genaro Chic me dijo ayer que estaba convencido de que cabalgamos hacia un modelo que “será comunista en lo político y capitalista en lo económico”; es decir, el modelo chino, “que conviene a todos quienes no creen en el liberalismo (hasta hace no mucho equiparado al capitalismo, al que ayudó a triunfar). Interesa a todos los globalistas -añadía-, superando así la separación derecha-izquierda”.

Pues tomen nota, porque en tal caso lo que vemos en Madrid es el intervencionismo de los tíos de Xi Jinping sobre Hong-Kong. A Marlaska me lo imagino ya con un qipao de seda bordado de pavos reales luminosos y coloristas y a Iglesias con una trenza debajo del gorrito (guanmao) de los tiempos del cártel del opio.

He dicho.




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