Macarena, este no es tu referéndum

Lo más insidioso que he leído al respecto de Macarena Olona (y eso que el cúmulo de insidias en los medios es proporcional al temor que despiertan en las izquierdas sus contundentes actuaciones jurídicas y parlamentarias) es que fue enviada como candidata a Andalucía porque su figura política había empezado a agrandarse y a hacerle sombra a Santiago Abascal en el Congreso de los Diputados.

Insidias, ya digo, sin el menor indicio de realidad, pero sí parece más un error de cálculo o una apuesta con excesivo riesgo, agravada por una campaña de ultimísima hora que no tuvo en cuenta un escenario como el que al final se ha producido, en cuyo caso no sólo perderían a su contundente y tenaz portavoz en la Cámara Baja, sino que asustarían a una parte del electorado indeciso que no se atreve todavía a pronunciarse con toda claridad sobre cosas que Vox dice tener muy claras.

El problema de pronunciarse con tanta nitidez y con mensajes muy simplificados sobre algunas cuestiones es que lo que digas es difícil de corregir y te permite muy pocos matices luego. Por ejemplo, si dices que con Vox los inmigrantes ilegales serán devueltos de inmediato a su país. sólo estarás diciendo la verdad de tu intención final, pero no tienes la competencia legal que lo permita y es obvio que lo que deseas decir es que lucharás sin descanso para que eso suceda. Pero eximios exégetas los tienen todos y la exégesis no es cosa mía.

Del dicho al hecho al hecho, a menudo, hay un trecho tan grande como el que existe entre cuestionar el sistema territorial desquiciado de las 17 nacioncitas con sus instituciones replicadas y poder prescindir del modelo autonómico; que es un desastre funcional y económico, de acuerdo, pero imposible de eliminar sin que estalle algo muy gordo.

Hasta una guerra civil desató el asunto y 40 años más tarde aquellos “padres de la patria” bienintencionados no lograron desfazer del todo el nudo gordiano que hoy debilita al Estado y a nuestra sociedad como conjunto, en lugar de otorgarle la flexibilidad y viabilidad que todos (menos los nacionalistas identitarios con su impertérrita deslealtad constitucional) desearon al elaborar la Constitución de 1978.

Si tan claras vieron las expectativas los dirigentes de Vox en estas elecciones andaluzas, aún cabe animarles a que exijan comprobar los únicos datos válidos, que sólo pueden ser los que resulten del escrutinio general que (no) se celebrará a partir del día22 (miércoles), del cual sabemos por adelantado que no se efectuará conforme a lo que la ley exige…, pero si Vox ha abandonado ese reclamo, tampoco seré yo el que abunde sobre el particular ahora.

Lo que a muchos nos parece es que a Olona la han metido en un embrollo innecesario porque nos parece que, a la postre, parecidos resultados habría obtenido Vox con cualquier otro candidato. Dos diputados más y 500.000 votos de premio hasta situarse como tercera fuerza parlamentaria en Andalucía, con parecido número de votos al que obtuvieron todos los partidos de la ultra izquierda en las anteriores elecciones (50.000 votos más que los 17 partidos ultras juntos en las actuales), no es un escaso bagaje…, salvo si la candidata es Macarena Olona, claro.

Puede que gastar 60.000 euros en un automóvil nuevo no parezca una cifra muy descabellada, salvo si lo que te dan a cambio es un utilitario con las prestaciones limitadas, porque entonces habrás deteriorado tus ahorros en algo intrascendente. O si decides usar un camión para moverte por las callejuelas de tu barrio perderás bastante en tu movilidad y facilidad de aparcamiento, como poco.

Parece que Vox quiso entender las elecciones andaluzas en este final de la legislatura del tramposo Sánchez como un plebiscito a su ideario sobre la “batalla cultural”, donde podría presentar una serie de rasgos distintivos que lo distinguen claramente del Partido Popular y sobre los cuales Juanma Moreno prefiere pasar de puntillas o con frecuencia los abraza (al menos de boquilla) para no buscar aristas en los que la izquierda le pueda enganchar a base de juegos de palabras y de tergiversar mensajes apaciguadores.

El cambio climático, la femi-histeria, la inmigración ilegal, los chiringuitos heredados donde se adocenan miles de empleados públicos colocados a dedo en su día por el régimen sociata, la industrialización sin remilgos, la defensa de la caza o de los toros y, en definitiva, abrir debates que el PP de Feijóo o Juanma Moreno prefiere no reabrir y que sólo Isabel Díaz Ayuso en sus filas se atreve a debatir sobre ellos con desparpajo, como también hace Vox sin miramientos como plataforma de enganche. Y tal vez no era su hora.

Pudiera ser, como alguien ha dicho, que quizás Juanma Moreno no habría ganado con ese programa y esas formas las elecciones en Madrid, pero también cabe pensar que Ayuso no habría obtenido la mayoría absoluta con las suyas en Andalucía. O no, que diría Rajoy.

En esta situación, a Vox le queda por delante la decisión de dejar a Olona para que se desempeñe en una labor bastante infértil de acuerdos y arrebatos intermitentes en el Parlamento andaluz durante cuatro años o que la reclame Abascal como soldado, su jefe de filas (o Dios), para designios más altos y abandone la “tierra prometida” que sólo le promete aburrirse como una almeja en las Cinco Llagas.

Sea como fuere, a sabiendas de los resultados, a Vox y a Olona cabría recordarles el histórico lema de la UCD que de forma tan simplificada hundió al centro-derecha en Andalucía por espacio casi de 40 años: “Macarena, este no era (es) tu referéndum”.

He dicho.




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