¿Luces de led?

Era de esperar. El alcalde anuncia que la próxima feria se iluminará con luces de led “para reducir el consumo”. Y todos celebrarán y aplaudirán el gesto “ecológico y sostenible”.

Dan ganas de responder algo así como: “Pues dejemos de nacer y de vivir, y así seguro que no contaminaremos nada”. ¡Ah, no!, lo malo es que incluso esas frases exageradas, en las que se pone un ejemplo disparatado de algo llevado a extremo para que se entienda de manera gráfica, pues incluso eso, ¡es ya verdad! No hay comparación disparatada que valga. Hay quien promueve, con toda seriedad, la extinción del género humano, tan “malvado”, para que así se queden más tranquilos el planeta y los animales.

Así pues, ¿por dónde empezamos? 

Este tema recuerda mucho, claro, al de las luces de Navidad. El más inocente de los gastos del Ayuntamiento, el que con menor dispendio produce la mayor alegría, el más transparente (lo vemos. Nuestros ojos lo disfrutan. ¡Cuántos millones de derroches, legales o no, se hacen de dinero público sin que nos enteremos! Y hay que suprimir el único gasto que es limpio, luminoso y transparente y lo disfrutan todos), contra ese se dirige el rencor…

Y ahora la feria. Incluso los menos feriantes, los que más se abruman con el exceso de vida social llevada al empacho que puede suponer la feria de Sevilla, incluso ellos han de reconocer que como estampa de belleza visual al recinto nadie le gana, y sobre todo de noche. Cuando se vuelve después de haber hollado muchos otros eventos lúdicos en otras partes del mundo, sorprende el “descubrir” lo que teníamos aquí – de noche, el cielo de la feria es algo como sobrenatural…

A cada instante se dan ejemplos de derrroches mastodónticos por doquier, rotondas pomposas y absurdas en las que parece que la consigna es “gastar, gastar, gastar”, continuas remodelaciones de elementos urbanos que no lo necesitaban, pero que siguen esa misma consigna… y eso es lo que vemos (no hablo ya de lo que no vemos, y que a veces salta a la prensa, y muchas más no)… Pero todo esto no parece indignar mucho. Como el caso de la basura no reciclada, que al final va toda al mismo sitio: pues no causa el escándalo que cabría esperar. En cambio, un vecino sí se indigna y hasta denuncia a otro si lo ve arrojando basura en un contenedor inadecuado. Es una cuestión “de principio”; que resulta que tenemos que cumplir unas normas, los ciudadanos de a pie, porque es así y ya está. Pero el destino final de la basura no importa mucho. Es un paripé que “debemos” obedecer. Es la cultura de la mentira. 

Nadie va a ahorrar nada, ni “el planeta” ganará nada con la sustitución de las maravillosa iluminación de la feria. Pero al perder belleza (las luces de led no son lo mismo) nos dará la sensación de “ser buenos ciudadanos”.

¿Nadie le dice al alcalde Espadas que por qué no “ahorra” en algo que le afecte a él? Porque es curioso cómo la pandemia ha puesto de relieve una división entre élites y pueblo llano que deja chicas a todas las épocas de la Historia pasada.

Para incrementar la fealdad no se habla de ahorro – ahí las arcas municipales parecen inextinguibles (paneles innecesarios, nuevos enlosados de calles, a cuál más sórdido, supresión de aceras…¡A gastar, a gastar!).

 Hay que ahorrar sólo en belleza.




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