¿Conviene hojear los periódicos, oír algo las noticias? Diría que sí; no parece sano el aislarse del todo, desentenderse del mundo exterior. Sin caer en la adicción, ni en el error de creerse que los periódicos reflejan realmente la realidad (hay multitud de hechos ocultos de los que nunca se habla), suena razonable el darles al menos una ojeada.


Pero a veces dan ganas de abandonar esta práctica, porque hasta las noticias más inocuas resultan insospechadamente dañinas.

Hace unos días, tras las páginas de política, una información que parecía bastante inocente: la estancia de Obama en Sevilla. Algo más que nada anecdótico (al margen de las posibles repercusiones turísticas); es decir, esta noticia no parece que contenga nada crucial, polémico, ni indignante para nadie. Si acaso, alguien comentará nuestro típico servilismo, de estar encantadísimos y orgullosísimos porque haya dicho “Sevilla es una ciudad maravillosa” (¿hubiera podido decir otra cosa, por pura educación, de cualquier otra ciudad histórica europea?), pero en fin, esto no pasa de ser una banalidad. (Como aquella visita de Bill Clinton a Granada, gracias a la cual, por lo visto, pudimos “enterarnos” de que la Alhambra es bellísima).


Pero la noticia sigue. Que unas sesiones de esa “Cumbre Internacional del Turismo” se celebraron en la Iglesia de los Venerables. La que hasta hace unos decenios fue iglesia en activo (con entrañables connotaciones familiares para algunos) lleva años sin culto, pero en su aire sigue flotando un ambiente sacro. Ahora resulta que se reúnen allí encopetados personajes para hacerse fotos y soltar discursos…¡Vaya! Pero sigo leyendo: “Dado que el recinto es una iglesia, pues para no ofender…” ¡Eureka! Se han acordado de mí. No estoy sola: hay otros que también tienen esa sensibilidad, que aunque no puedan objetar nada al hecho de que algunos templos se desacralicen y se dediquen a otros fines, pero quiera que no les chirría un poco, les duele algo esa banalización… Y alguien ha pensado en no ofendernos demasiado. ¿Cómo?

Y sigo leyendo: “… para no ofender las sensibilidades de los no cristianos, se han tapado los cuadros e imágenes de manera que no parezca un iglesia”.

Por habituados que estemos a la corrección política, al complejo de lo propio, al servilismo de lo ajeno, todavía es posible llevarse sorpresas. Por un momento, había creído que querían no ofendernos a los creyentes

Pero ahora vamos al “¡Hola!”, algo más ligero, más trivial e inocuo. No hará daño el entretenerse un momento mirando qué se lleva en trajes de novia, o viendo la cara de enamorado de Mario Vargas Llosa (que tanto despotricó contra “el amor romántico”, considerándolo pasado de moda).

Pero no hay que fiarse. Le preguntan a una popularísima modelo española si va a bautizar a su hijo. Respuesta: “Aunque no es obligatorio, queremos bautizar a nuestro hijo. Es un momento muy familiar que no queremos perder”.

“Aunque no es obligatorio”. Pero si fuera obligatorio (como lo es el inscribirlo en el Registro y otras mil cosas), lo haría sin más. Que no es obligatorio lo sabemos todos, si no ni se lo preguntarían. Entonces, ¿por qué se expresa así?

Es un modo de decir: “No es por hacer caso de la Iglesia, no es por cumplir ningún mandamiento. Que nadie vaya a pensar -¡Dios me libre!- que Dios me importa, ni que en mi vida pinta nada que no sea mi voluntad”. Dejando eso muy claro, pues sí, tengo el capricho de bautizarlo, porque me da la gana, sin más.

Pues qué bien. La pregunta es: ¿hay algún periódico o revista con la que un creyente pueda relajarse dos minutos sin sufrir?