Los trileros contra “Uropa”

La política puede fabricar extraños compañeros de cama, pero es peor cuando se trata de la demagogia, porque en tal caso puedes descubrirte hozando entre sábanas con un marciano.

En esas horas inciertas en que se negociaba el presupuesto europeo hemos visto a Sánchez retozar en lo que hasta hace diez minutos era para los suyos una cuadra llena de fachas insoportables, léanse la Hungría anti inmigración de Viktor Orban o la Polonia anti LGTBIxyz de Andrzej Duda, pero ahora hemos viajado en ese tren, compartiendo el chorizo y la navajilla, y tan contentos.

A su vez, las terminales mediáticas del panzersocialismo afinaron el coro de descalificaciones contra países a los que ahora describían como “paraísos fiscales”, refiriéndose a socialdemocracias como Suecia, Dinamarca y Finlandia, a gobiernos liberal-conservadores como los de Países Bajos y Austria e incluso a la pluripartidista Alemania.

Francia e Italia, afectadas también de manera grave por las consecuencias de la epidemia, pero, sobre todo, por las del confinamiento extremo que ha hundido nuestras economías en un pozo oscuro, constituyen dos potencias industriales y comerciales de primerísimo nivel, las cuales podrán retomar el músculo que necesiten, no sin dificultades, tanto si había ayudas europeas como si no.

Nuestro caso era sustancialmente diferente, no sólo porque nuestros niveles de endeudamiento y nuestro nivel de descontrol del déficit superan todo lo razonable, sino porque, además, nuestros principales motores económicos están gripados o a punto de hacerlo.

El turismo no remonta ni remontará a corto plazo; la fabricación de automóviles va a quedar hecha unos zorros, más aún con las exigencias de la agenda 2030 y 2050 que tanto le gusta invocar a Sánchez, sin percibir que esta desindustrialización ecológica y digitalizadora (y blablabla…) sí que puede ser interesada por parte de los países centro europeos y escandinavos, que nos eliminarán así como competidores.

Los checos, donde la industria del automóvil tiene un peso considerable desde los tiempos del Telón de Acero, han repetido hasta la saciedad que esa agenda 2030 se la puede meter la UE por donde les quepa.

Del campo mejor ni hablamos, en un año, precisamente, en que la Política Agraria Común (PAC) ya tenía prevista antes de la pandemia una reducción considerable de presupuesto para España, así como una reducción sustancial de los fondos de cohesión, lo cual nos iba a convertir por primera vez en país donante más que ‘tomante’ dentro de la UE.

Letonia, Lituania, Bulgaria, Eslovenia, Croacia y otros varios países discreparon también de los criterios de distribución de las ayudas que propuso España, que atendía más a las tasas de desempleo que a las consecuencias sanitarias en sí mismas de la epidemia, así que tampoco encontraron aliado fácil las propuestas de Sánchez y sus secuaces del gobierno.

Grecia, Portugal e Irlanda, que todavía pagan la factura del rescate de la crisis de 2008 y que ya conocen los dientes de los tiburones, no movieron tampoco ficha para alinearse con las peculiares reivindicaciones del ególatra sin mascarilla. Nadie olvida de qué manera acabaron Tsipras y Varoufakis en la política griega después de ponerse chulitos y desafiar al euro.

Así las cosas, hemos visto a Sánchez y al PSOE muy cerca de la tentación de desempolvar la inmensa bandera que el Gobierno de Aznar colgó en su día en la Plaza de Colón, para confundir la patria con el lomo de sus propios intereses y convocarnos a todos al espíritu de una autarquía pseudo franquista que Podemos habría transformado en el viejo cubanismo del bloqueo por parte de la troika: contra el malvado imperialismo, como contra Franco, la izquierda vive mejor.

Lo malo, ya digo, es que Sánchez no resultaba creíble ni para los socialdemócratas más ortodoxos del Viejo Continente. Y menos aún teniendo como socio a un tipo que hasta antes de comprarse un chaletón y rodearse de soldadesca, como si viviera en un castillo medieval, sostenía que había que salir del euro, nacionalizar la Banca y dejar de pagar la deuda…

Con esos bueyes no se podía arar el campo de la desconfianza que bloqueaba estos acuerdos y resulta comprensible que Rutte (ni Cazalla de la Sierra) se fiaran un pelo de abrir el alambique de las ayudas y de los préstamos sin exigirnos un control de alcoholemia exhaustivo de lo que el Gobierno español pensaba hacer con el dinero.

Hace apenas un mes, Pedro “el resistente” (para nuestra desgracia) todavía hablaba a boca llena de un Plan Marshall donde él se veía como el principal receptor de una lluvia extraordinaria de millones regalados de los bolsillos prudenciales de los contribuyentes de la Europa frugal.

Tal vez creía en la posibilidad de que le financiaran un muro en los Pirineos, pero a estas alturas ya le han dicho que corra el aire y nada de obras sin licencia de puertas para adentro. Luz y transparencia, paso a paso, con revisiones periódicas y “aceitunita comida, huesecito al plato”, que no está la vieja madre Europa para que le expriman las ubres con el dispendio caprichoso y el chuliplayerismo arribista de un trilero de tercera fila cuya ministra de Hacienda aún pronuncia “Uropa”.

Para colmo, el 25% de las ayudas habrán de dedicarse a la integración de inmigrantes, de modo que a partir de ahora veremos pudrirse de asco a los jubilados y parados españoles mientras los colectivos foráneos tendrán acceso a prestaciones que no podremos ni soñar los nacionales.

Así las cosas, el varapalo a las pretensiones del Gobierno por parte de los países más serios ha sido antológico, pero lejos de venir con el rabo encogido, Narciso Sánchez se presentó ayer en la Moncloa con andares de vacilón y acogieron al compi entre aplausos, como si volviera de nadar en los Juegos Olímpicos sin obtener marca ni medalla, pero celebraban que llegó a la meta y no se había ahogado, lo mismo que hubiesen celebrado que la UE no le había incautado el Falcon que le pagamos todos. Un éxito.

He dicho.


2 Comments

  1. Mientras no haya un líder de la oposición, nos seguirán desgobernando los enemigos de España, toda esa panda de delincuentes e ignorantes. Que pena España!

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