Los trabajos de segunda

Todo el mundo opina sobre “la mejor tortilla de patatas” por lo que con su permiso, un servidor también lo hace. En mi opinión está en un bar de barrio en Madrid en donde, sin publicitarla, la preparan. Eso sí, en pequeña cantidad.   

Lo comento solo a personas allegadas o que se lo merezcan o a Vd. como lector con mi agradecimiento, si le apetece conocerlo. Porque imagine que sin quererlo se hace viral, las cosas se van fuera de control, alguno ve la oportunidad para conseguir su propia notoriedad en las redes sociales llamándolo “lugar recóndito” o “templo de no sé cuántos” y la cosa se desborda.   

La señora que las hace, tan agradable como de edad provecta, lo mismo se asusta ante la avalancha al no poder atenderla y fastidiamos el asunto. 

Quizá esas tortillas están exquisitas porque se hacen pocas y sin prisas. Como todo lo que sale bien. Con suerte y acertando en la hora habrá tortilla para el que vaya y si no pues que disfrute de la leyenda.   

Me llama particularmente la atención el hijo de ese matrimonio que son dueños del bar. Está a los mandos de la barra, aún estando los padres por allí y saca mucho trabajo, está atento a los cobros, pagos y proveedores… El tipo, con un rictus serio hace ciertos comentarios breves sobre lo que lanza la tele o hace reflexionas propias. Son más bien sentencias, en las que se nota que es persona “leída”, con rasgos de “estudiada”, criterio propio y que sabe interpretar la supuesta verdad de la tele mañanera. Seamos sinceros: no pega mucho allí; me lo imagino más bien impartiendo clase en algún sitio, poniendo en marcha algún algoritmo (¿se dice así?) o en una reunión intentando imponer con habilidad su criterio. 

Ganada la confianza que da el ir por allí de vez en cuando le pregunté una mañana, eso sí con mucho circunloquio, que “qué hacía allí”. Y tan lacónico como siempre me comentó que era licenciado en no recuerdo qué y esta era su manera de estar con los padres todos los días (y vigilarles dada su edad), ya que abrir el bar cada mañana seguía siendo su ilusión, vivían a escasos metros y no eran gente “ni de quedarse en casa ni de ir a una residencia”. Y concluyó diciendo que “tampoco con lo que hacía antes ganaba tanto e iba todo el día como p… por rastrojos”. Añadió que le parecía bien “darle dignidad al negocio como se la dieron sus padres cuando eran más jóvenes, pero de una forma más actual” 

Esto tiene que ver con un movimiento de vuelta que se percibe por parte de españoles a trabajos “de segunda” (tremenda expresión) que se nota que regresan desde otras profesiones. Hablan con pasión de los zapatos que arreglan, de los materiales que usan, te invitan a ver su pagina web, alguno se ha hecho especialista en “pies de gato” con gran éxito…   

Lo mismo ocurre con panaderías y con tiendas de composturas. Y seguro que hay más profesiones. No todos son ya extranjeros que hacen trabajos que los de aquí rechazaban. Por ser precisos, es cierto que se advierte menos esta “vuelta” en hostelería y reformas; seguramente por la dureza.

Por ahí fuera (cuando digo fuera ya sabemos que hablamos de los países al norte de los Pirineos que tenemos siempre en mente) se ve que esta tendencia se ha consolidado. El valor de la persona no está en el trabajo que desempeña sino en “cómo” lo desempeña, la pasión que le pone, etc. por lo que se puede ver en “esos trabajos” tanto al ciudadano local como al extranjero.   

Alguno de estos profesionales que está en “oficios” me comentó que en su caso consiguió reposicionar su cabeza, que las tonterías se difuminaran y cambió una tarjeta con un título largo y un sueldo corto (más una pequeña indemnización) para no obstinarse en lo mismo, sino aprovechar lo aprendido y aplicarlo para hacer algo digno en donde se pudiera expresar y dedicarse a ello con la pasión del artista y no con la desidia del “currela”. 

Esta es una opinión personal, vaya por delante, pero pienso por muchas razones que este país no engancha o ha perdido algunos trenes de estar tirando fuerte en tecnología. Los oficios, los trabajos otrora llamados “de segunda” pueden marcar una diferencia para este país (que falta hace) si conseguimos dignificarlos al máximo.




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *