Los palos de golf de Batman

La secuencia de hechos, decíamos ayer, estaba destinada a ser reveladora… Cientos de zurdos de tapón irrellenable clavaban su rodilla en tierra (con el puño en alto) y, casi a la misma hora, quién sabe si como consecuencia de ello o en relación causa-efecto, Sánchez aparecía en el plasma para bendecir esa orgía de adoratrices y calimocho.

Algunos dudan a esta hora si conviene o procede pedir al cura párroco Bergoglio canonizaciones puntuales para George Floyd y Spike Lee o si hacerlo en masa para los santos fundadores de la secta, entre cuyas piedras angulares estarían lo mismo Carlos Marx y Lenin que Kunta Kinte, los teólogos de la Liberación y el Ché Guevara… Lo que sucede es que el Ché arrodillaba a sus prisioneros, también negros, antes de perforarles el cráneo de lado a lado con un disparo. Que lo beatifiquen en las camisetas.

Lo de Sánchez de momento no puntúa mientras él mismo no se arrodille en pantalla como un Trudeau transpirenaico, cosa que el equipo de Redondo estuvo valorando hasta el último momento si sería rentable o contraproducente. Al final lo descartaron, primero porque no lo hubieran entendido las bases en Olivenza o en Villanueva del Fresno, y de ahí a perder las elecciones sólo media la convocatoria de las mismas. Y en segundo lugar, porque no lograron imaginarse a Merkel, ni a Macron, ni a Boris Johnson postrados de esa guisa.

Es más, de haberlo hecho, sugirió alguien en el equipo de asesores, las redes se habrían visto inundadas de inmediato de paralelismos con el capítulo 1 de “Black Mirror”, la distopía de Netflix en la que un primer ministro británico es obligado por sus asesores y por la presión popular y mediática a bajarse los calzones, en hora punta y en directo, para zumbarse a una gorrina blanca, retransmitido al mundo entero, para salvar de las garras de una banda terrorista a una ciudadana secuestrada. Iván Redondo lo tuvo claro a partir de ese momento.

La opción B del equipo de asesores tampoco resultó muy plausible que digamos, pues Sánchez se despeñó otra vez en su alocución dominical, o sea, en su homilía de la secta, por la pendiente del disfraz de Roberto Alcázar o de Batman en lucha contra una presunta trama policial con las caras pintadas como el Joker y una trama civil armada con palos de golf. Y no cuela, claro, porque, francamente, la gente empieza a estar hasta los huevos de los pangolines de tanto cuento chino interpretado en simultáneo por Sánchez y su socio, el fanfarrón Iglesias.

En el sanchicomunismo saben que no habrá modo de tumbar a su gobierno en los próximos tres años con un parlamento tan inestable que no tiene fuerzas ni para caerse.

Hasta hace relativamente poco tiempo, los pactos con los nacionalismos se hacían por unos o por otros a base de entregar algunas inversiones o de ceder la gestión de competencias y el consiguiente control presupuestario, pero empiezan a saber que eso ya no es suficiente, porque lo que piden ya los independentismos es que les entreguen los despojos de la dignidad de las instituciones y dejar el Estado hecho pedazos.

En algún momento de todo este proceso, cuando la UE apriete un poco y el pueblo no soporte más una situación tan ruinosa como la que nos espera, a la oposición no le va a quedar otro remedio que presentar una moción de censura, aunque sea para perderla, pero aún habrán de mediar las elecciones vascas y gallegas, entre muchas otras, incluidas las próximas municipales que, de agotar la legislatura, se celebrarían antes que unas generales…., si el cuerpo y la piel de toro aguantan.

Pero aún hay más, porque si llegamos al radar de unas elecciones, con esa manera que tienen Illa, Simón y sus expertos de contar los muertos, con la desfachatez de Sánchez para la mentira, con el escrúpulo mostrado por Marlaska para la componenda y con la clase de pulcritud que muestra Iglesias en cada intervención parlamentaria, imaginen cómo será el recuento de Indra si sabemos la dejación e irresponsabilidad que acreditan las Juntas Electorales Provinciales. Hervirá el puchero. Y también los pucherazos.

Sánchez trafica con mentiras a siete bandas y cambia la baraja de cartas en mitad de cada partida como un croupier tramposo, pero el coronel Pérez de los Cobos no se pierde entre tanto mamoneo de prestidigitadores y señala al núcleo irradiador de Marlaska, pillado in fraganti con los calzoncillos a media asta, cuyo único objetivo ha sido en este entuerto el de atropellar a la Justicia, de la que proviene. La deshonra e indignidad del ministro marcará para siempre a este socialismo infecto y trabucaire.

Iglesias, mientras tanto, deja hacer a sus paramilicianos del guerracivilismo infantilizado, que inundan las paredes de Sevilla con sus carteles de Abascal, al que ya desean muerto antes que sencillo, a la vez que destrozan estatuas religiosas y escaparates comerciales. No se asusten, porque Iglesias firmó su certificado de defunción a la vez que la hipoteca de su finca de Galapagar y no lo soporta ya ni Varoufakis.

PS: Y C’s…, cazando moscas.

He dicho.




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