Los ministros de Pancho Villa

Aquí vale todo, señoras y señores… A Sánchez le caben el Titanic y las tres pirámides de Egipto; la Moncloa, con sus ciervos, y el Museo del Louvre; la Trump Tower de Nueva York y la Burj Khalifa de Dubai; el laboratorio subterráneo de Wuhan, con sus pangolines secos, y el Oceanario de Lisboa… O sea, lo que se dice todo.

En mitad de la “penúltima” prórroga del estado de alarma (pero también en mitad del Congreso de los Diputados) se levanta el Notario Mayor del Reino, uséase, el ministro de Justicia -lo escribo así para que me diferencien esta vez de la ministra de Igualdad- y proclama sin venir a cuento, en respuesta a una diputada filoterrorista, que nos encontramos “en una crisis constituyente que lleva a un debate constituyente”. Y ustedes y yo sin enterarnos.

El barbarismo podría haberlo pronunciado una señora de Bildu con bigote o un profeta racista y bizco de ERC…, y habría carecido de significado, pero no un ministro de Justicia de un gobierno que apura la excepcionalidad constitucional prevista y sufre ensoñaciones indiciarias de una sedición en ciernes: la suya.

El temblor de los más conspicuos inversores extranjeros debió alcanzar las dos cifras en la escala sísmica de Richter y así no levantaremos cabeza nunca, porque no se le ocurre ni al que asó la manteca, pero sí a un ministro de Sánchez, que no hay ninguno que no meta la gamba cada vez que habla.

Sin entrar en muchos detalles, por no crispar, tenemos el Consejo de Ministros que soñaba Pancho Villa, cada cual con sus cartucheras y correajes disparando al viento entre relinchos de caballos y mulas tordas.

Cosa tan enloquecida no recuerdo desde los funerales de Arafat, sacado a hombros de un marasmo de la Mukata de Ramala, el cuartel general de Al Fatah, mientras las milicias palestinas atronaban el cielo con los AK-47 en un fervorín de tiros demencial, asimilable a los alrededores coheteros de la Ermita de Doñana por Pentecostés.

Al líder palestino -otro terrorista con Premio Nobel de la Paz en las manos y van ya…, ni me acuerdo- lo movían en un Sikorsky gigantesco de la Lockheed (GB), ese gargantúa con rotor y palas. A Sánchez le mola más el SuperPuma de Eurocopter (Airbus), de tamaño medio. El del accidente de Rajoy y Aguirre era un Bell estadounidense, como un utilitario. Digo esto por si hubiese alguna posible relación predictiva entre el grado de los disparates y el tamaño de los artefactos que usan los caudillos para sus desplazamientos.

O quizás pudiera adivinarse en función del número de escoltas que utilizan, en cuyo caso el marqués del FRAP empieza a asemejarse a Gengis Khan o por lo menos a Gadaffi. Hasta 50 agentes de la Guardia Civil se contabilizaron el otro día en los alrededores de la mansión del subcomandante para alejarle las cacerolas y las vuvuzelas del sueño reparador de los críos y de los bambis del entorno.

Y en el caso de Iglesias, así lo digo, a mí no me parece mal del todo, habida cuenta que lo mismo que un ejército de guardias sirve para impedir el paso de entrada, también, llegado el caso, puede servir para que el que esté dentro no se escape. Conviene tenerlo en cuenta, por si acaso salta la sorpresa en un juzgado.

Pero vuelvo a los ministros rasos, los de andar por casa… La Baronesa del 8-M me dijo ayer en el Congreso que durante la pandemia he sido “servicio esencial” porque soy ‘amo de casa’, manda huevos… Le preguntaré a mis dos hijos, varones por más señas, pero quizá lleve razón la ministra, porque aquí las féminas han brillado por su ausencia mientras las curvas eran una flecha puntiaguda que casi rompe la lámpara del techo y mis muchachos se queman al freírse un huevo. Igual me dan una medalla o me ponen un sueldo y una casa de acogida, como a una ‘denuncianta’ de la viogen esa, qué ilu.

Yo estoy ya hasta las narices de que el Gobierno sólo dé buenas noticias, como si el Consejo de Ministros lo presidiera Anne Igartiburu. Anuncian partidas millonarias en un país que sigue funcionando a golpe de Real Decreto Ley y con el presupuesto que aprobó Rajoy en 2017 y no tienen un duro.

El dinero, en boca de Marisú, no es nada y se crea sólo con mentarlo, como aquel caravanserai que conocí en Tombuctú, que pensaba que los blanquitos (los ‘tubabu’) teníamos cada uno en nuestra casa una maquinita de fabricar billetes y le metíamos vueltas a la manivela cada vez que lo necesitábamos.

El marqués del FRAP anunció el 19 de marzo 300 millones para medicalizar las residencias y obtener equipos de protección para los profesionales, los cuales se debió tragar la tierra o estarán en la bodega de los vinos gordos del sótano de Galapagar.

Pero los ERTE no llegan, las ayudas a los autónomos tampoco, los contratos de Illa desaparecen, Inditex cierra 300 tiendas en España y declara pérdidas de 409 millones de euros durante el confinamiento… Y mientras todo eso, aprueban como una panacea el ingreso mínimo vital de 415 euros cuando hasta el mes de enero era al parecer insoportable un salario mínimo de 800 pavos. ¿A quién engañan?

Pero déjenme que le recuerde algo al ministro reconstituyente de Bovril o de Justicia, a quien, como tal, debiera sonarle una mijina el art. 169 de la Constitución Española, que establece: “No podrá iniciarse una reforma constitucional en tiempo de guerra o de vigencia de alguno de los estados previstos en el artículo 116″… Es decir, que el estado de alarma tiene nombre de ministro y el Gobierno de Sánchez es un puro alarmismo.

Aquí no cabe ni un incompetente más, pero a Sánchez le cabe el Queen Elisabeth III, el Palacio de Hielo lleno de ataúdes y seis estadios vacíos de fútbol con las gradas repletas de sus asesores a dedo.

PS: Y C’s…, rellenando quinielas, que la Liga retoma el pulso.

He dicho.




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