Basta con haber vivido durante los últimos años del franquismo, para recordar que si aquello no fue perfecto, tampoco puede identificarse con la montaña de mentiras sobre las que muchos interesados han conseguido construirnos esa parte de nuestra historia.

Que el falseamiento de la realidad lo ejecuten quienes se  consideran enemigos o perjudicados por el franquismo, es comprensible. Así como que algunos intenten eliminar sus culpables complejos políticos ante el hecho irrefutable de que el general muriera en la cama y fuera despedido cariñosamente por millares de españoles. 


Lo llamativo es comprobar que, además de quienes ni siquiera llegaron a conocer el franquismo, mucha de la colaboración necesaria para  implantar esas falsedades y groseras manipulaciones procede de aquellos que personal o institucionalmente, en sí mismos o a través de otros, resultaron grandes favorecidos por él.

Esto nos alerta de que la nobleza y la lealtad no son valores que hoy se coticen al alza… Pero tampoco convendría ignorar que una vez comience la macabra danza de esqueletos orquestada por la izquierda, no habrá huesos que queden sin riesgo de ser removidos.