Los dioses de la demagogia barata

Para no liarnos… Mientras Yolichari I de Podemilandia se afana en buscar una oferta de trabajo digna, de calidad y perdurable a una mujer, africana, sin formación académica, con hiyab, perteneciente a un colectivo LGTBI, discapacitada, con hijos, etc, millones de españoles se preguntan cómo lograrán sostener sus actuales contratos (quien lo tenga) hasta alcanzar la nueva edad de jubilación y sumar los años necesarios para poder retirarse del mercado de trabajo.

Incluso aquellos que han alcanzado o merodean la edad de 65 y necesitan sumar más de 37 tacos cotizados se preguntan de qué modo (sin ser funcionarios, claro, ni autónomos o profesionales liberales con un despacho propio que todavía les funcione) conseguirán que sus empresas les mantengan en plantilla con la edad normal de jubilación sobrepasada y a sabiendas de que millones de jóvenes podrían cubrir su vacante por mucho menos de la mitad del coste.

Saben que están condenados a morir con una losa insalvable encima que les impedirá completar el cómputo del mago Escrivá Tralará, quien se ha sacado de la chistera una carestía y un inflación demoledoras que prolongan la condena a bogar amarrado al banco de una galera a punto de irse a pique y que lanza por la borda a quien puede ser sustituido con facilidad para reducir los costes de la empresa y de paso incorpora a alguien más joven y más rentable.

Ni siquiera nadie medirá en términos de eficacia o de experiencia acumulada la tarea a desarrollar, entre otras cosas porque los sectores emergentes traerán incorporada de fábrica la tragadera de una necesidad perentoria, además de bonificaciones y ayudas del Estado y de las respectivas comunidades autónomas.

Menos circunloquios se necesitan, una vez aclarado esto, para saber que hay ya millones de personas destinadas de manera casi indefectible a vagar el resto de sus días con una pensión minimizada hasta la ridiculez y calculada con el soporte de una prolongación improvisada de la base de cotización que no les permitirá sumar en la prestación ni para pagar el recibo de la luz.

A largo plazo, ni les cuento lo que sucederá con una población juvenil que padece más de un 40% de desempleo y cuya cotización comienza cada vez más tarde, incluso por encima de los 35 años, caso, por ejemplo, de esa presunta chavalería de los Iglesias y los Errejones, que son los únicos que han salvado, con el momio de su entrada en política, un futuro que, de otro modo, no les permitiría acceder a la jubilación hasta cumplidos los 90 años y por una cantidad que daría para comprar un cartucho de pipas quincenal.

A Yolichari I de Podemilandia nada de esto le ocupa ni le preocupa, pues su misión en el mundo oscila ahora entre elegir blusas regaladas con muchos plisados y puñetas marca Loewe o Must y abrirle un nicho de mercado a una inmigrante irregular, con hiyab, lesbiana, madre de seis hijos, discapacitada y (esto sobre todo) que la vote a ella pase lo que pase para el puesto de jefa de vestales en el panteón de los emperadores zurdos ungidos por los dioses de la demagogia barata.

He dicho.




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