Los caníbales serán nuestra merienda

Por si alguien no lo sabe todavía, permítanme que les recuerde que todas las revoluciones terminan igual: se comerán a los caníbales, como averiguó el más lúcido escritor del siglo XX, Jorge Luis Borges.

Hasta la fecha nos habíamos valido de la posibilidad de depositar un voto en una urna cada cierto tiempo y con ello, más o menos, nos hemos mal defendido de la disolvencia pretendida, pero se acerca el día en que necesitaremos algo más para salvaguardar lo que este país había logrado y que un grupo de insensatos se ha encargado de dinamitar…

No se pregunten por qué lo han hecho, porque no hay razón ni entendimiento capaz de enjaretar dos argumentos asumibles para explicar lo sucedido. Un partido agotado, un grupo de individuos sin ciencia ni conciencia, sin nada que ofrecer, nos ha regresado a la orilla de un desastre que cuentan los libros de Historia mil veces y hasta la saciedad desde antes de Viriato.

De momento nos valemos con opinar lo que consideramos oportuno y retuiteamos la demencia que nos inunda por todos lados. Con ello creemos protegernos y que nos ponemos un poco a salvo de la perversidad de los iluminados del yihadismo, de la estulticia animalista y del igualitarismo, de las chorradas del femicinismo, de las aberraciones comunistas y podemitas, de las majaderías de los nacionalistas o de cualquier otra extravagancia mesiánica de esos caudillos redentores que aparecen siempre para cambiar el rumbo porque no encontraban nada mejor que hacer con sus vidas.

Nadie les ha pedido que carguen sobre sus hombros la tarea de remover los atardeceres, pero una vez que inician la ímproba labor de modificar algunas pequeñas circunstancias, se sienten llamados a redenominar el alba y a recalificar las parcelas en el cielo. Y no nos dejarán vivir en paz.

Hace muchos años descubrí que hay una manera de sembrar esperanzas en la sociedad que es fatídica y fatal: si logras que una buena porción de gente crea en tu patraña y abomine del resto, la sociedad entera estará perdida, porque detrás de la línea del horizonte, aunque no lo sepan, sólo hay otro horizonte y no es nuevo, sino el mismo, pero más allá.

Llevamos milenios dando vueltas y aún hay muchos que parecen no haber entendido que el mundo es redondo o circular y que no hay promesas redentoras ni ilusiones nuevas porque es una noria que gira y acabamos siempre en el mismo lugar. Se hace el camino al andar…

Pero llegará un día, muy pronto, que tendremos que hacer algo para salir del aventurerismo ciego y de las corrientes que empujan hacia ese sumidero estúpido y lleno de terrores fácilmente imaginables al que nos aproximan, porque la Historia está plagada de viejos precedentes y no han servido de vacuna…

Llegará un día, digo, en que tal vez nos toque organizarnos incluso más allá de las instituciones para hacer frente a tanta insolencia y a tanta gilipollez reconcentrada que hemos admitido en nombre de una ‘tolerancia’ infantiloide que es tan inasumible en sus extremos como cualquier otra utopía; y las utopías, simplemente, sólo pueden serlo y carecen de ningún agarre con la realidad…, así que llegará un día, sí, llegará.

Toda la palabrería hueca que utiliza Pedro Sánchez carece de valor alguno y es hojarasca seca que cuando estemos hartos de estar hartos arderá como una tea y el socialcomunismo nos reventará en la cara a todos y ensombrecerá lo que las generaciones anteriores nos habían legado.

Creímos haber sido capaces de desarrollar la etapa más larga de prosperidad y paz de nuestra Historia, pero este ejército de incompetentes y malvados, aprovechando la circunstancia anecdótica de una epidemia de apariencia bíblica pero que sólo es una ventana por la que entra un frío de sabañones, ha preferido sacrificarlo todo en un altar de caprichos enfrentados que pretende derribar la casa para refundar sobre las ruinas una incierta arquitectura de aspiraciones místicas y prohibiciones en la que no sabremos ni podremos respirar…, ni siquiera con mascarilla, que es una forma de cobrarnos el oxígeno que consumen nuestros pulmones y la luz del sol nos la cobrarán a través de lo que llaman energías renovables. Es decir, hemos entrado de lleno en la vía del capitalismo-comunista de los chinos, donde los negocios se hacen por cojones y por imposición.

Creo muy acertado lo que señalan algunos sobre la ceremonia del otro día, que no era un funeral de Estado sino un funeral del Estado…, pero para fingirse muerto y revivirse con una furia renovada que nos implante un miedo helado y busquemos el refugio de su inoperancia como última tabla a la que agarrarse en este naufragio irremediable de invenciones desastrosas.

Han hundido el Titanic de la prosperidad de España en apenas seis meses de gobierno, pero no lo olviden: todas las revoluciones terminan del mismo modo y los caníbales serán devorados por aquellos a quienes se pretendieron merendar.

He dicho.




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