Los asnos asaltan la Constitución

Ha transcurrido todo un año desde que el entonces (y todavía) ministro de Justicia declarase en la tribuna del Congreso de los Diputados que “estamos en una crisis constituyente que lleva a un debate constituyente”. Y no nos habíamos enterado…

Luego pidió disculpas, porque dijo que no quiso decir lo que dijo, pero tan lo dijo como ayer, un año después, otro ministro, Miguel Iceta, pronunció en la misma tribuna que con los indultos “quizá podamos esperar un poco más (tono condescendiente) para que se den las circunstancias para permitir una reforma, deseable, de la Constitución en un sentido federal”. Que quien plantee semejantes reformas de fondo sea un asno con el bachillerato terminado y no insignes tratadistas del Derecho ya da idea de la idiosincrasia del plan.

Nadie diga que no estábamos avisados de que el PSOE, que acusa a Vox de inconstitucionalidad porque aspira a restar competencias a las autonomías, pretende reventar las costuras de la Carta Magna y, por idéntica regla de tres, en sus estatutos aún figura la aspiración republicana de abolir la Monarquía y poner en la Jefatura del Estado a un Echenique cualquiera.

Esta es toda la cera que arde en los pebeteros que adornan los pasillos de la Moncloa y sólo el pueblo con sus votos (y el Gobierno con su recuento de los mismos) podrá decidir el futuro de un país achicharrado por la demagogia y por las componendas de la partidocracia.

Zapatero, en alianza con un tipo que mostraba ya indicios graves del alzheimer que en pocos meses se lo llevó por delante, Pascual Maragall, fue el gran iniciador de este disparate cuando pronunció que aprobaría el proyecto de Estatuto de Cataluña que le trajesen y aseguró que dentro de diez años Cataluña estaría mucho más anclada y más unida en los valores constitucionales y que todos tendríamos oportunidad de comprobarlo por nosotros mismos. Que Santa Lucía le conserve la vista y Nostradamus le proteja su profética clarividencia…

Así pues, según Iceta, España vivirá en los próximos 500 o 1.000 años a la espera de que se den las circunstancias apropiadas para reformar la Constitución, de tal guisa que vivamos condenados a la permanente inseguridad jurídica de si somos o no somos, un país o una excrecencia.

Lo acientífico gana por goleada cuando alguien afirma que “no hay mujeres que maten a sus maridos” y entonces los sindicalistas condenan a quien desmiente semejante patochada o cuando Merche Aizpurúa se lleva las manos a la cabeza por la violencia machista pero se niega a condenar los asesinatos de su banda terrorista favorita.

Ya saben ustedes que la llamada violencia vicaria se ejercita sólo en el caso de los varones, aunque luego los datos lo desmientan y se compruebe que son el doble las madres que asesinan a sus hijos por venganza (salvo excepciones de locura, no resulta concebible que ningún padre o ninguna madre asesine a sus hijos si no es por hacer daño a un tercero), por darle donde le más le duele, porque la violencia no tiene género y esto es lo más prudente y pacato que cabe decir en semejantes casos. Acientífico, dice el tío… y se queda más ancho que largo, sólo por enmascarar su cobardía.

Pues nada, sigamos hasta estar atiborrados de demagogia y de espantajos para que se den las circunstancias, como dice Iceta, para transformar una de las naciones más antiguas del mundo en una trama federalista de intereses que el mundo nunca antes había contemplado, porque, casi sin excepción, los Estados federales surgieron siempre de la unión de pequeños reinos o naciones encaminados a un interés superior, pero nunca, como se pretende ahora en España, de la disgregación de lo que estaba unido y constituido para desvanecerse en una atomización de la soberanía nacional.

Van a contrapelo de la Historia y eso sólo puede terminar en una coz.

He dicho.




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