Los aliados de Pancho Villa

Habría sido necesario vivir encerrado en una cápsula en el fondo del mar estos últimos tres años para no haber comprendido ya la intención y el destino cierto que nos espera con Pedro Sánchez al frente de un Gobierno que además precisa (y precisará) de todo ese chancleteo pinturero de socios tales como los bolivarianos de Errejón, los stalinistas de Iglesias y Yolichari Díaz, los infames de Bildu, sus correligionarios golpistas de Catalumnia de cualquier tendencia y todo el resto de mariachis similares repartidos por el arco parlamentario…, incluido aquel menguante de Teruel existe.

Así pues, cabe pensar que el potencial votante del PSOE o de toda esa tropa de excrecencias que a estas alturas haya resistido firme en su intención de voto es lo que podríamos llamar “el votante irreductible”, una operación matemática que ya no admite simplificarse más.

O son convictos y confesos partidarios de la dictadura del proletariado, o infalibles seguidores de sus caudillos o gente agostada por una hemiplejia grave que no tiene curación. La otra posibilidad, ya digo, es que se trate de personas tan profusa y minuciosamente desinformadas que, en plena era de las telecomunicaciones, vivan enclaustrados en esta sociedad de la desinformación televisiva, cosa que tampoco cabe descartar del todo habida cuenta el entreguismo periodístico impudoroso y abrasivo en el que mucha gente vive, pegando saltos entre Rociíto y las isla de las tentaciones, con paradas técnicas para el avituallamiento en el Sálvame o en los telediarios de Piqueras y resto de la corte televisual: Évole, Mejide y demás parafernalia de la bufonada.

Siendo todo esto sorprendente, que ni en sus mejores sueños pudo imaginar el mismísimo Santiago Carrillo que el comunismo descarnado alcanzaría semejantes cotas, aún lo es más la olvidadiza sinfonía que parecen interpretar en el PP, cuyos ensayos de la partitura para alcanzar la gobernanza chirría y desafina cuando, en lugar de aferrarse a los principios, permite que se le desangren cuatro millones de votantes (y veremos cuánto más) por el flanco de estribor mientras se aborrega y se atocina por el de babor a pesar de la experiencia tangible acreditada por Isabel Díaz Ayuso en las elecciones de Madrid.

Se diría que Casado, pero también Feijóo, Juanma Moreno y hasta Almeida han olvidado pronto que el PSOE no pacta nunca nada si no es para mantenerse ellos en el poder, de modo que si consideran que, llegada la hora, el PP obtendrá algún beneficio del PSOE en aras de la estabilidad o siquiera del bipartidismo, los creo muy equivocados y van directos (nos llevan) hacia el acantilado del fracaso, sin entender que les bastaría con mantener una distancia suficiente de Vox en algunos temas pero sin permitirle a la izquierda la masiva demonización que hacen del partido de Abascal, cosa que ni se molestan en practicar con afines incluso al terrorismo o a las tiranías clásicas de su imaginario.

Casado necesita a Vox si quiere representar una amenaza seria para ese amasijo de incompetentes caprichosos que cada día se parece más a los gobiernos de la II República, donde el órgano colegiado había dejado de existir y cada ministro ejercía sus poderes y competencias sin permitir a los de otro partido u otra corriente que les afearan sus decisiones, lo que terminó por convertir al Consejo de Ministros de España en una banda de villanos de Pancho Villa.

Si Casado cree que su menguada lista de diputados crecerá hasta la mayoría absoluta o que encontrará alguna clase de ayuda de emergencia en el PSOE, llegado el caso, entonces habrá que pensar que los asesores de Génova se han pegado un chocazo contra una estantería y que han perdido el juicio. Y de paso, cuanto más se acomodan en el regazo del PSOE bajo la espesa teoría de la “colindancia” de Feijóo o del buen rollito de Juanma Moreno con Espadas, los bufidos de Abascal, Olona y Espinosa de los Monteros reciclan votos llegados de todas partes, pero sobre todo de un PP que no acierta a comprender que si el bipartidismo para ellos es muy importante, más lo es la recuperación del pulso y la estabilidad de esta España que agoniza entre excentricidades de ministros innombrables.

He dicho.




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