Lo peor de todo

Lo peor de todo lo que nos ocurre no es que Pedro Sánchez sea una personalidad egocéntrica y narcisista lindante con la psicopatía, repleta de ambición y sin ningún tipo de escrúpulos, un individuo totalmente amoral. Que lo es.

Lo peor de todo no es que este personaje llegara al poder a lomos de una mentira basada en una sentencia judicial en la que se introducían frases ad hoc y sin base real alguna, y que se utilizó como excusa para unir a todos los enemigos de España en una moción de censura amañada desde los más oscuros despachos. Ni que desde entonces no haya dejado de mentir sin pausa, afirmando con total seguridad lo absolutamente opuesto a lo firmemente prometido anteayer sin la menor muestra de vergüenza ni pudor.

Lo peor de todo no es que se esté cercenando la libertad de expresión de todos aquellos que no se pliegan al pensamiento único progre izquierdista revanchista y falseador de la realidad pasada, presente y futura, con leyes totalitarias y una colonización absoluta de los medios de comunicación, ahogando económicamente a los disidentes y, ahora, además, amenazándoles hasta con penas de cárcel.

Lo peor de todo lo que nos ocurre no es que hayan ocupado las instituciones y desmantelado el poder judicial, colocando a una fiscal general del Estado que es una sicaria política y corrompiendo a la abogacía del Estado, que ya no es más que la abogacía del Gobierno.

Lo peor de todo no es que estén demoliendo una a una todas las bases de una democracia para convertir nuestro sistema en uno autoritario pero vergonzante y parapetado detrás de unas supuestas “garantías constitucionales” que ya se han encargado de amañar.

Lo peor de todo no es que tengan amordazado y marginado al Jefe del Estado y desde el propio gobierno se encarguen de desprestigiar y amenazar a dicha institución día sí, día también, por ser uno de los baluartes de la forma de Estado actual.

Con todo, lo peor de todo lo que ocurre no es que el gobierno de España se sustente en los votos de comunistas radicales cuyo modelo ansiado de Estado es una dictadura bananera y los de unos separatistas insurrectos y fanáticos, responsables de haber dado un golpe de estado en octubre de hace tres años para destruir la unidad de España y que ahora colaboran directamente con esa destrucción desde el legislativo.

Siendo una ignominia sin parangón, lo peor de todo lo que nos ocurre no es que los cómplices y herederos de los asesinos de más de 800 inocentes sostengan con sus votos muchos de los acuerdos de este gobierno y con ellos vayan a sacarse adelante unos presupuestos del Estado. Ni que un vicepresidente del Gobierno diga que esos malnacidos “han entrado en la dirección del Estado” (al que quieren destruir).

Lo peor de todo, con ser trágico, no es que desde este gobierno, ocupado como estaba y está en su agenda ideológica y de deconstrucción de España tal y como la conocemos, se haya realizado una gestión criminal de la pandemia con mentiras y engaños continuos (desde mentir sobre la incidencia del virus en marzo para poder realizar su celebración feminista de propaganda hasta la supuesta innecesaridad de las mascarillas o el falseamiento del número de muertos)  y sin adoptar las medidas necesarias cuando hubieron de tomarse ni proveer a los sanitarios de medios para defenderse del virus, siendo responsables directos, a causa de todo ello, de miles y miles de muertos.

Si me apuran, lo peor de todo lo que nos ocurre no es que la mayor parte de la supuesta “oposición” se haya abstenido o directamente votado a favor de hacer enmudecer al Parlamento durante seis meses con la excusa de la pandemia, liberando de todo control parlamentario la acción de gobierno y dejando el campo libre para todo tipo de desmanes por parte de este, mientras esa mal llamada “oposición” se dedica, unos a arrodillarse y humillarse ante el gobierno buscando un acuerdo rastrero que se les regatea vez tras vez mientras se pacta con los enemigos de España y otros, acosados por problemas judiciales, a pactar la renovación de los órganos de gobierno de la justicia por ver si así salvan los muebles… Todo ello mientras unos y otros insultan miserablemente y sin descanso a esa otra parte de la oposición que sí se opone frontalmente y en solitario a la deriva totalitaria de este gobierno.

Lo peor de todo no es que se vaya a modificar la ley del aborto para que niñas de dieciséis años puedan llevarlo a cabo sin la autorización ni conocimiento de sus padres, en lugar de eliminar todo tipo de ataque a los no nacidos, ni que se legisle y privilegie la eutanasia o que se elimine el español de muchos rincones de nuestra patria….

Lo peor de todo lo que nos ocurre no es todo esto ni muchas otras cosas. Se hace imposible enumerar la sucesión de catástrofes que para nuestra nación se están perpetrando a diario y con la mayor celeridad. Produce vértigo pensar que todo ello se ha hecho en apenas un año. 

Lo peor, lo prácticamente irreversible ya, lo realmente trágico, es que todo esto está pasando sin que una inmensa parte de nuestra sociedad reaccione. Y no por cobardía, que sería una cierta justificación, sino por algo peor: porque cree que no hay nada por lo que reaccionar, porque a estos compatriotas nuestros les da igual todo.

Una sociedad a la que parece darle todo igual mientras pueda continuar con su tren de vida y sus necesidades más primarias cubiertas, narcotizada como está entre el miedo a enfermar o perder el trabajo, la incultura y la desinformación, es una sociedad fallida.

Últimamente se habla mucho de “Estado fallido”, pero es mucho más dramático que eso: una sociedad fallida precisaría comenzar de cero y bastantes generaciones de deseducación para que nuestros hijos, o quizá nuestros nietos, recobraran los valores perdidos.

Hemos alumbrado una sociedad destruida por más de cuarenta años de una labor perseverante por parte de los dos principales partidos de este país para despojarlo de señas de identidad, de principios y de dignidad. Gracias a una incesante cadena de cesiones a nacionalistas y separatistas de todo pelaje, un repugnante y progresivo blanqueamiento de los asesinos y una renuncia absoluta a la defensa de cualquier tipo de valor superior, unos por convicción y otros por cobardía acomodaticia con tal de llegar o mantenerse en el poder y disfrutar el mayor tiempo posible de la comodidad de las poltronas.

No nos engañemos: los políticos de un país no son más que el reflejo de su ciudadanía. Y es así como entendemos a Sánchez y su cohorte de farsantes: esa tarea destructiva de nuestra identidad tanto moral como nacional ha dado sus nefandos frutos.

Una sociedad de borregos que no cree en nada.

Y ESO SÍ ES LO PEOR DE TODO.




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1 Comment

  1. Olivares dice:

    Gran artículo!! Efectivamente la indiferencia del pueblo es aterradora pero es el resultado de un proyecto de ingeniería social brillantemente ejecutado.

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