LO MÍO. La piel humana

 

#LoMío

De las múltiples taras que aquejan al ser humano, quizá sea el racismo la más estúpida de todas. Cantaba el jamaicano Bob Marley en su himno “War”, que mientras el color de la piel de un hombre tenga mayor relevancia que el de sus ojos habría guerra. El aserto es tan simple como acertado. Las diferencias entre los hombres existen y existirán, por desgracia o no; eso -entre otras circunstancias- nos hace desemejantes a las otras especies que habitan el planeta. Pero segregar al otro por la pigmentación de su piel es algo tan estúpido que discrimina en realidad a quien lo practica.

Mi buen amigo Esteban, que discurre sus días por tierras surafricanas y conoce de primera mano la circunstancia que concurre en este artículo, una vez me contó la anécdota de cierta madre de raza blanca que escuchaba a su hija pequeña relatarle en la intimidad de la cocina que tenía una nueva amiguita en el cole. La señora parecía no prestar demasiada atención al relato de la pequeña quien narraba los juegos y la buena conexión que mantenía con su nueva amiga. Como quien no quiere la cosa, y con estudiada indiferencia, la mujer en cuestión inquirió a su hija por el color de la piel de su nueva amistad. Ésta, dejó por un momento su quehacer sobre el cuaderno escolar extrañada y pensativa por unos segundos. “No lo sé mamá, no me he fijado en eso”, respondió.

La historia tiene para mí tanta esperanza en el futuro de la humanidad que no me he podido resistir a escribirla para todos ustedes en este humilde epítome semanal.




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