Lo macareno que es Raphael

A veces somos aquello que ni nosotros mismos sabemos. Lo que yo habré pensado que Raphael acabaría en La Macarena. Lo que yo habré imaginado que Raphael terminaría apuntado a esa cofradía itinerante de la vida que es la Esperanza. Siempre que en sus mensajes por redes le leía, en el remate de sus palabras ilusionadas, lo de Palante!, yo me decía: “Hay que ver lo macareno que es Raphael”.  Eso de palante! es muy andaluz, muy de Linares en el caso de Raphael; pero también muy sevillano de la muralla y del Arco.

Ayer acabó Raphael donde yo sabía que acabaría. Más tarde o más temprano yo me esperaba que sus pasos, los pasos que han recorrido el mundo entero del éxito por donde el éxito traza el camino de unos pocos elegidos,  llegarían hasta La Macarena.

Un hombre que desde sus luchas y sueños diarios nos anima a todos a conseguir los nuestros con un palante!, no tenía más remedio que dar con sus ojos de incansable entusiasmo ante los ojos sin rendición de La Macarena, Madre de Dios y Madre nuestra, Virgen de Sevilla, nuestro Faro y nuestra Guía en la letanía buzoniana que la cantó como escudo de gloria, copla de nuestros sentires, calle de nuestro cielo… Y ahora Patrona de los trasplantados hepáticos.

Raphael llama siempre a Sevilla “mi Sevilla”. Ayer, ante la Esperanza, Raphael fue más todavía “nuestro Raphael”, que es de macareno más de lo que él hubiera imaginado nunca cada vez que ha escrito para el empuje de las cosas de cada día y para cumplir el hermoso deseo de vivir, ese palante! como una rúbrica de esperanza en la madrugada de tantas existencias, cuando La Macarena, de frente, nos busca la mirada antes de que creamos habérsela buscado nosotros a Ella. Es esa mirada que jamás se caerá de las pupilas del hombre que viendo todo un mundo, ha terminado por descubrir que era más macareno de lo que él sabía.




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