Liberales sin VOX

La reciente marcha de Iván Espinosa de los Monteros evidencia varios hechos que, a mi juicio, eran de por sí indiscutibles, como es el grado de manipulación de los medios de comunicación en España en busca de la audiencia y el sensacionalismo, y los ejemplos en este sentido son bastante elocuentes, ya que los medios de izquierdas y buena parte de los afines a la pseudo-derecha pepera han tratado de señalar en todo momento a VOX como un partido ultraderechista, pero ahora les interesa reconocer que había liberales en el partido y que se están yendo los moderados del mismo, algo que es paradigmático en el caso de Libertad Digital, ya que en un pasado reciente, Jiménez Losantos ha presentado a Iván Espinosa como un radical e integrista religioso del Yunque para mostrarlo ahora como una derecha culta y liberal.

Es evidente que Espinosa de los Monteros era uno de los grandes activos de VOX, y pese al viraje proteccionista del partido, Abascal pretendía mantenerlo como portavoz de en el Congreso, consciente de que es un buen orador, sin sucumbir a las presiones de su entorno más cercano, que pretendía sustituirlo por Buxadé.

La elegancia y la caballerosidad que ha mostrado en su marcha encubren los motivos políticos (además de los personales) que han pesado en dicha decisión, ya que los afines a su línea política habían sido marginados del Congreso, siendo el caso de figuras tan destacadas y, en algunos casos, valoradas por las bases, como Rubén Manso, Víctor Sánchez del Real, Inés Cañizares, Víctor González, Francisco Contreras, José María Figaredo, Mireia Borrás y tantos otros. 

Al elemento anterior se suma la nula autocrítica que desde la Dirección de VOX se ha hecho por los malos resultados electorales, que se han saldado con una pérdida de 600.000 votos y 19 escaños, de modo que ante la combinación de ambos elementos, Iván Espinosa ha demostrado su grandeza política y su patriotismo por haberse dedicado durante unos años de manera temporal al servicio público cuando podría ganar mucho más dinero en el sector privado como estaba haciendo hasta entonces, y además, en las filas de VOX, de modo que no puede servirse de las puertas giratorias al venir de las filas de un partido que es rechazado por los poderes fácticos, que buscan estabilidad a cualquier precio, y prueba de ello es el líder de la patronal Antonio Garamendi, que ha defendido el indulto a los golpistas catalanes y gobiernos en los que VOX fuese excluido. 

No deja de resultar paradójico que aquellos que celebran la marcha del máximo exponente del ala liberal de VOX se topen como sustituto del mismo con alguien igualmente rechazado por ellos como Steegmann, que de manera antiliberal dijo que los médicos y enfermeras tenían el deber moral de vacunarse, una opinión sin rigor ni fundamento científico, ya que la vacuna del Co-Vid no tiene una eficacia del 100 %, sino que por el contrario disminuye la posibilidad de contagios y bajo el supuesto de caer, contraer el virus con menor gravedad. En este sentido, el otrora portavoz de Sanidad del partido fue contra la línea del partido, que consistía en defender la libertad de vacunarse, algo que hacía de manera arrogante, sin respetar las opiniones de quienes discrepaban de sus tesis, por lo que lejos de ser un activo es una losa para el partido. 

Conscientes de las dos alas antagónicas (liberales e identitarios) que existen en VOX, cuyo choque cada vez es más evidente, la Dirección del partido ha tratado de manera torpe de disipar los titulares de fractura y escenificar unidad interna, y un ejemplo significativo se vio cuando el programa económico del partido fue presentado no sólo por el propio Iván Espinosa (que no en balde es economista) sino por Buxadé, que podrá ser un abogado del estado con una sólida formación jurídica, pero carece de las nociones más elementales de economía, es decir, por los máximos exponentes de las distintas alas de VOX, lo que lejos de escenificar unidad sirvió para evidenciar el creciente peso que están adquiriendo las tesis de Buxadé en VOX con el beneplácito de Abascal. 

La continuidad y el futuro de un partido radica en garantizar el equilibrio interno entre las diferentes sensibilidades ideológicas que coexisten en su seno, ya que se puede votar a una misma formación política por diferentes motivos, y prueba de ello es que en el PP actual conviven desde liberales clásicos como Ayuso a tibios socialdemócratas, de modo que cada perfil de votante tiene una voz que represente sus ideas, mientras que en VOX ya no coexisten varias familias sino que cada vez más se impone una sola ideología, que pasa a ser la oficial. 

De manera paradójica, VOX está siguiendo la misma deriva que Podemos, hundido cada vez más en la irrelevancia por sus formas y mensajes radicales, purgando a aquellos que no comulguen con las ruedas de molino marcadas por su líder supremo, y VOX (de manera sorprendente) está optando por parecerse a la caricatura que de ellos han hecho la izquierda política y mediática, convirtiéndose en lo que sus enemigos dicen que es, y de este modo (a menos que rectifiquen el rumbo emprendido), de la mano de Buxadé van a conseguir los mismos votos que su admirada Falange. 




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