Las verdaderas amenazas llegan por correo

Lo más grave de las presuntas cartas con balas es que la intención de las mismas no era finalista, sino meramente instrumental y me explico… Lo que se pretendía con ellas, a lo que parece, no era tanto amenazar a sus destinatarios (espero que algunos directivos sean llamados a explicar cómo es posible que en nivel de alerta anti terrorista 4 llegaran a su destino… suponiendo que sea cierto que llegaron), sino sugerir que dichas cartas guardaban alguna clase de conexión con algún segmento militar dada la munición empleada. Munición la 7,62 que, al parecer, no es desde hace algunos años la standarizada en el uso militar.

O sea, lo que esconde todo esto era dejar caer al soslayo que en plena campaña electoral hay “ruido de sables”, lo que se corresponde como un guante con el “Necesitamos tensión (crispación)” que le pidió Zapatero al hermano del candidato socialista al finalizar una entrevista en una ya lejana campaña electoral. Se ve que las verdaderas encuestas deben ser demoledoras para los intereses de Iglesias.

Algo así como introducir en la contienda, aunque sin decirlo, de manera críptica y enrevesada, que existen razones para votar a los extremistas de izquierdas porque la democracia estuviera en peligro. Así de rara y complicada es la mente de un perverso como Iglesias al que le pirran esta clase de jugadas conspirativas pero a la que esta vez al menos, se diría que le ha faltado simplificar el mensaje para consumo masivo.

Demasiado críptica, tal vez, la componenda que habían amañado quienes hayan realizado el envío por correo: insisto que suponiendo que dicho envío haya sido cierto, habida cuenta las contradicciones insalvables en los sellos utilizados, en la falta de registro, en el uso de la tipografía de plantilla, en las certificaciones “A su procedencia” sin remitente o la práctica imposibilidad de que una carta de ese tipo logre traspasar los scanners de Correos y de las instituciones receptoras, etc.

Como nadie dedujo en primera instancia la oculta lectura pretendida, al candidato sólo le quedaba armar un cipote y convertir en la cuestión central la presunta ausencia de condena de la violencia.

Pero ocurre que la candidata de VOX sí condenó en la SER toda clase de violencia venga de donde venga y lo hizo con meridiana claridad y parsimonia. Y luego animó al candidato a que llevase su denuncia a una Comisaría “y si usted no condena los ataques de Vallecas, lárguese si quiere. Lo que he dicho antes es que ya no nos creemos nada de este Gobierno”.

¿Qué era lo ofensivo de toda esa charla? ¿Acaso decirle que se largara si así lo deseaba cuando el propio Iglesias pidió en comisión parlamentaria a un diputado de VOX que cerrara la puerta al salir? ¿Tal vez sugerirle que condenara los sucesos de Vallecas? ¿O simplemente le pareció ofensivo escuchar que los españoles no nos creemos ya nada de este gobiernillo?

En definitiva, ¿por qué se levantó de la silla y quiso hacer creer a los oyentes que VOX no denunciaba el empleo de la violencia? Me parece que Iglesias olió el tufo a ruina que se le avecinaba y ensayó el histrionismo último para desviar la atención sobre lo que estaba oyendo.

Lo grave, yo diría, no es que la presunta moderadora, que hablaba de tú a Pablo como si fuera un amigote mientras recriminaba a su rival con un “señora Monasterio” y la calificaba de “ultraderecha” en clara actitud de neutralidad (ironía mode On), se deshiciera en mimitos y se tragara la añagaza perpetrada por Iglesias con teatralidad calculada, sino que muchos biempensantes poco sospechosos entre nuestros conciudadanos también se tragaran la trampa para elefantes y asumieran el discurso de que Monasterio no quiso condenar la violencia, cosa absolutamente falsa y ya quisiéramos los españoles que al menos el conserje de Podemos (no ya sus dirigentes) condenara siquiera una sola vez el asesinato de Miguel Ángel Blanco o el secuestro salvaje de Ortega Lara. En días separados, si lo prefiere, para que les duela menos.

Es un absoluto ridículo impostar la reprimenda y el victimismo cuando hablamos de unos tipos que pactan con los herederos de la ETA, que han acercado a mansalva a los sanguinarios presos vascos en contra de Prisiones y que han alentado por activa y por pasiva la violencia directa ejercida no en genérico sino en hechos tan concretos como las pedradas de Vallecas o Navalcarnero y que promovieron los escraches de todo tipo contra cargos públicos como “medicina democrática del pueblo”.

De la ‘rentabilidad’ política de atraer los focos sobre uno mismo ya he hablado aquí recientemente y repito que VOX no le hace ascos a una vieja táctica de la izquierda que al PP durante años le producía urticaria, de modo que a la menor presión salían huyendo, lo cual acrecentó el éxito del calificativo de “la derechita cobarde”, acostumbrada a hacer cesiones para no entrar en el cuerpo a cuerpo con sus rivales.

A la izquierda no sólo le interesa crispar, sino que disfruta con ello y lo tiene incorporado en su disco duro porque a sus adversarios del PP les salían sarpullidos cada vez que les enseñaban los dientes con cualquier asunto espinoso, ya fuese Franco, los LGTBI, la memoria democrática, el aborto, la violencia de género, etc, como si tuviesen algo que ocultar que les impidiera dar la batalla de las ideas.

La prueba última de todo ello fue la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz parlamentaria en cuanto dejó clara su disposición a confrontar en todo terreno con un discurso propio.

Esconderse una y otra vez asumiendo las posiciones ajenas con votos a favor de las propuestas de la izquierda, o con la abstención para no significarse, dejó abierta la puerta a otra manera de afrontar los debates.

Y cierro: me gustaría saber cuál de las dos posturas es más rentable a corto, medio y largo plazo, pero me temo que lo de Madrid, con los riesgos evidentes de fraude que amenazan en el aire, no será la mejor oportunidad para comprobarlo. Y, ¡ojo!, la amenaza en esto también llega… por correo.

He dicho.




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