Las residencias de mayores una responsabilidad de todos
“Hoy son nuestros seres más queridos los que están en ellas, mañana seremos nosotros”

Por María Sofía García-Palao Redondo

Quiero hacer esta reflexión en voz alta con la esperanza de que puedan cambiar las cosas para mejor, puesto que queda mucho por hacer.
¿Cómo debería de ser la residencia de mayores que nosotros deseamos para nuestros seres más queridos, o para nosotros mismos llegado el momento? ¿Cómo desearíamos que fuera la Residencia de Mayores en la que como trabajadores quisiéramos trabajar?

Vamos a empezar reflexionando sobre los tres pilares que en mi parecer se apoya la atención integral de una persona mayor con cierta independencia y la atención a una persona mayor con dependencia total.

Con frecuencia en muchas residencias no se tiene en cuenta la importancia de la relación de la familia de cada residente con ellos y con la propia residencia. Estas personas mayores necesitan de forma especial el calor de los suyos para sobrellevar la desorientación que les provoca el no estar en su ámbito físico y afectivo.

Los tres pilares imprescindibles en la atención integral, de una persona mayor que necesita asistencia, son por tanto:
1. Cubrir y resolver todas sus necesidades básicas: alimentación, aseo, vestido, administración de medicinas, cambio de ropa, ayuda en sus desplazamientos, realizarle los movimientos de fisioterapia esenciales para conservar lo mejor posible su movilidad, ect..
2. El segundo pilar tan importante como el anterior o más, es la atención psicológica. Esta muchas veces se deja en manos de la animadora, animador o terapeuta ocupacional del centro, sin contar que esta persona no puede llegar diariamente y en cada momento, a cada residente en todas las circunstancias.

Aunque una persona dependiente o relativamente dependiente, sepamos que tiene muchas necesidades asistenciales, sin embargo, si les preguntáramos qué es lo que necesitan, nos daríamos cuenta de que es poquísimo lo que anhelan:

 

NO SENTIRSE SOLOS,
El CARIÑO DE LOS SUYOS,
NO SER UN ESTORBO.

 

Pongo con mayúsculas estas tres necesidades para que nos hagan reflexionar, en lo que se acaba resumiendo una vida de entrega, trabajo, desvelo por los hijos, soledad, privaciones, lágrimas y lucha por alcanzar un bienestar mejor para los suyos. ¿No es de justicia que cuando ya no pueden valerse por sí mismos, les agradezcamos su esfuerzo en la vida con la mejor de las atenciones?

Hemos de tener en cuenta que el ingreso en una de estas residencias no implique una cierta despersonalización, es decir, olvidar que esa persona tiene unos gustos, preferencias, hábitos, aficiones, y hasta pequeñas manías que la residencia debería conocer y en lo posible respetar, lejos de uniformar con unos mismos criterios a todos los residentes.

Esta pandemia ha puesto boca arriba muchas cartas que no conocíamos, o que habíamos olvidado, que es responsabilidad nuestra (familia, dirección de la residencia, organismo competente y sociedad), que todo debe de funcionar con excelencia en las residencias de la tercera edad, y aunque sabemos que son contados los casos de maltrato, son muchísimas las residencias por no decir todas las que pueden y deben mejorar considerablemente esta asistencia.

¿Qué se necesita por tanto para lograr una alta calidad en cualquiera de ellas? ¿Por qué hay tantas deficiencias que mejorar? Pues la ecuación es muy fácil a simple vista: ¿No será que una de las causas es que se pretende llegar a más residentes con el menor personal posible, como forma de invertir menos dinero o tener más beneficio?

Soy sanitaria y he trabajado 40 años en distintos hospitales, he tenido familiares directos en residencias, por tanto se de lo que estoy hablando. Hoy está de moda justificar por los directores o los altos mandos de todos estos centros incluidos los hospitales, que se cumple con la ratio establecida por los organismos competentes, sobre el número de trabajadores que se necesitan por residentes, o enfermos en caso de los hospitales. Esta parece ser la tapadera para que salgan rentables al Estado o a los propietarios de las residencias las cuentas. Si dos o tres trabajadores tienen que atender a 20, 30 o 40 personas dependientes, encamadas o con diversas demencias, es imposible que ese personal trabajador no esté altamente estresado, sin olvidar que normalmente ese mismo personal tiene que atender otras muchas tareas. Y cuando se está estresado y hay una alta responsabilidad en este tipo de trabajo, es muy complicado tener tiempo para decir unas palabras, para hablar, para sonreír, salvo en personas con verdadera calidad profesional y condición humana.

En segundo lugar cualquiera no sirve para este trabajo, me explico:

Hay trabajos, especialmente los sanitarios, que requieren de personal cualificado humanamente para desempeñar estos puestos, se necesita una capacitación especial para tratar a estas personas tan vulnerables, como seres humanos, al igual que ocurre con los enfermos y con los niños. No solo debería de bastar tener un título de enfermera, de médico, de auxiliar, de cocinera, de limpiadora o psicóloga, sino que a ese currículum habría que añadir una serie de cualidades humanas imprescindibles para este trabajo: amabilidad, empatía, sonrisa fácil, respeto, intuición, alegría, disponibilidad, compañerismo, responsabilidad, capacidad de ver más allá de lo que estrictamente el trabajador cree que le corresponde, y en todo momento tener una palabra amable y cariñosa con el anciano o la anciana, una palabra cada vez que se tiene contacto con ellos, procurando empatizar con cariño.

Yo siempre digo que la medicina sin humanidad no cura. Estos gestos pueden aliviar enormemente sus tres necesidades que al principio me atreví a enumerar y sus dolencias. Pero si nos damos cuenta, este requisito humano no se exige en ningún currículum, y por tanto puede haber muchas personas trabajando sin vocación en estos lugares, y no deberían de estar en ellos.

Ya tenemos dos soluciones para mejorar las cosas:

 

MÁS PERSONAL
QUE ESTOS TRABAJADORES TENGAN LAS CUALIDADES PROFESIONALES Y HUMANAS IMPRESCINDIBLES PARA UNA CALIDAD ASISTENCIAL EXCELENTE.

 

Todos tenemos experiencia alguna vez tanto en un hospital, consultorio, o residencia, de cómo cambia nuestra esperanza cuando quien nos recibe lo hace con cariño y empatía.

3. El tercer pilar asistencial de una persona mayor es LA FAMILIA. Con mucha frecuencia no se considera para nada la familia inmediata de estos mayores, son parte inseparable de ellos. Nunca se hizo ese ingreso para sentirnos alejados y muchísimo menos tener la sensación de perder todos los derechos como hijas, hijos, padres, madres, hermanos o hermanas.

He comprobado con frecuencia en mi vida profesional que la información adelantada a los hechos evita el miedo, la ansiedad y los desvelos que acompañan a estas circunstancias. He leído estos meses sobre plataformas de los familiares de residentes de la tercera edad, y todos se quejan de lo mismo: falta de información y hermetismo.

Muchas veces no se ha informado a las familias de cómo se estaba gestionando la pandemia dentro de la residencias desde el principio, y el número de casos que comenzaba a haber en ellas, amparándose en la ley de protección de datos. La protección de datos quiere evitar dar a conocer el nombre de un paciente o usuario y los datos referentes a su vida privada o enfermedad, a la que todos tenemos derecho que nos proteja, pero si unos padres llevan a su niño a una guardería y en esta hay un brote de varicela, la encargada de la guardería no podrá decir el nombre del niño que tiene varicela, pero sí que hay un brote de varicela en la guardería, derecho del resto de los padres de conocer el riesgo en el que se puede encontrar su hijo/a y a tomar las decisiones oportunas.

En muchas residencias no se ha dado esta información desde un primer momento, hasta que ha saltado a la luz de la calle, a través de distintos familiares, que se han ido buscando para darse la noticia de que el Covid-19 estaba alojándose en muchas habitaciones de la residencia ya. El sufrimiento que han soportado las familias en este año de la pandemia ha sido INIMAGINABLE.

Se hubieran necesitado muy pocas palabras para evitar muchísimo dolor y miedo si diariamente cada familia hubiera tenido o tuviera una llamada de teléfono informando sobre la situación de su familiar: si ha comido bien, si está bien, si ha caminado, qué actividades ha hecho, si está contento o contenta, como duerme… Y si para eso se necesita una persona dedicada el día entero para hacer esas llamadas, que la pongan, porque es ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLE. (No es suficiente que se excusen diciendo que la familia puede llamar cuando quiera para informarse de su familiar, ya que al ser muchas las llamadas, hay problemas de comunicación y de que el personal esté ocupado).

 

LA FAMILIA SÍ ES TAMBIÉN PARTE DE LAS COMPETENCIAS QUE DEBE ASUMIR UNA RESIDENCIA RESPECTO A LA FRECUENTE INFORMACIÓN, ATENCIÓN PSICOLÓGICA Y EMPATÍA.

 

Esto está tan relacionado con reducir de manera importantísima el sufrimiento, la ansiedad y el miedo, que aquellas residencias que sí comparten esta cualidad y atención, disponen de un psicólogo y de una dirección, que con frecuencia se reúne con los familiares que lo deseen, para poner en común pautas de mejora en la asistencia de los mayores y en dar respuesta a las necesidades de los familiares.

Por último quiero hacer una llamada de atención para distinguir entre las personas que están en las residencias de la tercera edad y que se valen por sí mismas, sobre todo si sus cabezas están bien y se pueden relacionar con sus familiares de una manera espontánea, por el teléfono o en presencia, y entre las personas totalmente dependientes que no pueden hablar o explicarse, que no pueden quejarse, que no pueden decir cómo se encuentran. A ninguna se le debería de privar de estar con su familia el mayor tiempo posible, pero sobre todo a estas personas con esta dificultad añadida. En esta pandemia, durante largas temporadas, los familiares no han podido ver a sus padres o hermanos y ellos a sus hijos/as sabiendo que estaban aislados en sus habitaciones, los que se valen por si mismos pueden explicar al menos por teléfono a los suyos cómo se encuentran, no es así en el caso de los que no pueden hacerlo, ha habido videollamadas, pero en la cresta de la ola tampoco estas se han producido y las que ha habido en algunos lugares han sido semanales. Ha muerto muchísima gente sola, privando del más elemental de los derechos, a tener al menos un ser querido al lado. Yo me preguntó… ¿no se puede poner el mismo EPI que se pone el sanitario a ese familiar para que en el último suspiro pueda coger su mano? Sin lugar a dudas esto ha sido lo más duro de esta pandemia, pero algo hay que aprender siempre para mejorar.

El trabajador entra y sale de la residencia al acabar su turno, vuelve a su casa o la calle, y cuando vuelve al trabajo se pone el equipo protector. ¿Es que acaso un hijo o un familiar no va a asumir ese mismo riesgo que el trabajador asume por un ser tan querido?

Soy matrona y creo que ningún ser humano debería nacer solo ni morir solo, espero que el reclamo de tantas familias por este derecho haga que el gobierno y los organismos competentes den respuesta a esta necesidad y pongan los medios para que no vuelva a repetirse esta situación tan dolorosa que de por vida llevan esos familiares en sus corazones.

Vuelvo al inicio de esta reflexión, conseguir LA EXCELENCIA PROFESIONAL es la mayor satisfacción que se puede tener como empresario, como país y como profesional.

Los familiares, muchas veces, cuando buscan una residencia para llevar a sus seres queridos, van comparando entre las distintas que visitan antes de tomar una decisión, es lógico que en lo primero que se fijen sea en el espacio, la luminosidad, el confort de los sillones, las vistas desde la ventana, porque todo eso es importante; algunas residencias cambian con frecuencia los muebles o los uniformes de sus empleados para dar una imagen mejor, yo he trabajado en ocasiones en hospitales con unas dependencias que hoy coloquialmente podemos llamar cutres, pero donde el personal merecía la excelencia por su calidad humana y profesional, aquello al final era secundario porque lo que verdaderamente valía era la calidad humana, la residencia más sencilla si tiene estas cualidades puede ser el mejor espacio del mundo para vivir, pero la mejor dotada de recursos si no está habitada por todo lo anteriormente dicho, estará muy lejos de la excelencia que buscamos.

Animo a todos y a todas las personas a que hagamos lo posible, para que las residencias de la tercera edad merezcan la excelencia en beneficio de todos. Hoy son nuestros seres queridos y posiblemente un día seamos nosotros los usuarios. Y también en beneficio de todos los trabajadores y trabajadoras que dedican tantas horas a un trabajo durísimo e insuficientemente pagado. También estos trabajadores merecen tener un psicólogo que les apoye y un fisioterapeuta que les ayude a proteger sus columnas de estar permanentemente cargando el peso de los ancianos y a sobrellevar el desgaste enorme que conlleva el deterioro permanente de esta etapa de la vida que termina una y otra vez en estas residencias.

No quiero terminar sin dar las gracias de todo corazón a estos profesionales que dan lo mejor de sí mismos para cuidar a nuestros seres queridos. Ojalá esté escrito pueda ser mi aportación para cambiar las cosas y mejorarlas.




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1 Comment

  1. María Sofía, mi más sincera felicitación por este artículo. Nuestras personas mayores sin ninguna duda se merecen lo mejor.
    Llevo ya tiempo trabajando con asuntos relacionados con las personas mayores, y los temas que mencionas son esenciales.
    Nuestra web es topmayores.es. Te quería pedir permiso para publicar tu artículo en nuestro blog.

    Un abrazo y muchas gracias por compartir tus inquietudes.

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