Las piscinas privadas, los cocodrilos y las marmotas

Hay un silogismo infalible en la política española: si alguien del Gobierno le endilga el apellido “social” a algo (a la justicia, a los presupuestos, al interés, a los escudos…), no lo dude, están a punto de robarnos la cartera.

El verano se presenta bastante más que espeso y tendremos suerte si logramos remojarnos alguna vez en el mar o en una alberca. En las piscinas privadas, ya se sabe, las chicas desnudan sus cuerpos al sol, pero en las públicas y comunitarias nos saldrá por un pico adaptarlas al decreto y tendrán, como las playas, aforo limitado.

Así que mucho anuncio de medidas sociales, eso sí, sin consignación ni memoria presupuestaria de ninguna clase, todo a dita de la UE, pero nos van a crujir los pocos ingresos que tengamos y nos dejarán en el dique seco.

Un plan renove para coches eléctricos y la apuesta por la transición ecológica y por las energías limpias, cuyo precio subvencionado lo pagamos a escote, pero mientras tengas piscina, las apuestas ‘sociales’ son el Cantar del Mío Cid y encima lo pagas tú.

Nadie sabe a quiénes pretenden engañar los secuaces de Sánchez, pero es que ya no se molestan ni en mentir. Han ocultado durante estos meses todos sus errores, los muertos y las desganas en la presunta lucha contra el covid, pero el 8-M es ahora uno de esos mega mocos pegajosos que no saben cómo quitarse de las manos.

A tenor de las encuestas de Tezanos, Simón ha perdido la última vergüenza y es que ni se toma la molestia de entramparse con los embustes como Marlasca: lo mismo resucita muertos que se los carga a un accidente de tráfico enorme o nos vacila un rato con otros 13.000 cadáveres esparcidos por los folios del Ministerio de Illa, el máximo desvergonzado.

Se me hace cuesta arriba imaginar cómo duermen estos tipos con casi 50.000 cadáveres en su conciencia, que habrían podido reducir a menos de la mitad con sólo haber suspendido una semana antes los actos masivos previstos hasta el día de las marmotas del femicinismo atroz.

Durante la moción de censura contra Rajoy, en 2018, el gran ególatra afirmó que convocaría elecciones cuanto antes. Una vez convertido en presidente bajo ilegítima estafa (pueden comprobar en la web del Congreso de los Diputados la interpretación técnica exacta sobre la constitucionalidad de las mociones de censura en España), el mismísimo sátrapa, que según la Calvo no era la misma persona del mes anterior, aseveró que la intención de su gobierno era agotar la Legislatura.

Un año tardó el fulano en convocar elecciones sólo porque, por su cerrilismo y cerrazón, se negó a un acuerdo de presupuestos. Cuando ya no tuvo más remedio, convocó elecciones, por dos veces, hasta arrastrarnos al peor escenario imaginable.

Si para la futilidad de los ecolocos, la covid19 es una respuesta del planeta Tierra que se habría cansado de nuestro modo de actuar, cabe pensar también que la pandemia sea un acto de justicia universal o una venganza de la Naturaleza contra las trapacerías de Sánchez, justo castigo a su demoledora insolvencia.

Holanda, Suecia, Austria y Dinamarca, esos paraísos imaginarios de la socialdemocracia benéfica europea, se le van a convertir a Sánchez, y en general a España, en los baluartes contra la ramplonería de los discursos y constituyen ya el núcleo duro de oposición a las políticas de gasto y desequilibrio fiscal que el sanchicomunismo compromete de boquilla en cada Consejo de Ministros.

El Ingreso Mínimo Vital, concebido de este modo, es una rémora y un obstáculo para que encuentren trabajo los parados, así que ya veremos, pero Sebastián Kurz, desde Viena, ha anunciado que tendremos que poner coto a tanta rapiña de subvenciones.

Ayer mismo terminó el estado de alarma y casi se puede certificar que en estas semanas han entrado más inmigrantes ilegales por patera que turistas con ganas de gastar y generar negocio. Es una opción, desde luego, para mantener nuestras cifras de visitantes, la de abrir las puertas a todo el que desee venir del continente africano, como los almorávides. Los recibiremos de rodillas y les propondremos un Plan E para derribar con ellos las estatuas, no sea que les ofenda alguna.

Los catalufos de Torra y Junqueras y los bascones de Bildu y PNV deberían proponer en ese caso situar una Marca Hispánica en el Ebro y llenarlo de cocodrilos fantasma como los del Pisuerga, por salvaguardar la europeidad de algún modo mientras encontramos un San Jorge o nos nace un Carlomagno o una nueva Petronila de Aragón.

Dicen que Charles Michel y Ursula von Der Leyen exigirán pactos de Estado al menos con el PP para aflojar la mosca, pero no se las prometan muy felices porque sospecho que ni por ésas harán saltar del Gobierno al bolivarianismo de Iglesias, que se conformaría con seguir trufando de barro la política española al mismo tiempo que llena la despensa del partido y se protege de los posibles ataque judiciales que le podrían empezar a llegar si Trump repite en la Casa Blanca.

A propósito de esto, recuerden que en septiembre tendrá que volver a declarar Hillary Clinton por su presunta participación en redes de pedofilia y en actos de alta traición, como ha ocurrido este mes. Esta vez han logrado tapar las noticias con las algaradas callejeras y la fiebre de las estatuas, así que veremos lo que inventan para entonces, a dos meses de las elecciones presidenciales.

Tarde o temprano, las maletas de Delcy aparecerán en algún rincón de un Ministerio o en el fondo de la piscina privada de Galapagar.

PS: Y C’s…, rellenando quinielas.

He dicho.

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