Las patadas de Sánchez a Susana Díaz en nuestro trasero

Fue en aquel proceso de primarias de mayo de 2017 cuando la por entonces presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, y candidata a dirigir el PSOE, le espetaba a Sánchez: “Pedro, yo no soy tu problema, eres tú. El problema es que de la Ejecutiva sólo quedan siete trabajando contigo. Zapatero, que tanto te apoyó, ya no se fía de ti y Felipe González también piensa que lo has engañado”.

Desde entonces hasta ahora no se ha hecho un retrato más completo de un presidente de gobierno, el cual se ha limitado en estos tres años a certificar cuanto sugerían aquellas palabras. El único error de cálculo es que las primarias las ganó “el problema” y desde entonces lo que era apenas un asunto suyo y de nadie más, se ha convertido en una cuestión de Estado que ha puesto a todo el país contra las cuerdas gracias a la insigne ignominia de una militancia ciega que sólo atiende en términos de navajazos internos y de clientelismo.

Sin ningún Rubalcaba capaz de armarle un zipizape en la trastienda, Susana Díaz ha pasado a ser Don Nadie y sobrevive sólo gracias a la benevolencia cesarista de Sánchez, a la cual no ha querido aún lanzarle en público las llaves para que le aparque el Falcon ni le ha exigido que ejerza de baby-sitter de sus niñas, pero la mantiene en el alero sólo para que sienta el escalofrío de la posibilidad de ser cesada de la noche a la mañana con un chasquido de sus dedos.

No sé si a estas alturas del partido, con un Rubalcaba enroscado en la despensa como una boa constrictor, aún habría margen para frenar la despendolada carrera de Sánchez hacia el dislate, pero de nada sirve plantearse lo que ya no es posible, porque en su magnánima soberbia, Sánchez se permitió el lujazo incluso de verter unas lágrimas de cocodrilo sobre su catafalco y mostrarse compungido por la desaparición de su fatal enemigo.

Estamos solos y ya no cabe confiar en nadie dentro del partido, ni en la lista de sus diputados, capaz de hacerle frente a ese topo que agujereó la socialdemocracia europeísta para transformarla en una suerte de revolución de la mentira que sólo busca empoderar a Sánchez, sin hacerle ascos a la posibilidad de coronar emperatriz a Begoña, aunque para ello tenga que nombrar a Iglesias mariscal y almirante general y Comendadora de la Orden de la Palabrería Hueca a su señora.

Ahora, bajo la hégira de Sánchez, el problema de Susana Díaz es que ya no sabe cómo hincarle el diente al Gobierno de Moreno Bonilla, su único refugio, sin causarle una herida a toda Andalucía. Con unas cifras, en lo que a la crisis sanitaria se refiere, muy por debajo de la media nacional, escuchar a Susana Díaz sacar los pies del tiesto contra Juanma Moreno, le arranca los jirones de la piel a los intereses generales andaluces y la sitúa en el papel innecesario de una traición que nadie entiende salvo por comulgar con las ruedas de molino de su jefe y por ameritar algún trato benevolente de Madrid.

Susana no concibe que su suerte esté echada y que ya no representa casi nada dentro de su propio partido, mientras Sánchez considera que la marca del PSOE en Andalucía tiene el peso suficiente para cambiar a la ex candidata cuando lo crea oportuno y que le saldrá completamente gratis fabricarle un entierro a modo que le permita, si le pilla en un día de gracia, acomodarla como presidenta del Parlamento regional o, si le duele un pie y se ha tomado las pastillas para la memoria, proponerla como comisaria en algún puerto deportivo donde pueda tejer su desconsuelo y escuchar las palabras que pronunció en aquel debate de primarias con Txki López como convidado de piedra.

Es muy posible que Susana Díaz no haya querido alejarse mucho del teléfono durante el mes de agosto, en la esperanza de que sonaría para invitarla a visitar al príncipe de la mentira en el Palacio de las Marismillas. No digo ya a comer langostinos, pero qué menos que recibirla diez minutos aprovechando que estaba de visita en el territorio sobre el que gobernó aquélla que en las primarias se sentía la faraona condescendiente que le endilgó al aspirante “Tu problema eres tú”.

Han pasado apenas diez meses desde la sentencia de los ERE que condenó a dos presidentes de la Junta de Andalucía y a un chorro de altos cargos por el despilfarro de casi 700 millones de euros (que se dice pronto) de los parados andaluces y, gracias al arrope mediático y televisivo, se diría que el desfalco ocurrió hace mil años, a pesar de que en el Gobierno de Sánchez permanecen dos entusiastas ‘miembras’ colaboradoras de los condenados; o sea, como para olvidarlo…

El caso es que Susana Díaz hace lo que puede por parecer que su esfuerzo sirve para algo, pero con la escasa convicción de quien lo perdió todo y no ha recuperado el sueño. Susana está imputada en su partido de haber sido la primera vez que perdieron el gobierno en Andalucía, pero, sobre todo, su mayor imputación es la de haberle rascado la herida al que hoy pastorea a su rebaño aunque sea con una coalición impensable que traspasa todas las líneas rojas.

El consejero de la Presidencia, Elías Bendodo, se las basta para apretarle las hebillas a Susana con suma displicencia, sabedor de que cada vez que la ex presidenta se pone de perfil o se pronuncia para congraciarse con Sánchez, lo que consigue es un agravio doloroso para Andalucía y sus intereses. Los Presupuestos Generales que pretende Sánchez serán una calculada bomba de neutrones sobre Susana Díaz, una patada a ella que recibiremos todos los andaluces en nuestros traseros.

He dicho.




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