Las furias contra Kavanaugh

Ilustrando una reciente noticia de ABC titulada «Kavanaugh se convierte en virtual nuevo juez del Supremo», se adjuntaba una fotografía con el texto «Manifestantes protestan en contra del juez Kavanaugh», donde aparecía en primer plano una mujer con una camiseta que llevaba la inscripción «Vote pro choice», que es uno de los lemas más utilizado por los abortistas. Éstos, bajo la invocación de la palabra «elección», en realidad exigen el aborto sin restricción alguna, con la frivolidad de quien reclama elegir matar a un hijo como si se tratase de eliminar una excrecencia de grasa abdominal. Aunque obviamente, para los «pro choice», los hijos en gestación -tantas veces niños ya casi formados y con viabilidad fuera del seno materno- no gozan de posibilidad de elección alguna a poder vivir.

Por eso la foto era muy reveladora: porque explicaba mejor que cualquier otra la auténtica causa de la furia programada contra Kavanaugh, un juez que hasta ahora se ha pronunciado como no abortista, y cuyo nombramiento podría desequilibrar -en favor del derecho a la vida- el peso entre los jueces progresistas proaborto y los provida del Tribunal Supremo de los EE.UU. Y de aquí las modernas furias desatadas contra su designación.

Pues si hay algo comprobado, es que cuando el poderosísimo lobby abortista se encuentra ante alguien que intente obstaculizar sus negocios, convocará contra él la yihad exterminadora del «todo vale». Todo: desde acusar y perseguir a quienes denuncian el repugnante comercio de restos de niños abortados, hasta intentar desacreditar a cualquiera que amenace con mermar los ingresos de sus homicidas chiringuitos. Como ha sucedido en este caso: desplegando sus garras para escarbar hasta la primera juventud de Kavanaugh (parece que por ahora no encontraron nada censurable en su infancia) y conseguir que de repente surgiera una mujer recordando supuestamente que, el entonces adolescente Kavanaugh (de 17 años), se habría echado encima de ella (15) con intenciones libidinosas, en una de esas fiestas de borrachera universitaria a que nos han acostumbrado las películas yanquis. Un episodio que según la propia acusadora no llegó a más porque se zafó de él, que tendría una cogorza monumental. Una acusación que, pese a realizarse ahora públicamente y muchos años después, no deja de ser grave, por mucho que únicamente se presente la palabra de esta mujer contra la de él, que niega tal historia. Y aunque dicha acusación no se ha podido demostrar, no deja de producir el efecto de sembrar una sospecha ignominiosa sobre este juez; que es posiblemente lo que se pretendía, para que quede marcado para siempre.

Y es que, a causa de estos movimientos pendulares tan extremos que padece la humanidad, en las acusaciones relacionadas con el sexo y la violencia hemos pasado de minusvalorar la palabra y denuncias de la mujer contra el hombre, a todo lo contrario: a minusvalorar la palabra del hombre que se defiende respecto a las denuncias de la mujer. Algo que saben utilizar sin escrúpulos tanto las feministas más rabiosamente beligerantes contra los hombres, como los abortistas militantes; dos ámbitos donde confluyen prácticamente similares personajes e intereses.




1 Comment

  1. Bolsonaro dice:

    Pero Kavanaugh ya es juez del Supremo y las tiorras se han tenido que tragar sus protestas. Aún mejor ha sido lo de Bolsonaro en Brasil: se manifestaron miles de tiorras al grito de «Él no» dos semanas antes de las elecciones. A la semana siguiente Bolsonaro había subido un 5% en las encuestas. Y no dejó ya de subir. Parece que los brasileños (y las brasileñas, cabe añadir aquí) no quieren saber nada de las tiorras ante las que aquí nos inclinamos (y no precisamente por su belleza).

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