Las “Fiestas Covid”

Periodistas y “expertos” varios comentaban recientemente en antena el grotesco, tremendo hecho de las Fiestas Covid. Son aquellas, explicaban, en las que un infectado por este nuestro virus, normalmente un joven, pues se dedicaba a intentar contagiar al resto con toda deliberación, acercándose a unos y otros, y tocándolo todo y a todos.

Somos muchos los que le tememos más a otras cosas que a este virus, pero este sería otro tema. Para el caso, aceptemos la opinión vigente de que el Covid 19 es el gran enemigo peligrosísimo a combatir, a costa de lo que sea. Ese era desde luego el punto de vista de los comentaristas que, con horror, hablaban de tales criminales “fiestas”.

Aunque terrible, el fenómeno no es tan sorprendente. Primero, porque los criminales existen. Luego, que es un tipo de crimen-gamberrada, con mezcla de elementos desafiantes, antisistema y del malsano pero innegable placer de destruir (romper cristales, lanzarse por la carretera toda velocidad y sin permiso de conducir, y cosas semejantes, son actos espantosos  pero a la vez… comprensibles. En su brutal egoísmo, tienen algo de oscuramente gratificantes sobre todo para un cierto tipo de joven: satisface el amor al peligro, la necesidad de desafiar las normas, y el instinto básico, ese sí que lo es, de la gamberrada).

Así pues, el fenómeno no es, por desgracia, algo tan increíble. Se dieron casos parecidos,  y aun peores con el Sida. Increíble fue, para mí, la actitud de las eminencias que analizaban el problema.

-¿Cómo podríamos acabar con la moda de los jóvenes que ponen en peligro la vida de tantos por hacer una gracieta?- preguntaba una. Y la “experta” contestó que tenía la solución perfecta. Algunos creímos que iba a sugerir que unos meses de cárcel podrían quitarle rápidamente atractivo a esta forma de “diversión”. Pero la experta, con aire de originalidad, expuso otra línea de actuación:

-Esto se soluciona diciéndoles a estos jóvenes que su comportamiento va a ser muy perjudicial para su futuro. Porque en el desempleo que va a producir esta pandemia sabemos que los jóvenes se verán muy afectados, así que deben comprender que no han de actuar así porque los perjudicados serán ellos. – (Imaginen una caligrafía redonda e infantil si esto estuviera escrito a mano, o bien emoticonos de corazoncitos, flores, pájaros y besos, y se harán una idea de la entonación).

Analizar las implicaciones de esta respuesta, que retrata a toda una sociedad, podía ser interminable.

Pero fijémonos sólo en una de ellas: en el ámbito educativo, la sustitución del tradicional “esto se hace, esto no” “esto está prohibido”, “esto no se toca”, es decir, de reglas fijas, normas que todos deben cumplir, como las de tráfico, y la idea de que el no cumplirlas es algo intrínsecamente malo y será castigado, la sustitución de esto tan básico por un melifluo: “Huy, no hagas eso porque te puedes hacer daño”.

A un niño que toquitea objetos preciosos y frágiles en una tienda se le dice: “No toques, que te puedes cortar y hacerte sangre”. Y las charlas formativas a adolescentes insisten siempre en lo que ellos pueden salir perdiendo si caen en tal o cual forma de delincuencia. Nada importa, por supuesto, el que dañen a otros. Ni menos el que hagan algo intrínsecamente  malo, inaceptable en sí mismo. Eso parece no existir.

No existen pues el bien y el mal. Nadie se atreve a reñir enérgicamente  a un  niño que juega con una luna de cristal (algo tan obviamente peligroso, y con más delito si no es en su casa), salvo dándole el dulzón argumento de “nene, que te puedes hacer daño”. Es lo único que debe importarle, no el ocasionar heridas a otros y daños económicos.

Y así estamos. Una vez que la idea del bien y el mal han desaparecido de la educación; una vez que el comportamiento delictivo no implica un rechazo social; que la empatía hacia el prójimo, tras tantísimo énfasis en la autoestima y en el ego, se ha terminado de extinguir, ahora que hemos llegado a esto… ¿qué hacemos?

-“Decirles a los que queriendo propagan la enfermedad que asola al planeta que esto les perjudicará en el futuro a ellos”.

Seguro que no habían caído en la cuenta. Prestigiosa experta, una pregunta: ¿A cuántos jóvenes ha convencido ya?




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