Las bañeras de morfina y el ratón Pérez

Antes de un año habrá miles de ciudadanos que habrían preferido morir de la pandemia del covid19 a vérselas con la ausencia de futuro, sin ingresos y la epidemia irreparable del desempleo.

Son tantos a los que el gobierno zurdo ha dejado y va a dejar atrás, sin presente ni perspectiva, que lo de “la nueva normalidad” podría figurar esculpido a la entrada de los cementerios como un epitafio solemne y elevar memoriales y estatuas que recuerden las cenizas lanzadas al viento en cualquier rincón de España.

A Sánchez, el presidente empedernido, le da lo mismo, porque se sueña con corona y armiño a bordo del Superpuma a través del tiempo y de la Historia, y ya no tendrá que celebrar homenajes a los caídos que entregaron su vida por la transición ecológica y la digitalización.

Vivir fuera del manto del Estado se va a convertir en una osadía sólo al alcance de las empresas capaces de sostenerse dentro de un marco fiscal tan abrumador que rayará con el latrocinio.

En el sanchicomunismo de un país en ruinas, Hong Kong, con un superávit fiscal tan sustancial que caminaba con paso firme hacia la eliminación del IRPF y una deuda pública de apenas el 0,06%, será puesta de ejemplo de la maldad del capitalismo.

Aquí, el marqués del FRAP y el conde Drácula de la Mentira hacen como que no se enteran y pretenden cargar el coste de las cosas a quien las produce. Por ejemplo, cargan sobre los bancos los costes de las hipotecas (incluso los impuestos que cobra el Estado) y pretenden ignorar que ese coste es trasladado de inmediato al precio de las viviendas: o sea, pagas tú…

Cargan la financiación del cine a las televisiones privadas y el coste de las TV públicas a las plataformas digitales, pero pasan por alto que las plataformas repercutirán eso en el precio de sus abonados: o sea, pagas tú…

Se encargan, dicen, de descarbonizar y de mejorar las condiciones del medio ambiente, pero lo regulan y lo dificultan todo y te obligan a papeleos inagotables, eliminan el diésel y tienes que comprar coches más caros: es decir, pagas tú…

Ponen impuestos lo mismo a Google que a los fabricantes de plásticos, lo que supone que ahora pagas las bolsas del supermercado y los envases y el gigante norteamericano nos va a brear con aranceles. O sea, pagas tú…

A demasiados ciudadanos aún les falta comprender que para solucionar todo lo que dicen que aspiran a resolver, lo único que necesitan es… más dinero, y sólo hay un sitio de donde lo podrían obtener: eres tú, la clase media.

A este paso no tardará demasiado en llegar el momento en que descubran que quizá resulte absurdo que vuestros sueldos os los den a vosotros, cuando es Irene Montero la que va a solucionaros todos los problemas… con vuestro dinero.

Cuando llegue ese momento glorioso, bastará con variar sólo un poco el discurso para intentar convencerte de que la razón de que pagues tú es que también eres tú el culpable y la causa de todos los problemas. Están ya en ello.

El agua, el sol y el viento son las últimas fronteras para apropiarse de nuestras vidas al completo. El agua, de momento, nos la alquilan; del sol y el viento aún no saben bien cómo apropiarse, pero están en ello y tendremos que contribuir mediante impuestos a que amanezca y a los atardeceres a través de las energías limpias.

El aire se encargan de cobrárnoslo a través del pago de las mascarillas y con la tasa del covid19, aunque luego llegue el momento y no hay respiradores y te dejan agonizando en una bañera de morfina.

Tienes que comprenderlo, pues al fin y al cabo eres blanco, heterosexual, te gustan las estatuas públicas adornando las calles y hundir tus pies en la arena, tomar el sol y el aire, sumergir el alma en la orilla y nadar por la vida, contemplar las procesiones religiosas, disfrutar de la Navidad y, a veces, también bailar entre amigos… ¿No pretenderás que todo eso sea por la cara, verdad?

Además, gracias al sanchicomunismo, a partir de ahora ya no podrás negar lo que no existe o serás considerado por el código penal de la nueva normalidad un negacionista, aunque negar lo que no existe es peor que una tautología, una estupidez, que es lo que lo les pasa a los ateos, que negar a Dios les conduce a comportarse como quien dedica su vida a proclamar la inexistencia del ratón Pérez o de los Reyes Magos. O sea, una pérdida de tiempo.

Pero a ti te cobrarán el tiempo: por ser un facha redomado y sin remedio.

He dicho.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *