Larga vida a la luz de Navidad

Un año más, la llegada del alumbrado navideño en las ciudades y pueblos produce dos efectos simultáneos:

-En el pueblo llano (llámese así a todos los que orgullosamente nos sentimos incluídos en esa denominación), una inocente alegría, un ingenuo deleite ante algo tan ancestralmente hermoso como la réplica humana al misterio de las estrellas en el cielo…

-y en el mundo analítico e “intelectual”, una crítica acérrima, un desprecio altivo, y hasta una acusación de hipocresía e incluso de inmoralidad –como si las luces aumentaran (en vez de, como creo que hacen, disminuyeran un poco) los inevitables males del mundo.

Esa anual censura y desprecio hacia el alumbrado puede afectar incluso a la alegría – ahora va a resultar que quien tiene el corazón tan intacto como para deleitarse ante unos árboles que resplandecen en la noche, pues sentirá como remordimientos por alegrarse, y lo tendrá que disimular como algo feo… 

(No concibo, por cierto, un daño mayor. Dolor y sufrimiento lo habrá siempre sobre la tierra – pero si nos quitan la alegría, ¿gana alguien algo?)

Responder con algo de lógica a tan extrañas acusaciones podría llenar varios libros. Pero por  apuntar sólo algo de manera rápida, digamos:

-Se acusa a las luces de ser un “derroche”. Derroches gigantescos y descomunales ocurren ante nuestros ojos todos los días. Pero por lo visto sólo merecen censura cuando producen belleza. Un estadio olímpico, unas rotondas monstruosas y antiestéticas, pues alguna justificación tendrán, parece pensarse. Pero si la idea es sólo producir algo “bonito”, inmediatamente se le tacha de inútil, y hasta de dañino.

-Se confronta con la necesidad y el sufrimiento que siguen existiendo (y nadie recuerda el hambre ni el sufrimiento cuando vemos una rotonta de diseño nueva). Pues miren… Muchas personas que pasan estos días en el hospital, que justo en esta fecha les toca enterrar a sus padres, experimentan, entre tanta amargura, una nota de calor humano al salir a  la calle, y entre trámite y trámite, ver las luces… Y encuentran distracción en el arbolito de Navidad del hospital en cuestión, y les calienta algo el corazón ver el espumillón a la entrada…

-Vivimos en una época de riqueza privada, privada, privada, todo de puertas para adentro. Viajes, viajes, casas de confort máximo, dientes nuevos por capricho, calefacciones, gimnasios, placer corporal máximo, gastronomía a tutiplén… Casi nada es colectivo. Pero el pobre, el abandonado, el que se ve un poco colgado y escaso de dinero, de familia y de amigos, pues al menos puede recorrer una calle iluminada y experimentar el mismo deleite que cualquier otro. Yo no concibo nada más “social”, ni que valga la pena más.

-Se denuncia, como si delito fuera, el que las luces de Navidad “incitan a comprar más”, con lo que eso, el tener su calle iluminada, “les interesa a las tiendas”. Esto se afirma con tanta seriedad, como el que triunfantemente demuestra que algo es perverso, que casi nadie se atreve a decir, ni aun pensar: Pero, ¿y qué tiene de malo?

En cualquier momento del año, el tener salud, el estar contento, el contar con cierta holgura monetaria, y con una familia bien avenida, pues eso incita al consumo (¡cuántas comidas en restaurantes, cuántos planes!). ¿Alguien deduce de ahí que la salud, la holgura, la alegría sean malas…?

Un paseo marítimo hermoso y bien cuidado sin duda invita al consumo, a sentarse ahí en sus terrazas, y, ¿dice alguien “No embellezcamos tanto el paseo, que se presta al consumo, que eso “le interesa a los bares”…?

-Y la puntilla habitual, entre los que, con buena intención pero creo que equivocadamente, defienden el punto de vista cristiano: la queja constante es que “muchas luces y luego nos olvidamos del Niño Dios”.

La sociedad occidental está muy descristianizada desde luego -¿quién lo duda? Pero, ¿la “culpa” es de los adornos y de las luces? Los descreídos no se van a convertir a causa de ellas. Pero para los creyentes es un momento de inmensa alegría: al menos hasta visualmente, el mundo, ese mundo tan descristianizado, exalta y celebra esta fecha. Para quien la quiera celebrar con devoción, las luces no estorban; es más, ayudan.




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