La ventana de Johari

Resulta curioso, al menos, cómo existe siempre una diferencia entre la forma de vernos a nosotros mismos y cómo nos ven los demás: unas veces con desviación a la baja, cuando no nos tienen en la estima que según nosotros merecemos; y otras con un sesgo al alza, cuando nos vemos sorprendidos por los halagos y las felicitaciones que a nuestro entender resultan exagerados para lo que hemos hecho o dicho.

De ahí que en varias ocasiones he comentado con amigos y conocidos la utilidad de la ventana de Johari (acrónimo del equipo de psicólogos que la desarrolló en 1955, Joseph Luft y Harry Ingham), herramienta de análisis que establece cuatro áreas de la personalidad:

  1. El área libre, aquella que sabemos de nosotros mismos y es conocida por los demás.
  2. El área oculta, aquella que sabemos de nosotros mismos pero no por los otros, que se correspondería con nuestra intimidad.
  3. El área ciega, que sería aquella que somos incapaces de ver con nuestros ojos, pero sí la ven los demás.
  4. El área desconocida, por nosotros mismos y por los otros, a pesar de que existe, pero aún no ha salido a la luz.

Traigo a colación este recuerdo de mi época de estudiante de Psicología, al ver como estamos instalados de lleno en la era del “capitalismo de vigilancia”, expresión popularizada desde 2013 por la psicóloga social Shoshana Zuboff, y que se refiere a la mercantilización de nuestros datos personales, es decir, a la transformación de nuestra información personal en una mercancía sujeta a la compraventa de terceros con fines de lucro.

Resulta llamativo cómo ha dejado de sorprendernos que en una entrevista de trabajo el oferente del puesto ya conozca al candidato a priori por lo que ha colgado en las redes, o que nos envíen publicidad de algo que hemos comentado con el ordenador apagado ( ), o la utilización indecorosa de la intimidad de un adolescente. ¿Somos realmente conscientes de que estamos alimentando un sistema con nuestros datos personales, de manera involuntaria cuando manifestamos gustos, criterios, opiniones, imágenes, a través de whatsapp, facebook, instagram, twiter, tik tok, etc.? Las multinacionales GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) nos conocen mejor que nosotros mismos, y utilizan esa información para su beneficio sin apenas tributar en los países donde obtienen su materia prima: cuando algo es gratis, el producto eres tú.

¿En qué momento abrimos la puerta de nuestra intimidad al mundo exterior? ¿Qué valor le concedemos a un secreto? ¿Conocemos a alguien que aún no haya claudicado a algunas de las aplicaciones antes mencionadas? ¿Seríamos capaces de vivir desconectados de la red?

Al hablar de distopías, se nos vienen a la mente novelas que muchos hemos leído: “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, “1984” de George Orwell o “Farenheit 451” de Ray Bradbury, y nos corre cierto escalofrío al pensar que esas ficciones se pudieran hacer realidad. Pero, ¿no vivimos ya con un Gran Hermano que todo lo ve y del que es difícil evadirse?; ¿no se está produciendo en todo el mundo una segregación social entre ciudadanos alfa, beta, gamma y epsidon en conocimientos y estatus económico?; ¿acaso no ha pasado el conocimiento de los autores clásicos a un cofre cerrado con siete llaves, sólo al alcance de unos iniciados?

Bien mirado, los autores que he citado dejaron escritas profecías con indicios que ellos fueron capaces de captar y volcar en sus obras en el segundo cuarto del siglo XX, por lo que no podemos sentirnos sorprendidos ahora como si de una repentina gota fría se tratara. Más bien, nos han ido cambiando el agua de nuestra pecera, incorporando en cada cambio pequeñas dosis de deslumbrante tecnología, y dejando atrás un plancton cotidiano que ahora echamos de menos, como las reuniones familiares, el dominó con unos amigos, o mirarnos a los ojos mientras nos hablamos.

Con la intención de ver una luz de esperanza al final del túnel, creo que siempre nos quedará como salida a esta situación releer la divertida novela, también de Orwell, “Rebelión en la granja”, que algunos asociarán a un cómic, pero que leída con detenimiento, expresa bien a las claras que en lo más hondo de nuestro ser siempre latirá un profundo deseo de libertad que no podrá ser ahogada por ninguna de las fuerzas que ahora la amenazan.

Email Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




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1 Comment

  1. Antonio dice:

    Gran artículo que nos abre los ojos para que nosotros sigamos reflexionando sobre algo tan importante.
    Gracias Maestro. Siempre es un placer leer lo que tan desinteresadamente comparte con sus artículos.

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