La unidad de la derecha y el cuñado del PP

En las próximas reuniones navideñas, los que nos hemos significado en la militancia de VOX nos tendremos que enfrentar de nuevo con la amenaza del recalcitrante cuñado pepero, el cual no contento con la política de su partido de silenciar y ningunear a VOX en todos los frentes en los que no lo necesita para gobernar (que son muchos), sostendrá la peregrina tesis de que Abascal es el más estrecho aliado de Sánchez, porque éste gobierna “por culpa” de aquél. Objetivamente, la acusación es del todo injuriosa, y la primera tentación que tiene uno es mandar a tomar aire fresco a tu querido hermano político, pero ante la extrema gravedad de la situación de nuestra patria no podemos ahora reaccionar como nos pide el cuerpo. 

En la sectaria forma de pensar de tal cuñado, si VOX no existiera o se uniera incondicionalmente a la “derecha” (que ellos entienden que es el PP) entonces ésta ganaría fácilmente las elecciones y nos veríamos por fin libres de Sánchez y de sus palmeros golpistas. En vano tratará uno de demostrar que tal hipótesis es desmentida por los hechos. En Andalucía, por ejemplo, los peperos tuvieron cuarenta años para ganar ellos solitos una presidencia que nunca alcanzaron. Tuvo que llegar VOX en 2019 (¡la derecha dividida!) para conseguir que Don Juanma fuera presidente y sin pedir nada a cambio. También se sorprenden cuando se les cuestiona de qué sirvió que Rajoy tuviera mayoría absoluta en 2011, si no cambió ni una sola de las leyes zapateriles, por las que tanto habían protestado. Y sí, también el PP (incluso Aznar) ha pactado mucho con los nacionalistas en los últimos tiempos, y les ha otorgado muchas prebendas con tal de gobernar. Pero tales datos no entran en sus molleras. Al igual que hay un sectarismo de izquierdas que prefiere pasar hambre antes de que mande la derecha, hay un sectarismo de “derechas” que lo único que quiere es que manden los suyos, aunque estos hagan exactamente las mismas políticas de sus enemigos izquierdistas. 

Este cuñado pepero se mantendrá ciego y sordo ante las múltiples y variadas razones de peso que un servidor tratará de exponer para demostrar lo absurdo de tal planteamiento. Lo cierto y verdad es que esa estrategia supedita toda la acción política de la derecha a los intereses de un partido que cuando está en el poder sin soporte de VOX apenas se distingue de los socialistas, teóricamente sus rivales ideológicos. En efecto, si uno analiza las políticas concretas y deja al lado las etiquetas teóricas (derecha-izquierda; conservador-progresista…) con que definimos al dúo PP-PSOE, ese que nos ha traído a la dramática situación actual, un análisis desapasionado demuestra que estos dos partidos tienen muchas más coincidencias ideológicas de lo que creen sus mismos votantes. En realidad, se trata de dos inmensas maquinarias de poder cuyo lema bien podría ser “quítate tú, para ponerme yo”, aunque los presupuestos de su gobernanza apenas se distinguen en la práctica. 

Los dos son partidarios entusiastas de la UE, esa que fomenta la inmigración ilegal, castiga a Polonia y Hungría por evitarla y acoge a Puigdemont. Los dos son firmes partidarios del Estado de las taifas que nos está llevando a la ruina, y en las autonomías se esfuerzan por parecer partidos nacionalistas, con leyes lingüísticas y argumentos esencialistas de las patrias chicas que no desmerecen a los que hacen los mismos separatistas. Los dos partidos se basan en la Agenda 2030, han asumido las tesis del feminismo radical en cuestión de género, han cedido a los lobbies gays y conservan las leyes de Memoria Democrática, así como la “cultura de la muerte” en su máxima expresión (aborto y eutanasia). Aunque el PP esgrime a menudo la bandera de su mejor gestión económica, recordamos también cómo la política de endeudamiento masivo y altos impuestos la inició Rajoy con el ínclito Montoro, el cual se jactaba de subir los impuestos más de lo que pedía Izquierda Unida. En el Evangelio se nos recomienda juzgar a las personas no por sus palabras bonitas, sino por sus frutos.

Objetivamente, VOX tendría muchos argumentos para romper con el PP a nivel general. Ni siquiera hace falta esgrimir las múltiples e infantiles zancadillas que este pone a nivel diario en las Cortes y en los parlamentos, cómo este partido llega fácilmente a acuerdos con el PSOE y con la extrema izquierda (esa que está dando golpes de Estado) para repartirse mesas, portavocías y comisiones dejando a VOX siempre aislada. Todos recordamos cómo hace diez o quince años, cuando VOX no existía, entonces el PP (y hasta Ciudadanos) era la “extrema derecha”, y lloraban amargamente por los “cordones democráticos” que les imponía la izquierda y los nacionalistas. Ahora son los populares, como María Guardiola o Borja Semper, los que gratuitamente ven a los de VOX como peligrosos extremistas con los que hay que marcar distancias. Como digo, existe mucha gente en VOX convencida de que la única oposición al sistema somos nosotros y, por tanto, es un error colaborar con un partido cuya prioridad es mandar ellos por encima de otra consideración, aunque sea manteniendo las políticas del PSOE.

Sin embargo, está prevaleciendo en mi partido (creo que acertadamente) una posición responsable que trata de llegar a acuerdos con el PP. La razón es evidente: la extrema peligrosidad de Pedro Sánchez, que ha asumido de forma ejecutiva las tesis rupturistas de los enemigos de España y la necesidad de frenar a este PSOE enloquecido. De hecho, las distintas coaliciones PP-VOX están funcionando bien en regiones y ayuntamientos, aunque el cuñado jamás va a resaltar positivamente este dato. Ellos prefieren el PP en solitario, como en Galicia, en Andalucía o en Madrid, donde, al margen del postureo anti-Sánchez, se sigue subvencionando a los sindicatos comegambas, se sostienen estructuras de gobierno elefantiásicas y los innumerables chiringuitos de género. En su caso, continúan con el culto irracional a sus separatistas padres de la patria (Castelao e Infante) y se mantienen leyes de inmersión lingüística a la catalana. Pero oye, ¡qué bien que no manda la “izquierda”! ¡Ni los radicales de VOX! 

Creemos sinceramente que el votante del PP idealiza a su propio partido y está siempre dispuesto a perdonarle sus incumplimientos de décadas, incluyendo el hecho gravísimo de pactar con el PSOE el reparto de los jueces y de determinados órganos, a fin de garantizar que el cortijo del Estado siga controlado por el duopolio PP-PSOE. Ese votante-lacayo se horroriza con la posibilidad de dar una oportunidad al único partido que realmente está cambiando las cosas en todos aquellos lugares en los que ha sido influyente, y lo está haciendo en el sentido de las propuestas consideradas “de derecha”, sin extremismos ni complejos: reducción del Estado, menos impuestos, vida, familia, economía productiva… Se ve que la prensa subvencionada hace bien su trabajo.

En definitiva: no se trata solo de echar a Sánchez, sino de desterrar las políticas que han hecho posible a Sánchez. El antisanchismo a ultranza puede ser la mejor receta para perpetuar los males que nos aquejan. No olvidemos que Sánchez es el eslabón de una cadena muy larga que han ido urdiendo con metódica eficacia tanto el PP como el PSOE. Con diferente grado de responsabilidad, de acuerdo; pero sin que nunca hayamos visto una clara reversión de las políticas socialistas cuando el PP ha tenido la oportunidad.

Pero no traten de convencer al cuñado porque será inútil. El resto de los comensales se lo agradecerá.




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