La única postura lógica del PP y de Ciudadanos en la moción de censura sería la abstención

Hoy se ha iniciado en el Congreso el debate sobre la moción de censura presentada contra toda lógica por Vox contra el Gobierno socio-comunista. La opinión general es que se trata de una táctica populista y oportunista del partido de Santiago Abascal para atraer la atención de los focos sobre el partido, dar a conocer y potenciar a su candidato a las elecciones autonómicas en Cataluña- Ignacio Garriga- y poner en un brete al PP y a su Presidente, Pablo Casado, quien –haga lo que haga- lleva todas las de perder. Se dice que no se trata de un debate sobre la situación del Gobierno, sino sobre la situación de la oposición. 

La coyuntura es muy delicada para el PP,  y Casado deberá hacer frente a ella con determinación y liderazgo. Hasta ahora no lo ha ejercido cuando ha tratado de quitar importancia al tema y eludir pronunciarse, al afirmar que no debía dedicársele ni un minuto por tratarse de “cuestiones menores”, y centrarse –como ha hecho el PP- en cuestiones importantes como recurrir contra las decisiones inadecuadas adoptadas por el Gobierno, liderar la rebelión de los alcaldes contra las pretensiones incautadoras del Ministerio de Hacienda sobre los fondos municipales, ofrecer una contrarreforma educativa a la impresentable reforma de Isabel Celáa, presentar una propuesta para prevenir y acabar con las “okupaciones” o proponer la despolitización del poder judicial. Por supuesto que estos temas son muy importante, pero “lo cortés no quita lo valiente” y una moción de censura no es una bagatela, sino una cuestión asimismo importante que hay que considerar, pese a que sea una provocación de la competencia y constituya un torpedo dirigido contra la línea de flotación del PP. 

El principal partido de la oposición –si quiere seguir siéndolo- no se debe dejar atrapar en la celada que le han tendido de consuno el Gobierno bifronte y Vox. No debe seguir la corriente a la izquierda, a la extrema izquierda y a la extrema extrema izquierda. En la presente moción de censura hay dos elementos claramente diferenciados y que merecen tratamiento diferente. De un lado, la crítica al Gobierno por el catastrófico ejercicio de sus funciones gubernamentales y, de otro, su sustitución por un Gobierno de Vox con un programa igualmente disparatado.

Como ha señalado el editorial de hoy de “El Mundo”, titulado “Censura merecida, alternativa errónea”, los españoles padecen el peor Gobierno en el peor momento. “Sus muestras de negligencia, incompetencia, ocultamiento, inhibición, arbitrariedad, autoritarismo y falsedad merece sin duda la censura de la Cámara. Oponerse a la calamitosa gestión de Sánchez y al sectarismo  autoritario que patrocina es algo que ha hecho ya hasta Bruselas, donde acaban de reprobar el infame propósito de reforma judicial”. España es el país europeo  que peor ha  capeado la pandemia del Covid-19, tanto desde el punto de vista sanitario –acumula records de contagiados por habitante y de personal sanitario infestado-, como económico –presenta la mayor caída del PIB y más elevador incremento del paro-. Todo esto es cierto, dígalo Agamenón –la Unión Europea- o su porquero –Vox-, y el PP debe pregonarlo en sede parlamentaria y censurar por ello al Gobierno. Es obvio que la moción no puede prosperar, porque no cuenta con los votos necesarios y, por eso, el PP no la ha presentado, pese a tener suficientes motivos para ello, pero -ya que otra fuerza política lo ha hecho- debe aprovechar la ocasión para -en vez de acoquinarse y quitarle importancia al asunto- poner de manifiesto ante el Parlamento y ante la opinión pública, tanto nacional como internacional, los continuos errores cometidos por el Gobierno Frankesteiin.

Por otra parte, el PP no puede apoyar la candidatura de Abascal a la presidencia del Gobierno, no porque no sea viable al no contar con los escaños necesarios para lograrlo, sino porque esa posibilidad resulta inaceptable, ya que equivaldría a salir de Guatemala para entrar en Guatapeor. Casado debe criticar razonada y mesuradamente –sin entrar en el cuerpo a cuerpo para evitar malquistar a  algunos de sus votantes o ex-votantes  y el regodeo de los socio-marxistas- el débil programa de Gobierno de Vox, especialmente su propuesta de eliminar el Estado de las Autonomías. Una cosa es tratar de corregir las numerosos deficiencias del régimen autonómico vigente, y otra bien distinta tirarlo por los suelos. ¿Por qué lo sustituiría? ¿Pretender volver a implantar un régimen jacobino y centralista, ignorando los numerosos beneficios proporcionados por el Estado de las Autonomías y los derechos adquiridos?

El PP puede hacer sin desdoro ambas cosas, criticando a babor y a estribor, y exponiendo sus propuestas –si es que las tiene- sobre los temas criticados. Como ha observado Rafa Latorre,”una moción presentada por un grupo minoritario ofrece una de las escasísimas ocasiones en las que es fácil argumentar la razones de una abstención. Casado no puede decir no a la destitución de Sánchez, ni puede decir a la investidura de Abascal. La abstención no lo pondría, por tanto, en fuga, sino que lo situaría en un lugar perfectamente delimitado por la razón”. Estoy completamente de acuerdo con esta objetiva opinión y coincido con el pronunciamiento de Cayetana Álvarez de Toledo de “no al no”. 

Ignoro cuál será la decisión final de Casado, aunque la cúpula directiva del partido y los barones parecen pronunciarse –a mi juicio erróneamente- por el no. Casado, que ha optado por mantener un nivel bajo difícilmente comprensible ante un tema vital para el  país, ha afirmado que “nuestra postura quedó fijada hace semanas”. Me parece una respuesta poco acertada porque –por mucho que se haya adoptado una posición de principio- la situación puede cambiar y el auténtico estadista debe adaptar su política a las circunstancias, respetando siempre por supuesto sus principios básicos y, en política, una semana puede equivaler a un siglo. Casado tiene una magnífica oportunidad de hacer de la necesidad virtud y, si consiguiera descalificar al Gobierno, poner a Vox en su sitio y exponer claramente cuál es la política del PP en los temas principales que afronta la Nación en estos momentos críticos, haría un favor a la mayoría de los españoles, a la par que asentaría su liderazgo.

La opción por la abstención es asimismo aplicable a Ciudadanos, que sigue con su actitud ambigua y pastelera. Sus líderes denuncian con la boca chica que el Gobierno de Sánchez está llevando a cabo la peor gestión en Europa de la segunda ola del coronavirus, pero sigue apoyando a ese Gobierno. Edmundo Bal continúa con su mantra de que Ciudadanos hace “policía útil”, pero cabe preguntarse que para quién es útil ¿para la Nación o para el Gobierno? Inés Arrimadas ha puesto de manifiesto la inutilidad de una moción muerta antes de empezar a debatirse, ya que no tiene ninguna posibilidad de salir adelante. Es la misma política medrosa que practicó en Cataluña donde, a pesar de que su partido fue el más votado, renunció a presentar su candidatura a la presidencia de la Gdeneralitat como le correspondía. En la partida de póker que es la política, los jugadores no pueden limitarse a apostar cuando tiene asegurado el triunfo por contar con los cuatro ases. Arrimadas sabía que no obtendría los votos necesarios para sacar adelante su candidatura, pero perdió una  ocasión única e inmejorable –y probablemente irrepetible- de exponer ante el Parlament y ante la opinión pública que existía la posibilidad de llevar a cabo en Cataluña una política distinta a la realizada por los gobiernos nacionalistas y separatistas. 

El PSOE y Podemos no caben en sí de gozo  y aprovechan la ocasión que les brinda Vox para justificar la acción del Gobierno sin riesgos de sobresaltos, poner al PP en apuros, identificar al centro-derecha y a la derecha con Vox, y obtener  el reforzamiento de la alianza que les permitió acceder al Gobierno, tras una previsible victoria por goleada. Es poco habitual que en una moción de censura contra un Presidente de Gobierno, no sólo responda el interesado, sino también el presidente-bis, lo que pone de manifiesto que no hay un Gobierno sino dos en amor y discordia, y que el desorbitado ego de Pablo Iglesias no puede dejar la ocasión de chupar cámara.

La posición lógica del PP y de Ciudadanos ante la moción de censura interesada y partisanamente presentada por Vox sería la de la abstención, tras haber criticado motivadamente las múltiples deficiencias del Gobierno, pero mucho me temo que, en política, no siempre hay lógica.




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