La UCD desapareció víctima de su centrismo…

Por Alfonso García

¿Os acordáis los veteranos de Landelino Lavilla? Fallecido hace algunos meses, excelente y discreta persona, buen ministro con Suárez, presidente del Congreso en el momento de la irrupción de Tejero. Heredó los despojos de UCD cuando ya se habían apeado del barco, camino de destinos más seguros (unos AP, otros incluso el PSOE) casi todos los que gozaban de una cierta notoriedad en esa organización. Se prestó a ejercer de mascarón de proa de la nave, que él sabía condenada al hundimiento, en las elecciones generales de octubre de 1982. Eso sí, tuvo la elegancia de no basar su agónica campaña electoral en atacar, como un kamikaze, a la fuerza política emergente de un poco más a la derecha, que entonces encabezaba Fraga Iribarne. Se hundió con la gallardía de un capitán de fragata torpedeada de modo irreparable.

No sé si a Pablo Casado se le ha puesto, desde hoy, una cara tremenda de Landelino. Lo que parece casi seguro es que a las próximas elecciones tendrá que llevar el PP al frente a una especie de Landelino. Casado ha exhibido hoy una mala leche y una agresividad desesperada (representando un papel que, como bien le ha dicho Abascal, no se cree ni él) que, tal vez, le inhabilitan para la landelinez. La empresa privada y su formación profesional le ofrecerán oportunidades fuera de la política y su fechoría de hoy irá cayendo en el olvido, como él mismo. Yo creo que el actual presidente de la Junta de Andalucía, Moreno Bonilla, podría ser el Landelino perfecto; el perfil ideal para contemplar cómo la nave del PP se va a pique, pero con un capitán sonriente y bien educado asumiendo su destino y saludando militarmente hasta el último segundo.

Los próximos meses en el PP, como todo el período que fue de la dimisión de Adolfo Suárez a las elecciones del 82, serán un tristísimo escenario de abandonos callados o enfáticos, intrigas, puñaladas, traiciones, bandazos e implosiones. De entre los actuales dirigentes del PP surgirán promotores de nuevos micropartidos de orientación vagamente centrista y náufragos que se subirán al buque de otros partidos (muchos al de VOX). Aunque, si algo ha cambiado en la política entre principios de los ochenta y el presente, es el entramado de vínculos de obediencia ciega que encadenan a múltiples dirigentes ilustres y menos ilustres con lobbies variopintos. Hace cuarenta años, los políticos iban, en general, más por libre.

Quién vaya a ser ese Landelino del PP ya importa poco. Haría bien el máximo dirigente de VOX en ignorar al agonizante PP, en despedirlo con elegancia y sin hacer sangre y tratar de sobreponerse al cerco mediático y político, consiguiendo presentar a su organización como un proyecto de gobierno renovador y regenerador, y con un mensaje claro y concreto para los muchos millones de españoles horrorizados con lo de Sánchez-Iglesias y sus patibularios socios. Para ello necesita limar ciertos reflejos de histrionismo (a los que el propio Abascal no es ajeno), refinar mucho el sentido de la oportunidad en cada acción y en cada palabra y hacerse con algunos fichajes estrella: ahí todos tendemos a pensar en la misma dama.




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