La tostada de las nuevas religiones

Es tan frecuente, cuando ocurren ciertas cosas, que algunos se pongan a rajar de “las religiones” (así, en general) que ya a casi nadie llama la atención.

Lo curioso es que cuando un fanático de alguna secta o devoción cristiana protagoniza un acto de barbarie (sea en Noruega, en Murcia o en Sebastopol), a nadie le da por hablar de ‘las religiones’, así, al peso, sino que en tales casos cargan las tintas sobre su pertenencia más o menos imprecisa a dicha fe.

Menos aún les da por acordarse del Islam en particular cuando el zarrapastroso pertenece directamente a algún grupo musulmán, así que cuando un yihadista arremete, no con hechos aislados, sino con una secuencia interminable de cruel brutalidad, siempre surgen esos discursos sobre las esencias de las religiones y donde pesa lo mismo lo ocurrido hace 500 años en nombre de la Cruz y lo de nuestros días en nombre de Alá…

Cada atentado o amenaza de un terrorista islámico (en Gran Bretaña han elevado el nivel de alerta máxima para estos días por riesgo inminente de ataque islamista) distribuye su peso a lo largo de la superficie in extenso de “las religiones” y establece una especie de nivel de culpa que se prorratea en la meninge del zurdo descreído, que más que ateo o laico es decididamente, y sobre todo, anticatólico y, sólo en minúscula menor medida, anti cristiano…, a menos que se refieran al cura Bergoglio, en cuyo caso, por pura condescendencia y por afinidad ideológica comunistoide, le otorgan unas palmaditas en la espalda desde la superioridad moral auto otorgada que suelen gastar estos prendas, acérrimos de una falsaria igualdad que pregonan con tanto brío y desenfado como desvergüenza.

A mayor abundamiento, menos aún se atreve ninguno de ellos a mencionar ni acordarse en tales casos de la extrema fiereza de religiones tales como la de los incas, los aztecas o de los animismos africanos del pasado y el presente (representantes del mito del buen salvaje), pero son capaces, por el contrario, de acudir con devoción a cualquier aquelarre de campanitas, fetiches y tambores rapados al cero y disfrazados con una túnica azafrán para abrevar en la impostura permanente que les sostiene en pie.

El apasionado del Falcon, sin ir más lejos, acostumbra a felicitar las fiestas a la comunidad musulmana, aunque se niega a hacerlo con las festividades más propias de los cristianos en nuestro suelo. Y si salta una bestialidad humana en las noticias cometida por un mahometano ultra emparentado con el Satanás del Jahannam o la Gehena, el zurdo de salón extiende su prejuicio sectario como mantequilla sobre la tostada inmensa de las religiones en general para evitarse cargar la suerte y para no profundizar en la verdadera causa que explica tanta barbarie como vemos, también en forma de irrespeto y delitos contra las personas en general y contra las mujeres en particular por el mero hecho de considerarnos a todos infieles (kuffar, en plural; kafir en singular).

La explicación de todo esto, en realidad, no es muy compleja, pero surge del odio y el rencor social que pregona el comunismo, que es el último intento serio de la Humanidad por crear una religión potente y machirula capaz de competir hasta el exterminio del contrario con el resto de las religiones mayores para sustituirlas por su propio credo, con sus liturgias, preces en pancartas, sus cruzadas y su proselitismo, aunque a costa del erario público.

Por todo ello les advierto: atrévanse a extirpar la religión de la Historia y de la Prehistoria y se encontrarán el conjunto vacío. Atrévanse a extirparla de nuestras vidas y las verán renacer con una potencia descomunal.

Al final, alguien habrá de entender que ‘la religión’ es tal vez consustancial al género humano (comunismo, nazismo ¡y hasta el ateísmo!, ya digo, no son otra cosa, en cierto sentido, que religiones), aunque algunos, quizá, pretenden sustituirlas por otra diferente, llamada ‘cambio climático’, o ‘transición digital’, o veganismo, o vayusté a saber…

En Alejandría se daban de hostias por crear o sostener la suya propia y convirtieron la ciudad de los libros en un campo de batalla permanente entre las sectas. Hoy pretenden competir en esa pelea los adeptos de la nueva religión de aspiración global (el nazismo lo llamaba mundialismo y el comunismo internacionalismo) pero todas ellas de inspiración netamente socialista y en esa tarea les sirve incluso como aliado ocasional el lado más salvaje del Islam.

Oirán a muchos hablar de tolerancia, pero no se lo crean, porque la única verdadera tolerancia racional conocida a lo largo de la Historia derivó del Cristianismo.

He dicho.




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