La tormenta electoral perfecta: ahora es tarde…, señora

Otra vez nos toca bailar con la más fea… Me refiero a quienes llevamos años denunciando que muchos intereses cruzados, más la irresponsable actitud e inacción de otros, estaban poniendo en grave riesgo la democracia. ¿Saben lo que ocurrirá a partir de ahora? Déjenme que me ponga de nuevo el disfraz de augur que tengo en el armario y les adelante un poco lo que dicen las vísceras de las varias ocas que acabo de abrir en canal…

A algunos nos han acusado mil veces casi hasta de haber matado a Manolete un 29 de agosto de 1947 en la plaza de toros de Linares… Pues vale, señores, soy de la casta de Miura y me llamo “Islero”, si les parece, pero no somos nosotros, los denunciantes de lo que ha venido ocurriendo todos estos años, los culpables del estoconazo que le acaban de meter en las agujas a nuestro sistema electoral. Han sido ellos, “los malos”, y estaba anunciado por activa y por pasiva.

Hace falta haber sido muy decididamente ciego, y en el caso de los señalados haberlo sido por propia voluntad, para no adivinar hacia dónde nos encaminaba la dejación, la banalización y el ninguneo constantes que han hecho de nuestros avisos y advertencias, la insistente tergiversación realizada de cada uno de nuestros malditos hallazgos y comprobaciones…

Hay quienes se han limitado a incumplir la Ley habiendo sido designados y habilitados expresamente por la propia Ley: las juntas electorales en general. Otros quisieron sumarse al pacto de silencio, a la omertá pre existente sobre la manera de actuar desde las instituciones: las candidaturas de los partidos. Otros más ni siquiera se molestaron en ocultar que trabajan desde hace tiempo para retorcer la maquinaria electoral e implantar el voto electrónico, momento en el que podremos certificar la muerte efectiva de la democracia en España: Indra.

El resultado será el equivalente de Tezanos, pero esta vez no al frente de las encuestas al modo y manera que le plazca, aunque no le cuadren jamás las cifras de las mismas con el conteo y suma del voto registrado, sino como si le hubiesen elevado al cielo de los justos donde no haría falta ni celebrar las elecciones, con la de ahorro de dinero que eso supondría y todos los supuestos beneficios para luchar contra el cambio climático, porque él mismo se encargaría de ofrecer los resultados electorales sin necesidad de ir a votar: “¡Vote aquí, señora, en el botón de su antojo, que ya me encargo yo de decir después a quién ha correspondido la mayoría inapelable gracias a su impagable colaboración!”.

¿Impagable? Bueno, de momento parece que están pagando por tan entusiasta participación en el voto por correo, que ya lo dijo Sánchez hace tiempo, que el voto por correo sería la palanca necesaria para construir la democracia… Y acertó, claro. ¿Qué más necesitaban escuchar para encender todas las alarmas sobre un personaje que fue expulsado de su cargo de secretario general cuando le pillaron detrás de una cortina metiendo votos a mansalva en una urna…? ¿Nos lo quieren explicar? ¿A qué resortes éticos y morales pretendían apelar y en base a qué nos pedían confiar en las instituciones?

Ahora, ahí lo tienen, fiscalías y policías de media España destapando manipulaciones del voto por correo en pueblos y ciudades de Almería, de Huelva, de Zamora, de Murcia, de Melilla, de La Gomera… y esto acaba de empezar. Para los recalcitrantes, estas averiguaciones constituirán la prueba de que en España es imposible cometer fraude electoral porque los detectan, pero déjenme que les diga algo de adelanto: ninguno de esos votos podrá ser anulado por nadie, de tal modo que lo que se haya votado, mediante pago o no, llegará a las mesas correspondientes el día de las elecciones y, respetando la ley escrupulosamente como suelen hacer los presidentes y vocales de todas las mesas de España, los introducirán en la urna correspondiente como votos válidos emitidos.

Y cuando llegue el día del escrutinio general, que se habrá de celebrar esta vez cinco días después de cerradas las urnas en otra pirueta incomprensible realizada en el Congreso de los Diputados, con la anuencia idiotizada de los grupos parlamentarios, las juntas electorales no podrán revisar nada, ni un voto en el que no concurran algunas de las situaciones previstas en la norma. Y en todo caso, sobre esos votos por correo, a esa hora indistinguibles de cualquier otro voto emitido en una urna, nada tendrán que decir porque no les corresponde.

La autoridad competente en esta materia sólo es la Junta Electoral, con sus varias instancias para cada caso (de zona, provincial, autonómica o central) y en todos los casos las funciones de todas ellas vienen tasadas en la Ley. No es que no puedan corregir o anular un voto, ni siquiera por muy sospechosa o flagrante que les resulte alguna irregularidad previa, salvo aquellas papeletas limitadas que concurren en la norma expresamente, sino que, repito, a esa hora, entre los votos contabilizados ya se habrán incluido de forma indiferenciable las papeletas emitidas en abierta corrupción e introducidas en las urnas.

Sí, claro, pueden acudir si lo desean a la Justicia ordinaria y detectar o inculpar a quien sea por un delito de estafa electoral, pero eso supondrá el castigo incierto para los delincuentes, si es que llega el caso, pero la tropelía que hubiesen ejecutado permanecerá en la más absoluta impunidad porque no hay autoridad competente suficiente para anular ese registro de votos que, con toda limpieza, las mesas electorales habrán contabilizado, como uno más.

Así pues si suponemos que en Melilla, por citar un sólo caso, se lograra demostrar que fueron 10.000 papeletas corruptas las introducidas por una mafia de raíces aún por precisar, tengan por seguro que esos diez mil votos son imposibles de anular a posteriori y la suerte ya está echada. Dicho de otro modo, replicando el estribillo de aquella canción de Rocío Jurado: “Ahora es tarde…, señora”.

Sólo cabe una posibilidad: la interrupción inmediata de esta torcedura electoral antes de que se celebren los comicios, porque lo que viene detrás está tasado y sólo una decisión política adelantada o posterior podría abortar este proceso.

No hay opciones, señoras y señores, y todo lo que digan los misántropos que desde hace años huyen de la realidad y desconocen u ocultan que el sistema estaba sometido a graves riesgos y tensiones, a relámpagos y truenos que anunciaban una “tormenta perfecta”, reincidirán en minimizar la manipulación registrada. Y de paso quizás añadan que esto ha sucedido porque con nuestras denuncias hicimos tambalearse la pulcritud de las instituciones.

Pero no fuimos algunos los que sembramos las dudas, sino muchos otros desde lo institucional los que han venido poniendo en peligro con su pasividad, con su omisión y hasta con sus calumnias sobre lo que observábamos, que no era otra cosa que la fragilidad del sistema confesada por una Junta Electoral Provincial en 2015, la de Sevilla.

No han querido escuchar tampoco que desde hace años, la empresa colaboradora habitual de quien convoca y organiza las elecciones (o sea, del Gobierno) trabaja de manera torticera e incansable para que algún día se implante en España el voto electrónico, es decir, para asfixiar la transparencia y la trazabilidad del voto, para apagar para siempre el soporte de contraste que permita detectar irregularidades aún mayores realizadas en la oscura omnipresencia de una máquina sometida a la Inteligencia Artificial del algoritmo más favorable a su capricho.

Si no hay un papel de contraste, un acta firmada por tres “hombres buenos”, estaremos rendidos y completamente a ciegas frente al monstruo de una IA programada por filibusteros que no tendrán que responder ante nada ni ante nadie, salvo el día del Juicio Final… Pero a nadie importará si en el Cielo o el Infierno sólo entran quienes decida el algoritmo de Indra, apañado a gusto del mejor postor, como ahora en pueblos y ciudades de media España.

Ahora es tarde…, señores.

He dicho.




2 Comments

  1. M Reyes Fdz Loaysa dice:

    Qué bien conoces esta lucha inacabable, por la desidia de la administración electoral y la anuencia de partidos políticos. Una ley que quita controles al voto por correo, y la JEC se ajusta a ella para no intervenir las tropelías que provoca esa ausencia. Pero donde sí establece, esa misma Ley, un procedimiento bien preciso para el Escrutinio General, la misma JEC justifica la actuación de un elemento extraño en el seno de la misma: un empleado de la empresa que contrata el Gobierno para difusión de resultados. Y la JEC, lejos de hacer cumplir el mandato de la LOREG claro y directo a las JEP, de realizar el Escrutinio General según Ley, aprueba que la JEP copie los resultados.
    Qué maravilla de artículo, Arenzana domina en el relato y en los datos: eso es así.

  2. José Mª Arenzana dice:

    Un millón de gracias, Dª Reyes

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