La Sevilla de la Conquista Cristiana

Existen diversas maquetas de Ishbiliya en el Museo Histórico Militar, ubicado en La Plaza de España, que representan a la ciudad en el momento de su ocupación, regida entonces por el caíd andalusí Axataf, vasallo del centro de poder norteafricano. En base a estas imágenes, podemos realizar una aproximación a su estructura urbanística en aquel veintitrés de noviembre de 1248, festividad de San Clemente, cuando se producen las capitulaciones después de un prolongado asedio de quince meses por parte de las tropas cristianas, comandadas por el rey castellano leonés Fernando III. La antigua capital del imperio almohade se encontraba defendida por una imponente muralla, erigida por los almorávides a principios del siglo XII, y realzada y reforzada por los almohades con una cerca albarrana. En conjunto, constituía una de las mejores fortalezas del mundo occidental, con más de ocho kilómetros, doce puertas y un postigo; prácticamente impenetrable con los métodos de guerra de la época.

En dichas maquetas se puede observar claramente el recinto fortificado y algunas de sus puertas, con el baluarte adicional que partía desde la Torre del Oro hasta el Alcázar, situado en el lado sur; quedando englobado éste en un cercado que se abría al exterior a través de la Puerta de Jerez, según su denominación posterior. A la izquierda de dicha entrada, en sentido oeste, se visualiza con nitidez la Puerta del Arenal, y la de Triana con tres arcos; a la derecha, en sentido este, están definidas la Puerta de la Carne y la de Carmona, donde desembocaban los Caños de Carmona, un acueducto proveniente de Alcalá de Guadaíra que abastecía de agua al Alcázar. No se contempla aún el muro interior propio de la judería, pues sus sillares se levantaron décadas después, muy probablemente en el reinado de Alfonso X, ensalzado como “adalid” de la convivencia de las tres culturas…

Después de la conquista de los castillos de Alcalá de Guadaíra, Triana, Alcalá del Río y Aznalfarache, y a pesar de los numerosos enfrentamientos extramuros, el desenlace sobrevino mediante una rendición sin condiciones. El veintitrés de noviembre, Axataf entregó al rey Fernando la llave de la cabeza de al-Andalus, conservada hoy en la Catedral; por su parte, Garci Pérez de Vargas, valeroso caballero veinticuatro, subió a caballo las rampas del hermoso alminar almohade y, sobre las bolas del yamur que lo coronaba, alzó el estandarte real con la cruz y exclamó: “¡Dios Salve a Sevilla!”; el Alcázar fue apropiado y el monarca cristiano concedió un mes para la evacuación pacífica de los habitantes, consumándose ésta el veintidós de diciembre, fecha simbólica en la que efectuó su entrada triunfal el Rey en la tierra donde descansaría eternamente su alma. El grueso de ricos omes y tropas hispánicas, alemanas, italianas y francesas ocupará en principio la antigua Híspalis; estos contingentes, con la ayuda del rey granadino Muhammad ibn Alhamar, fueron los artífices principales de tal epopeya.

El poeta rondeño Abul Beka puso en boca del abatido caudillo musulmán unas dolorosas y sentidas palabras, versadas al poco de la partida de su pueblo hacia tierras africanas: “¿Dónde está Ishbiliya, ciudad magnífica, con sus delicias, dónde su río de puras, abundantes y deleitosas aguas, cómo se sostendrán las provincias si vosotras, que eráis su fundamento, habéis caído…?”.

 

Murallas de Sevilla.




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