La república de republiquetas es un circo

¡Pasen, pasen al fondo, que aún hay sitio! Acomódense para asistir al espectáculo de esta república de majaretas, república de republiquetas y republiquiñas, repetición de la anterior, de hace casi 90 años, que acabó por la tremenda.

Como España no tenía ya problemas suficientes, llega el circo del gobierno de Pedro Sánchez y abre sucursal de cuatro pistas en nuestras relaciones con Marruecos.

La situación es tan caótica, con la ministra González Laya ejerciendo de payaso en una rueda de prensa en Israel sin haberse enterado de nada de lo que sucedía en su entorno, que la cumbre bilateral prevista para el próximo 17 de diciembre y de la que Sánchez había descabalgado al Marquesito revolucionario para no liarla parda, ha sido aplazada por el país vecino sine die, al menos hasta finales de febrero.

No se alarmen demasiado, si no quieren, pero eso significa que nos quedan como mínimo dos meses y medio de invasiones de inmigrantes y a Marlaska otro tanto de poner cara de idiota y de seguir comiéndose marrones a destajo trasladando a un ejército de miles de piratas y delincuentes desde las Canarias a la península para soltarlos a sus anchas en las calles.

Cuando nos queramos dar cuenta habremos convertido España en una extensión de la Hammada saharaui ocupada por una tropa militante disfrazada, alojada en hoteles gratis y con una paga de 1.200 pavos mensuales.

Esto se veía venir y algunos hemos publicado hasta reportajes con meses de antelación advirtiendo de que la Base conjunta de Rota entraba en zona de peligro y que el Mando África gringo podría terminar instalándose en Alcazaseguir, cerca de Tánger.

Pueden creerlo, que todo esto comenzó a agravarse con la llegada a la Moncloa de Zapatero, después de los sucesos de Perejil, donde Aznar reaccionó con los reflejos necesarios y el apoyo imprescindible de George Bush jr. (¡la de chistes bobos que hicieron los zurdos en su ignorancia con aquellos helicópteros sobre el islote!) para marcarle la osadía y el territorio a Mohamed VI.

Hasta entonces, los gobiernos de Felipe González y de Aznar, no sin dificultades, se habían enrocado siempre en la posición de la ONU, parapetados tras la retórica del Plan Baker, que sostenía desde 1991 la celebración de un referéndum para el Sáhara.

Hasta que un día, con la necedad e ignorancia que le caracterizan, ZP decidió quedarse sentado al paso de la bandera norteamericana en un desfile y Moratinos se despertó ahíto de cuscús en un riad de Marrakech y dijo que “el Polisario tiene derecho a la autodeterminación”.

Ese mismo día, ante la bronca que montaron las autoridades de Marruecos, un noticiario de Canal Sur TV, cuando gobernaban en la Junta de Andalucía los socialistas, se vio obligado a proclamar para calmar las aguas que donde está el Polisario “campan a sus anchas los terroristas de Al-Qaeda”. Y se quedaron tan frescos, a pesar de las protestas de muchos colectivos de ese movimiento de acogida de niños saharauis auspiciado desde hacía años por la Junta de Manolo Chaves.

No pocas familias andaluzas se preguntaron entonces, perplejas, si a quienes estaban prestando cobertura solidaria en sus hogares y junto a sus hijos era a un pueblo oprimido o a los vástagos del terrorismo internacional.

El disparate fue tan grande que el ex vicepresidente norteamericano que auspiciaba el Plan de su mismo nombre, James Baker, presentó su dimisión y nos mandó a la mierda en plan: “Que os pique un pollo donde más os duela…”, mientras las artistazas al uso del zurdismo, como la ex de “Amistades peligrosas”, la cantante de Camela, Lola Herrera, Concha Cuetos, Ramoncín o Pilar Bardem se quedaban con cara de haba y ahora no sabían qué decir cuando les pedían su apoyo a la causa saharaui.

A partir de entonces, EE.UU., que había cerrado filas con Aznar en la cuestión de Perejil y en otras muchas decisiones relativas a la situación, comenzó a considerar la posibilidad de convertir a Marruecos en su socio estratégico, por delante de España.

Sólo el buen oficio de García Margallo logró frenar la deriva de la errática política socialista de los últimos casi 20 años en relación a Marruecos, tan preñada de matices siempre, todos ellos importantes.

Pero el Gobierno de “la nueva subnormalidad” ha tardado apenas 11 meses en ponerlo todo otra vez patas arriba y Donald Trump, toda vez que el Plan Baker quedó achicharrado hace años por la indigencia y el sectarismo inane del PSOE, anunció el otro día el pleno reconocimiento de la soberanía marroquí sobre los territorios del Sáhara Occidental a cambio del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Israel, cuarto país árabe en hacerlo en los últimos meses, después de Emiratos, Bahrein y Qatar, además de lograr acuerdos y mantener conversaciones con Líbano, Arabia Saudita o Sudán del Norte.

La ministra Laya, tan espesita y tan autista que no se entera salvo para ejercer de Reina Maga regalando millones a pelón a países periféricos, se quedó la otra tarde con cara de pasmo sin saber que el Marquesito por su cuenta había exigido la realización del referéndum en el Sáhara, a la vieja usanza y de acuerdo con la ONU (y con el Gobierno de Aznar), lo que provocó ser fulminado del viaje previsto por Sánchez a Marruecos.

Aunque de nada le ha servido al resiliente, pues ahora es a él al que han dejado sin paseíto en el Falcon por exigencias del guión del Rey de Marruecos, quien a su vez ha anunciado el acuerdo de compraventa a EE.UU. de una manada de aviones Lockheed Martin F-35, muy superiores a los Eurofighters Typhoon españoles.

Así, rodeados de republiquiñas y republiquetas por el norte y de inmigrantes, cazabombarderos y tráfico de drogas por el sur, a este gobierno de zombis y saltimbaquis les está quedando una España que es un despojo en el que vivimos atrapados por un virus “socialcomunista, bolivariano, soviético y totalitario”, que son los términos empleados por Sánchez para negarlo y que, ya lo saben, es su mejor manera de corroborarlo.

He dicho.




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